martes, 10 de agosto de 2010

07-AGOSTO ALONSO DE ERCILLA

ALONSO DE ERCILLA
Poeta


"No os desnudéis del hábito y costumbre que de nuestros abuelos mantenemos." Alonso de Ercilla

07-08-1533

Obra: La Araucana (poema épico)

Alonso de Ercilla y Zúñiga (Madrid, 7 de agosto de 1533- 29 de noviembre de 1594). Poeta español autor de La Araucana y soldado del ejercito real de España.

Alonso de Ercilla y Zúñiga (Madrid, 1533-Madrid, 1594). Sus padres Fortuño García de Ercilla, jurista del Consejo Real y Doña Leonor de Zúñiga, eran oriundos de Bermeo (Vizcaya). Sexto y menor de los hijos, cuando tenía apenas un año, muere su padre. Doña Leonor tratará de sacar adelante a su familia y se desplaza a los distintos señoríos en los que puede recibir rentas (Bermeo, Nájera, Bobadilla). La situación económica se agrava al ser despojada por una discusión sobre su patrimonio (1545), al tiempo que su hijo mayor muere en Madrid. Casi en la pobreza destina a su segundo hijo a la Iglesia y solicita el favor de Carlos V. El emperador la asigna al servicio de la infanta doña María (su hija recién casada con el rey de Hungría y Bohemia, Maximiliano II) y a su hijo don Alonso, como paje al servicio del príncipe Felipe en su viaje por otros estados del imperio. Desde Valladolid (1548) recorre Barcelona, Génova, Milán, Trento, Innsbruck, Munich, Ulm, Luxemburgo, Bruselas y Augsburgo. Regresa a España en 1551 y, reside en Valladolid, estancia decisiva, de acuerdo con la crítica, para la redacción de La Araucana pues le permite ser testigo presencial de las apasionadas confrontaciones entre Sepúlveda y Las Casas sobre el conflictivo tema de la guerra justa. Viaja a Viena para acompañar a su madre y hermanas en el séquito de Doña María y regresa al cabo de tres años como paje del príncipe, a quien acompañará a Inglaterra con motivo de su matrimonio con la reina María. Algunos autores (Medina) señalan que estuvo en Flandes, si bien habría llegado a Londres con el séquito del príncipe cuando se recibió la noticia del levantamiento de Hernández Girón en Perú y la terrible muerte de Valdivia en Chile a manos de los araucanos. Su educación sufrió los contratiempos de estos viajes. Se reduce a las lecturas de Virgilio y Lucano, la historia romana, la Iliada, la Biblia y los poetas contemporáneos, sobre todo Ariosto, pero también Dante, Petrarca, Bocaccio o Sannazaro, junto a Garcilaso, gracias a las clases impartida por el humanista Calvete de Estrella, quien sería cronista real. Sus lecturas dejaron clara impronta en su Araucana donde los guerreros actúan al modo de personajes de tragedia.
El príncipe Felipe, durante su estancia en Inglaterra, nombra a D. Andrés Hurtado de Mendoza virrey del Perú y a D. Jerónimo de Alderete, gobernador de Chile. Su objetivo principal era someter la insurrección de Hernández Girón. Ercilla, con licencia del príncipe, se enrola en las filas que parten desde Cádiz (1555) rumbo a Las Indias. Alderete muere de fiebres en la isla de Taboga y Ercilla continúa el viaje hasta Perú donde llega en 1556. Se hospeda en el palacio virreinal cuya sede es ocupada por el Virrey Andrés Hurtado de Mendoza. Según Medina, decidirá, tras la derrota de Hernández Girón, enrolarse en la expedición de castigo contra los araucanos al mando del hijo del gobernador de Chile, don García (febrero, 1557). Tras pasar por La Serena, llegan a Concepción el 28 de junio, después de haber sufrido una tempestad.A partir de este momento la biografía de Ercilla se completa con los datos que él mismo refiere en La Araucana.


Fragmentos de La Araucana de Alonso de Ercilla

" Mancháis la clara estirpe y descendencia,
y engerís en el tronco generoso
una incurable plaga, una dolencia,
un deshonor perpetuo, ignominioso.
Mirad de los contrarios la impotencia,
la falta del aliento y el fogoso
latir de los caballos, las ijadas
llenas de sangre, y de sudor bañadas.

No os desnudéis del hábito y costumbre
que de nuestros abuelos mantenemos,
ni el araucano nombre de la cumbre
a estado tan infame derribemos.
Huid el grave yugo y servidumbre,
al duro hierro osado pecho demos.
¿Por qué mostráis espaldas esforzadas
que son de los peligros reservadas?

Fijad esto que digo en la memoria;
que el ciego y torpe miedo os va turbando:
Dejad de vos al mundo eterna historia,
vuestra sujeta patria libertando.
Volved, no rehuséis tan gran vitoria;
que os está el hado próspero llamando.
A lo menos fijad el pie ligero:
veréis cómo en defensa vuestra muero.

En esto una nervosa y gruesa lanza
contra Valdivia, su señor, blandía;
dando de sí gran muestra y esperanza,
por más los persuadir, arremetía;
y entre el hierro español así se lanza,
como con gran calor en agua fría
se arroja el ciervo en el caliente estío
para templar el sol con algún frío.

De sólo el primer bote uno atraviesa,
otro apunta por medio del costado,
y aunque la dura lanza era muy gruesa,
salió el hierro sangriento al otro lado.
Salta, vuelve, revuelve con gran priesa,
y barrenando el muslo a otro soldado,
en él la fuerte pica fué rompida,
quedando un grueso trozo en la herida.

Rota la fiera asta, luego afierra
del suelo una pesada y dura maza.
Mata, hiere, destronca y echa a tierra,
haciendo en breve espacio larga plaza.
En él se resumió toda la guerra;
cesa el alcance y dan en él la caza.
Mas él aquí y allí va tan liviano,
que hieren, por herirle, el aire vano. "

El Poder de la Palabra

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