sábado, 14 de agosto de 2010

14-AGOSTO EDUARDO MALLEA

EDUARDO MALLEA
Escritor

"Partir... no quedarse en nada, destino, situación ni sentimiento: partir, partir... Irse a ser otra cosa sin haber llegado a ser bien la primera. Ser extranjero sin haber sido todavía algo. Pensamos a nuestra capital en términos de universalidad, lo que estaba muy bien, pero creímos que la universalidad era sinónimo de extranjerismo, lo que estaba muy mal. Porque para alcanzar la universalidad no es menester ser rico en disparidad, sino ser rico en la unidad... Nosotros pensamos a la inversa, que bastaba con que nos pareciéramos a Europa para ser casi europeos; con lo cual quedábamos siendo casi argentinos y muy poco europeos." Eduardo Mallea

14-08-1903

Obras: La bahía del silencio - Todo verdor perecerá - Las Águilas - La torre

Eduardo Mallea (14 de agosto de 1903, Bahía Blanca, Argentina - † 12 de noviembre de 1982, Buenos Aires

Escritor y diplomático argentino, destacado por el carácter psicológico y existencialista de sus obras. Nacido en Bahía Blanca en el seno de una familia liberal y provinciana adoptó una actitud crítica ante esta sociedad decadente y acomodaticia.

Eduardo Alberto Mallea era hijo de Narciso Segundo Mallea y de Manuela Artiria. Su padre –nacido en San Juan y descendiente de Sarmiento– era médico y realizó sus estudios en Buenos Aires. Una vez recibido, ejerció su profesión en Benito Juárez y Azul (Buenos Aires) (provincia de Buenos Aires) trasladándose luego a Bahía Blanca –a la sazón, la ciudad más importante del sur argentino– ubicada a unos 680 kilómetros de la capital federal. Fue de su padre de quien recibió la mayor influencia para inclinarse, definitivamente, por la literatura. Como describe Óscar H. Villordo: "El padre vivía manejando enciclopedias, diccionarios y libros. Los había leído todos. Los releía. Era amigo de Manuel Láinez, tío abuelo del novelista Manuel Mujica Láinez".

Marchó joven a Buenos Aires y se adhirió al grupo martinferrista.

Fue amigo del escritor argentino Ricardo Güiraldes y del mexicano Alfonso Reyes. Su primera colección de relatos breves, Cuentos para una inglesa desesperada (1926), tenían un tono más bien ligero, que cambió en otros cuentos más profundos, como los de Nocturno europeo (1934).

Durante la década de 1940 se sitúa su principal producción centrada en problemas nacionales y presentando a unos individuos categorizados entre lo visible -falsos valores, vida social- y lo invisible -la vida interior-.
Mallea se enfrenta en todas sus obras con el doble imperativo de incorporar a su temática la crisis espiritual de nuestros días y de modernizar, al mismo tiempo, la técnica narrativa para adecuarla al nuevo contenido.

A partir de la mitad de la década de 1950, en cambio, se centró en el ensayo y en el relato breve. Entre sus obras narrativas destacan, además, La barca de hiel (1967) y Gabriel Andoral (1971).

Mallea está considerado como el creador de la novela urbana que hasta él pocos autores latinoamericanos habían cultivado. Muy pegado al ensayo ya que se extiende en demasiadas consideraciones filosóficas y sociológicas su obra es un testimonio de denuncia de la vaciedad y frustración en la que la sociedad -el peronismo- hunde al individuo.

http://es.wikipedia.org/wiki/Eduardo_Mallea


Fragmento de "La ciudad junto al río inmóvil" de Eduardo Mallea

Ella no dijo nada; el sabor del whisky era agradable, fresco y con cierto amargor apenas sensible; el salón servía de refugio a la huida final de la tarde; entró un hombre vestido con traje de brín blanco y una camisa oscura y un pañuelo de puntas castaño saliéndole por el bolsillo del saco - miró a su alrededor y fue a sentarse al lado del mostrador y el patrón levantó los ojos y lo miró y el mozo vino y pasó la servilleta sobre la mesa y escuchó lo que el hombre pedía y luego lo repitió en voz alta; el hombre de la mesa lejana que oía al que hablaba volublemente volvió unos ojos lentos y pesados hacia el cliente que acababa de entrar; un gato soñoliento estaba tendido sobre la trunca balaustrada de roble negro que separaba dos sectores del salón, a partir de la vidriera donde se leía, al revés, la inscripción: Café de la Legalidad; ella pensó: ¿por qué se llamará café de la Legalidad? - una vez había visto, en el puerto, una barca que se llamaba Causalidad; ¿qué quería decir Causalidad, por qué había pensado el patrón en la palabra Causalidad, qué podía saber de Causalidad un navegante gris a menos de ser un hombre de ciertas lecturas venido a menos?; tal vez tuviera que ver con ese mismo desastre la palabra Causalidad; o sencillamente habría querido poner Casualidad -es decir, podía ser lo contrario, esa palabra, puesta allí por ignorancia o por un asomo de conocimiento-; junto a la tintorería, las puertas ya cerradas pero los escaparates mostrando el acumulamiento ordenado de carátulas grises, blancas, amarillas, con cabezas de intelectuales fotográficos y avisos escritos en grandes letras negras.
(...)
Estuvieron allí un rato más y luego salieron; echaron a andar por esas calles donde rodaban la soledad, la pobreza y el templado aire nocturno; parecía haberse establecido entre los dos una atmósfera, una temperatura que no tenía nada que ver con el clima de la calle; caminaron unas pocas cuadras, hasta el barrio céntrico donde ardían los arcos galvánicos, y entraron en el restaurante. ¡Qué risas, estrépito, hablar de gentes! Sostenía la orquesta de diez hombres su extraño ritmo; comieron en silencio; de vez en cuando cruzaba entre los dos una pregunta, una réplica; no pidieron nada después del pavo frío; más que la fruta, el café; la orquesta sólo se imponía pequeñas pausas. Cuando salieron, cuando los recibió nuevamente el aire nocturno, la ciudad, caminaron un poco a la deriva entre las luces de los cinematógrafos. Él estaba distraído, exacerbado, y ella miraba los carteles rosa y amarillo - habría deseado decir muchas cosas, pero no valía la pena, callaba. -Volvamos a casa -dijo él-. No hay ninguna parte adonde ir.

http://riie.com.ar/?a=31049

No hay comentarios:

Publicar un comentario