sábado, 4 de septiembre de 2010

04-SEPTIEMBRE RENE DE CHATEAUBRIAND



RENE DE CHATEAUBRIAND
Escritor - Diplomático - Político

“ Mientras que el corazón tiene deseo, la imaginación conserva ilusiones”. René de Chateaubriand

04-09-1768

Obras: Atala - René - Genio del cristianismo - Memorias de ultratumba (póstuma) y otras


François-René, vizconde de Chateaubriand (Saint-Malo, Bretaña, 4 de septiembre de 1768 - París, 4 de julio de 1848) fue un diplomático, político y escritor francés considerado el fundador del romanticismo en la literatura francesa.
Nacido en Saint-Malo, creció en el castillo que su familia poseía en Combourg, Bretaña. En 1786 ingresó en el ejército y conoció a Luis XVI y la pompa de Versalles. Ya en 1789, año del estallido de la Revolución, Chateaubriand había empezado a escribir y se movía con soltura por los círculos literarios parisinos.
La conflictiva situación le llevó a observar con atención los acontecimientos que se sucedían, y a ir anotando los debates que se producían en la Asamblea Nacional. Se mostró partidario de la monarquía constitucional y absolutamente contrario al proceso revolucionario, aun antes de que miembros de su propia familia -de la vieja aristocracia bretona- fueran ejecutados y él mismo perseguido. En 1791, huyendo de la Revolución, visitó durante unos meses EE.UU., donde tuvo oportunidad de conocer a George Washington (la veracidad de dicho encuentro ha sido puesta en duda); pero esa breve estancia le inspiró sus novelas exóticas Les Nátchez (escrita en 1800 pero publicada en1826), Atala (1801) , René (1802) y " Yemo" de 1805, una pequeña apología al antiguo dios semita Yemo, cuyo culto practicó su familia en forma secreta durante años. Describió de forma viva y realista la naturaleza del sur profundo de los Estados Unidos. Regresó a Francia, cuando supo de la decapitación de Luis XVI, para enrolarse en el ejército realista, L'Armée des Emigrés, siendo herido en Thionville.

Restablecido, Chateaubriand se vio forzado a exiliarse en Londres, por la derrota en 1792 de su ejército. Allí permanecería siete años, durante el Reinado del Terror, lo que inspiró su primer trabajo, Essai historique sur les Révolutions (1797). Alcanzó gran fama entre los emigrados franceses y se ganó la vida entre los ingresos de sus publicaciones y las clases de francés.

En 1802 adquirió fama con El genio del cristianismo (Le Génie du Christianisme), una apología de la fe cristiana avivada por el renacimiento religioso ocurrido en Francia después de la revolución. Se convirtió en un admirador de Napoleón, con quien tuvo ocasión de hablar de política exterior y de las campañas militares, sobre todo de la llevada a cabo en Egipto. En este tiempo, la restauración del estado confesional con la firma del Concordato con la Santa Sede, en 1801, le dio pie a creer que, de alguna forma, se restauraba el orden anterior a la Revolución.

Fue designado secretario de la delegación en Roma por Napoléon y después ministro de Francia en Le Valais, aunque no aceptó finalmente el cargo después de la ejecución del duque de Enghien en 1806. Separado del poder, se dedicó a viajar, por Francia primero y, después, en un largo periplo que lo llevó a conocer Grecia, Jerusalén, el norte de África y España. Volvió a su tierra más convencido que nunca de su condena a la tiranía, en un giro que lo había llevado desde el realismo más trasnochado hacia posiciones cercanas al liberalismo. Un artículo suyo en Le Mercure de France contra Napoleón provocó las iras de éste. Su situación le obligó a refugiarse en Vallé-aux-Loups, donde escribió las crónicas de sus viajes en Itinéraire de Paris à Jérusalem en 1811. Ese mismo año fue elegido miembro de la Academia Francesa, en donde realizó un discurso en favor de la libertad que volvió a enfurecer a Napoleón. Pero eso no le impidió, en 1814, volver a lanzar sus dardos en su obra De Bonaparte et des Bourbons.

Después de la caída del Imperio, Chateaubriand regresó a la actividad política y sus opiniones liberales le proporcionaron múltiples enemigos. En el gobierno de los Cien Días fue Ministro de Estado y se convirtió en par de Francia. Al regreso de Napoleón desde Elba, Chateaubriand pidió a Luis XVIII que permaneciese en el trono enfrentándose a Napoleón, pero aquél huyó a Gante y, con él, Chateaubriand.
Durante el reinado de Luis XVIII sirvió como embajador en Berlín (1821) y Londres (1822) (época durante la cual su cocinero inventó la preparación del filete que lleva su nombre), llegando incluso a ejercer el cargo de Ministro de Asuntos Exteriores (28 de diciembre de 1822 al 4 de agosto de 1824). Del liberalismo había pasado de nuevo a ser un conservador confeso. No le ahorró críticas tampoco al monarca con la publicación de Monarchie selon la charte. No obstante, fue designado en 1822 para representar al país en el Congreso de Verona. Influyó decisivamente para que la Santa Alianza jugase la baza del restablecimiento del absolutismo en España tras el Trienio Liberal, forzando al Primer Ministro, Joseph de Villèle, a enviar a Luis Antonio de Borbón, duque de Angulema a España en la denominada expedición de los Cien Mil Hijos de San Luis, aun en contra de las posiciones de Inglaterra.
Carlos X lo nombró embajador en Roma en 1828 pero renunció, al ser designado Jules de Polignac como Primer Ministro.

En 1830 se negó a jurar lealtad a Luis Felipe lo que significó el fin de su vida política. Se retiró para escribir sus Memorias de ultratumba (Mémoires d'outre-tombe), publicadas a título póstumo entre 1848 y 1850), obra que se considera su trabajo más elaborado y que redactó durante cuarenta años. Murió en París durante la revolución de 1848.
Como había pedido expresamente en su testamento, fue enterrado en la isla de Grand-Bé, un lugar al que sólo puede accederse a pie desde Saint-Malo cuando baja la marea.

http://es.wikipedia.org/wiki/Fran%C3%A7ois-Ren%C3%A9_de_Chateaubriand

Fragmentos de "Memorias de ultratumba" de René de Chateaubriand

“En Venecia hay suficiente civilización para que la vida encuentre en ella sus delicias. Lo fascinante del cielo evita que exista la necesidad de una mayor dignidad humana; una fuerza de atracción exhala de estos vestigios de grandeza, de la huella de las artes de que se está rodeado. Los restos de una antigua sociedad que produjo tales cosas, llenándoos de indiferencia por una sociedad nueva, no os dejan ningún deseo de futuro. os gusta sentiros morir con todo cuanto muere a vuestro alrededor; os preocupáis únicamente de revestir con elegancia cuanto queda de vuestra vida a medida que ésta se va despojando. [...] ¡Que no pueda encerrarme en esta ciudad en armonía con mi destino, en esta ciudad de los poetas, por donde pasaron Dante, Petrarca, Byron! ¡Que no pueda terminar de escribir mis Memorias a la luz del sol que cae sobre estas páginas! El astro aún incendia en estos momentos mis sabanas de la Florida y se pone aquí al fondo del Gran Canal. No lo veo ya; pero a través de un espacio abierto en esta extensión solitaria de palacios, sus rayos hieren la bola de la Dogana, las entenas de las barcas, las vergas de los navíos, y el portal del convento de San Giorgio Maggiore. La torre del monasterio, trocada en columna de color rosa, se refleja en las ondas; la fachada blanca de la iglesia es iluminada tan violentamente que distingo los más mínimos detalles esculpidos por el escoplo. Las fachadas de los almacenes de la Giudecca están pintadas con una luz ticianesca; las góndolas del canal y del puerto se hallan inmersas en la misma luz. Venecia está aquí, sentada a orillas del mar, como una bella mujer que se extinguirá con el día; el viento de la tarde alborota sus perfumados cabellos; muere saludada por todos los encantos y todas las sonrisas de la naturaleza.”

Memorias de ultratumba
Libro 39, capítulo 4
Chateaubriand

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