sábado, 2 de octubre de 2010

01-OCTUBRE ALONSO DEL CASTILLO SOLORZANO


“Heme vuelto a Madrid desconocida,
de castañera en dama convertida,
que por amores no soy la primera
que de baja subió a mayor esfera.”
Alonso de Castillo Solórzano..

Alonso del Castillo Solorzano
Escritor

01-10-1584

Obras: Los amantes andaluces - Tardes entretenidas - Los alivios de Casandra - Las Harpías en Madrid - Donaires del Parnaso y otras

Alonso de Castillo Solórzano (Tordesillas, Valladolid, 1 de octubre de 1584 - ¿Zaragoza, 1648?), escritor español del Barroco, perteneciente al Siglo de Oro.

LA VOZ DE UNA PICARESCA MUY PECULIAR

Entre los más interesantes novelistas del siglo XVII debe contarse a Alonso de Castillo Solórzano, nacido en Tordesillas, provincia de Valladolid, donde su padre era camarero del duque de Alba. Fue Solórzano gentilhombre del marqués del Villar, y luego maestresala del marqués de los Vélez y de su hijo don Pedro, virrey de Aragón, capitán general de Cataluña, embajador en Roma y virrey Sicilia, y a todas estas partes parece que le acompañó. Movióse mucho entre la academias literarias de Madrid, donde gozaba de general estima, siendo amigo de los notables ingenios de la corte. Murió en Zaragoza en 1648.

Para encontrar un panorama de la vida española de aquel tiempo, más rico y vario del que nos brinda el conjunto novelesco de Solórzano, habría que pensar –salvadas distancias de toda índole- en la obra cervantina.

Cultivó Solórzano la poesía jocoso-satírica (su producción poética fue reunida en Donaires de Parnaso, publicada en 1624) la comedia, el entremés, el cuento y la novela, pero es en estos dos últimos géneros en los que sobresale. Con frecuencia ambos andan mezclados, pues gusta intercalar narraciones cortas en sus novelas más largas, costumbre que sigue también con sus entremeses. Entre sus cuentos o relatos breves sobresalen: Tardes entretenidas (1625), Jornadas alegres (1626), Tiempo de regocijo y carnestolendas de Madrid (1627) y Noches de placer (1631). Solórzano tenía gran facilidad para este género literario. En estos libros traza un retablo variadísimo de la bulliciosa vida ciudadana, con su adversidad de gentes, sus aventuras y placeres, fiestas, modas, discreteos de damas y galanes, ardides de toda ley. Solórzano es un maestro indiscutible, ameno, lleno de ingenio y gracia, dueño del secreto de interesar entretener. La novela en sus manos se urbaniza , convirtiéndose en recreo cortesano.

La plenitud del arte de Solórzano está representada, sin embargo, por sus cuatros novelas picarescas, todas ellas de regular extensión, tres de las cuales están protagonizadas por personajes femeninos: Las harpías de Madrid (1631), La niña de los embustes, Teresa de Manzanares (1632), La garduña de Sevilla (1647); El bachiller Trapaza (1637), su otra novela picaresca, es una afortunada creación, con rasgos muy peculiares que definen no sólo el arte de Solórzano, sino el nuevo estilo de la época. Trapaza no es un pícaro roto y arrastrado, víctima de mil percances, sino un trapisondista vividor de lo más agudo, tan falto de escrúpulos como fértil de ardides. Teresa de Manzanares, la niña de los embustes, es algo asís como un Trapaza femenino. Teresa no es un pícaro hembra, sin más, a pesar de sus artes para sacar provecho de los hombres. Teresa es otra creación muy feliz en la que se encarna un tipo de mujer de todo tiempo y lugar. Nacida en la pobreza, esta mujer tiene el deseo de evadirse de su condición, y pone para ello cuantos medios están en su mano, honestos mientras puede.

Solórzano no rehuye el adoctrinar, y al cabo de cada acción que lo merece, destila su gota de saludable moraleja y cauto aviso; pero evidentemente nunca es ésta su mayor preocupación, y menos ocupado en moralizar, tiene más campo para contar sucesos y mover la aventura, por lo que sus novelas exceden en amenidad a cualquier otro libro picaresco.

En El bachiller Trapaza, en uno de los entremeses que se incluyen, llamado de la Castañera, se alude a una moza de Ecija, que es sacada de vender castañas por un mercader rico, que se larga luego a las Indias pero la deja bien acomodada; y la joven marcha entonces a Madrid dispuesta a casar bien, “a valer más”. Dice la castañera: “Tengo mi casa así bien alhajada, / soy bien vista, aplaudida y visitada, / y porque de casarme tengo intentos, / llueven en esta casa casamientos”.

http://foros.hispavista.com/demo_board/3/742458/m/alonso-de-castillo-solorzano-por-francisco-arias-solis/

Fragmento de "Las harpías en Madrid" de Alonso del Castillo Solorzano

Granada y Córdoba no niego que no son muy buena ciudades; aquella, ilustrada con tantos moradores, Real Chancillería y concurso de negociantes; y ésta poblada de antiguas casas de nobles caballeros y ricos ciudadanos; mas en comparación de Madrid, corte del español monarca, cada una de estas ciudades es una aldea, ¿qué digo aldea?: un solitario cortijo. Es Madrid un maremagno donde todo bajel navega, desde el más poderoso galeón hasta el más humilde y pequeño esquife; es el refugio de todo peregrino viviente, el amparo de todos los que la buscan; su grandeza anima a vivir en ella, su trato hechiza y su confusión alegra. ¿A qué humilde sujeto no engrandece y muda de condición para aspirar a mayor parte? ¿Qué linaje obscuro y bajo no baptizó con nuevo apellido para pasar plaza de noble? Finalmente, Teodora, la corte es el lugar de los milagros y el centro de las transformaciones.

http://es.wikipedia.org/wiki/Alonso_de_Castillo_Sol%C3%B3rzano

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