martes, 5 de octubre de 2010

05-OCTUBRE JOSÉ DONOSO


"Dios se vale muchas veces de los débiles para abatir a los poderosos."
José Donoso. Escritor, profesor, periodista

05-10-1924

Obras: Coronación - El lugar sin límites - Este domingo - Casa de campo - El jardín de al lado y otras

José Donoso Yáñez, (Santiago, Chile, 5 de octubre de 1924 - ibídem, 7 de diciembre de 1996) fue un escritor, profesor y periodista chileno.

Hijo del médico José Donoso y de Alicia Yáñez, sobrina del periodista Eliodoro Yáñez, fundador del diario "La Nación". Hizo sus estudios en el Liceo José Victorino Lastarria, luego estudió en la Universidad de Chile y posteriormente, merced a una beca, se trasladó a cursar filología inglesa en la Universidad de Princeton, experiencia tras la cual publicó sus dos primeros cuentos en lengua inglesa: The blue woman y The poisoned pastries (entre 1950 y 1951). Procedente de una familia acomodada, durante su juventud trabajó no obstante como obrero y oficinista, mucho antes de desarrollar su actividad literaria y docente.
En 1957, mientras vivía con una familia de pescadores en Isla Negra, publicó su primera novela, Coronación, en la que realizó una magistral descripción de las clases altas santiaguinas y de su decadencia. En 1961 contrajo matrimonio con María del Pilar Serrano. En 1963 Coronación fue publicada en los Estados Unidos por primera vez por Alfred A. Knopf.

Más tarde se trasladó a España, donde residió entre 1967 y 1981. Allí publicó El obsceno pájaro de la noche (1970), considerada una de sus mejores novelas y, ciertamente, la de mayor aliento y ambición literaria. En 1972 publicó el ensayo Historia personal del boom y en 1973 las narraciones Tres novelitas burguesas. A raíz del golpe de Estado de Pinochet (1973), se consideró exiliado en España (aunque había abandonado su país antes de 1973).
En 1978 publicó Casa de campo, novela que se ha leído como metafóricamente crítica hacia la dictadura chilena, y con la que obtuvo el Premio de la Crítica en 1979. Su novela erótica La misteriosa desaparición de la marquesita de Loria (1979) demostró, para algunos incondicionales, que dominaba todos los registros literarios con igual maestría. El jardín de al lado (1981) vino a confirmarlo como uno de los autores más brillantes de la literatura chilena de la segunda mitad del siglo XX.
Como periodista, trabajó en la revista chilena Ercilla (1960-65) y colaboró en la mexicana Siempre. Fue miembro de la Academia Chilena de la Lengua.

En 1981, tras su regreso a Chile (tenía entonces 57 años), creó un taller literario en el cual participaron, en un primer periodo, escritores como Darío Oses, Carlos Iturra, Marco Antonio de la Parra, Sonia Montecino, Eduardo Llanos, Carlos Franz, Marcelo Maturana, Roberto Rivera, Roberto Brodsky y, muy fugazmente, Jaime Collyer, Gonzalo Contreras, Jorge Marchant, entre otros. En ciclos posteriores asistieron Arturo Fontaine Talavera, Alberto Fuguet, Ágata Gligo, entre otros.
Murió en 1996, en su casa de Santiago de Chile. En su lecho de muerte, según se dice, pidió que le leyeran poemas de Altazor de Vicente Huidobro.

http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Donoso

Fragmentos de "Este domingo" de José Donoso

... este domingo, este olor a domingo, a domingo en la mañana pero no muy temprano, cuando las sirvientas están atareadas en la casa, una limpiando el salón con un trapo amarrado en la cabeza, otra atendiendo a mi madre, (...) otra canturreando en la cocina al destapar el horno para ver cómo están las empanadas, y entonces, en ese momento, este olor a domingo en la mañana pero no muy temprano se pone a circular lentamente por la casa desde el fondo del patio de la cocina, galerías y corredores, escurriéndose por los intersticios debajo de las puertas para entrar a las habitaciones cerradas donde aún no terminamos de despertar -se cuela por debajo de mi puerta hasta mi dormitorio caldeado por la mañana de verano, cerradas las persianas, corridas las cortinas, la sábana casi tapándome la cabeza y el olor a masa apenas dorándose vence a los demás olores calientes de mi cuarto y llega a mi nariz y desde allí manda comunicaciones hasta el fondo de mi sueño tibio de cosas apenas húmedas sudadas y pegajosas en sábanas que son como extensiones de mi piel donde trozos míos despiertan, de oscuridades húmedas allá abajo entre las piernas, y el olor a masa dorándose despierta entre mis piernas como un puño, el olor escarbándo en mi memoria amodorrada en busca de memorias que no existen, y ahí inventa roces y olores: esa masa blanca dorándose en el horno como una piel que no conozco, ese olor caliente a domingo en la mañana acariciendo mi sexo que aprieto entre mis manos porque va a reventar. Pero no. No, no, no...
(...)
Ha abierto el horno.
Echo las sábanas hacia atrás y me obligo a abrir los ojos de par en par. Las dos hojas de la cortina se agitan un poco, se buscan, se evitan, siluetas que se separan y se rozan y se acarician suspendidas en el calor. No. No: estiro los brazos, las piernas, los dedos. Sé que es malo hacerlo solo aunque el deseo duela. Es tan fácil hacerlo solo y es malo, porque soy flaco y chico y de caja enclenque, y me puedo quedar siempre así, dicen, si lo hago solo con mis manos que flexiono para que me duelan los dedos y así no manosear la sábana manchada de transpiración caída junto a mi cama como el vestido que se despojó mi sueño. Hoy no hay ruidos. (...) ... para no amenazar el calor de mi cuerpo flaco tirado en la sábana sudada, pensando en otras cosas, buscando en la memoria cosas frías sin olor, lisas, duras, rechazantes, inventándolas para que eso se aplaque porque yo no quiero ser siempre flaco y chico y pálido. Tengo hambre.
(...)
Está en el fondo de la casa y no lo va a oir. Se queda tieso, sin respirar, sin rozar nada para que su cuerpo tendido no produzca ruido, y así poder oirla (...) en el fondo de la casa moviéndose, arreglando cosas, tal vez lavando, limpiando cosas, ella que es tan limpia. Tan limpia, que una vez entré a su pieza y vi las sábanas almidonadas como las de las lavanderas en el campo, y cuando la oí venir por el pasillo salí corriendo porque tiene ese olor a limpia que no es jabón sino a piel, a sábana, a empanada dorándose. Y entonces Álvaro huyó. Y se escodió en la pieza del baño y lo hizo, sí lo hizo solo, y el cura le dijo en la confesión que era pecado, el peor de todos, menos el peor de todos, pero qué iba a hacerle, cómo evitarlo, si eso que quemaba entre las piernas poseía una autonomía aterradora. Evita los malos pensamientos. No te pongas en el camino del mal. Sé puro. Sé limpio. Qué diría tu madre si lo supiera. Porque si sigues haciéndolo, ya sabes, te quedarás chico, enclenque, sin fuerza, no podrás tener hijos, un monstruo, un ser asqueroso, esa es la pena por lo que tú, a veces, pero muy rara vez porque tienes miedo, haces solo en tu cuarto, un domingo en la mañana cuando hace mucho calor y en el fondo de la casa ella abre el horno para ver si las empanadas...No. No. Salta de la cama y entra al baño. La ducha fresca, fuerte, para separarlo del pegajoso día de verano, de este olor a domingo en la casa, solo todo el día, (...) todo el día encerrado sin otra cosa con qué divertirse que esos juegos solitarios, esos malos pensamientos, esas cosas oscuras que suceden dentro de él (...).
Hay que alejar lo que dicen sus amigos en el colegio, ya tienes dieciséis años, hombre, ya es tiempo que vayas a putas, pues Álvaro, hasta cuándo, yo conozco una re buenas que te hacen de todo... ¿Qué será "de todo"? Ése es el miedo, imaginándome un cuerpo con camisa de dormir y yo subiendo mis manos por sus piernas hasta el vientre, un cuerpo limpio, limpio... ¿y entonces, qué más, por Dios, qué más? ¿Qué sucede en ese abrazo oculto, en ese calor como el de la silueta de dos cuerpos apenas rozándose, bailando en el aire de las cortinas?

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