sábado, 9 de octubre de 2010

09-OCTUBRE IVO ANDRIC



IVO ANDRIC
Escritor

09-10-1782

Obras: Un puente sobre el Drina - La crónica de Travnik - El lugar maldito - Café Titanic y otras

Ivo Andrić (Dolac, Bosnia, 9 de octubre de 1892 - Belgrado, 13 de marzo de 1975) fue un escritor yugoslavo que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1961 "por la fuerza épica con la que ha reflejado temas y descrito destinos humanos de la historia de su país".

Ivo Andrić nació el 9 de octubre de 1892 en Dolac na Lašvi, cerca de Travnik, en Bosnia-Herzegovina, entonces parte del Imperio otomano. Sus padres, Antun Andrić y Katarina Andrić (de soltera Pejic), eran croatas católicos y residían en Sarajevo: el nacimiento de su hijo tuvo lugar en Dolac porque se encontraban visitando a unos parientes. Andrić fue bautizado con el nombre de Iván, con cuyo diminutivo, Ivo, sería conocido. Su padre murió cuando el futuro autor tenía sólo dos años: como su madre carecía de recursos para mantenerlo, fue educado por su familia materna en Višegrad, a orillas del río Drina, lugar en que se encuentra el famoso puente otomano Mehmed Pasa Sokolovic que luego daría título a una de sus más conocidas novelas, Un puente sobre el Drina.
Realizó sus estudios secundarios en Sarajevo. Empezó a escribir poesía durante su época de estudiante de secundaria: su primer poema, "U sumrak" ("En el crepúsculo") apareció en 1911 en la revista Bosanska vila. También desde esta época, Andrić, defensor de la independencia de Yugoslavia, se hizo miembro del movimiento nacionalista progresista “Mlada Bosna” ("Joven Bosnia"). Estudió en las universidades de Zagreb, Viena y Cracovia.
Durante la Primera Guerra Mundial fue detenido por las autoridades austríacas debido a sus actividades políticas revolucionarias, primero en Šibenik, y luego en Maribor, donde permaneció hasta marzo de 1915. Tras su liberación, fue confinado en Ovčarevo y Zenica. Permaneció allí hasta el verano de 1917, cuando debió ser ingresado en el Hospital de las Hermanas de la Caridad de Zagreb a causa de una enfermedad pulmonar. Al proclamarse una amnistía general, participó activamente en la preparación de la revista Književni jug ("Sur Literario") y publicó su libro de poemas en prosa Ex-ponto, donde describe la vida como una gran cárcel dominada por el miedo, el sufrimiento y la soledad.
Tras la creación en 1918 del Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, Andrić se convirtió en funcionario público. En 1919 empezó a trabajar en el Ministerio de la Religión en Belgrado, participando activamente en la vida literaria de la ciudad, reuniéndose con escritores como Crnjanski, Vinaver, Pandurović y Sibe Miličić en la cafetería Moskva. En 1920 inició una exitosa carrera diplomática. Fue enviado sucesivamente a las legaciones diplomáticas yugoslavas en el Vaticano (1921), Bucarest (1921), Trieste (1922) y Graz (1923). No por ello descuidó la literatura: en 1920 vieron la luz un nuevo libro de poemas en prosa, titulado Nemiri ("Problemas") y un relato, Put Alije Djerzeleza ("El viaje de Alí Djerzelez"). En 1922 publicó en revistas otros relatos breves, entre ellos "Za logorovanja" ("En el campamento") y "Zena od slonove Kosti" ( "La mujer de marfil").
Durante su misión diplomática en Graz, completó sus estudios universitarios, que no había llegado a concluir a causa de la guerra, y en junio de 1924 se doctoró en Filosofía con una tesis sobre "El desarrollo de la vida espiritual en Bosnia bajo la influencia del gobierno otomano". A continuación fue destinado a Belgrado, y ese mismo año apareció su primer volumen de cuentos.

En 1926 ingresó en la Academia Serbia de Ciencias y Artes, por recomendación de Bogdan Popović y Slobodan Jovanović. Sus siguientes destinos diplomáticos fueron Marsella (en 1926), París, Madrid (en 1928) y Ginebra (en 1930).
Andrić entró en el servicio diplomático yugoslavo, donde ocupó diversos puestos, incluido el de embajador en Alemania. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, en 1941, presentó su dimisión y regresó a Belgrado definitivamente.
Durante la Segunda Guerra Mundial escribió tres novelas: La crónica de Travnik, La joven dama y Un puente sobre el Drina, en las que narra la vida, costumbres y hazañas de su Bosnia natal y de sus habitantes. En ellas, Andrić describe la historia de Bosnia desde su conquista por los turcos, en 1389, hasta la creación del Estado yugoslavo, después de 1919.
Aunque vivió en Roma, Bucarest, Madrid, Ginebra y Berlín, fue su provincia natal, Bosnia, con su historia, su folclore y su variedad étnica, cultural y religiosa, la que le proporcionó los temas que se encuentran en sus obras. Sin embargo, se consideraba a sí mismo un escritor yugoslavo. Se retrajo de toda actividad pública en la parte final de su vida. Murió el 13 de marzo de 1975 en Belgrado, entonces capital de la República Federal Socialista de Yugoslavia (hoy capital de la República de Serbia).
Cuando le fue concedido el Premio Nobel de Literatura en 1961, el comité alabó en particular "la fuerza épica" con la que describió los destinos humanos afectados por la Historia de su país, sobre todo en su obra Un puente sobre el Drina. Para Magris, la narrativa de Andrić hunde sus raíces en una coralidad épica, pero rescata la vida individual a través del tiempo, en el que siempre profundiza. Su obra, acaso la mejor de Yugoslavia, expresa una sabiduría anónima en la que se mezclan humor, fábula y tragedia. Su póstuma Omer-paša Latas es una novela inconclusa, sobre un renegado, que alerta sobre el espectro fratricida que sobrevuela por su país.

http://es.wikipedia.org/wiki/Ivo_Andri%C4%87

"Un puente sobre el Drina". La ciudad de Visegrad (Bosnia), situada a orillas del río Drina, tuvo un momento de esplendor en la Edad Media por constituir un puente de tránsito entre el mundo cristiano y el islámico. Esta novela recoge la historia de esa comunidad plural y conflictiva, tomando como pretexto narrativo el gran puente de piedra que cruza el río, lugar de encuentro y paseo para sus habitantes. La larga crónica abarca desde el siglo XVI hasta principios del XX, y nos da cuenta de las tensiones y enfrentamientos que se suceden y heredan de generación en generación. Suma de pequeñas historias particulares que constituyen la historia de una comunidad de comunidades, la antigua Yugoslavia, esta narración explica las raíces del odio y la violencia de la eterna comunidad imposible.
http://www.randomhousemondadori.es/me_gusta_leer/Libros/P/Un-puente-sobre-el-Drina-ES/Un-puente-sobre-el-Drina2

Fragmentos de "Un puente sobre el Drina" de Ivo Andric

«Todo estaba listo: había un poste de roble, de unas cuatro archinas (medida turca que equivale a 66 cm), puntiagudo, herrado en un extremo, delgado y afilado y untado de sebo. En los andamios habían sido clavadas unas cuantas estacas entre las cuales debía fijarse el poste; había también un mazo de madera para clavar y martillear el poste; había cuerdas y todo lo necesario.
[...]
»Cuando se ordenó a Radislav que se tendiese, dudó un momento; después, sin mirar ni a los zíngaros ni a los guardianes, como si no existiesen, se acercó a Plevliak, a quien, como si fuese alguno de los suyos, y empleando un tono confidencial, le dijo en voz baja y sorda: “Por este mundo y por el otro te pido que me escuches: hazme la gracia de atravesarme de modo que
no sufra como un perro.”
[...]
»El campesino se tumbó boca abajo, tal como le habían ordenado. Los zíngaros se aproximaron y le ataron primero las manos a la espalda y después le ligaron una cuerda alrededor de los tobillos. Cada uno tiró hacia sí, separándole ampliamente las piernas. Entre tanto, Merdjan colocaba el poste encima de dos trozos de madera cortos y cilíndricos, de modo que el extremo quedaba entre las piernas del campesino. A continuación, sacó del cinturón un cuchillo ancho y corto, se arrodilló junto al condenado y se inclinó sobre él para cortar la tela de sus pantalones en la parte de la entrepierna y para ensanchar la abertura a través de la cual el poste penetraría en el cuerpo. Aquella parte del trabajo del verdugo que, sin duda, era la más desagradable, fue invisible para los espectadores. Tan sólo pudieron apreciar el estremecimiento del cuerpo a causa del picotazo breve e imperceptible del cuchillo, y, luego, cómo se erguía a medias, cual si tratase de levantarse
para volver a caer pronto, golpeando sordamente el entarimado. No mas hubo terminado, el zíngaro dio un ligero salto, tomó del suelo el mazo de madera y se
puso a martillear la parte inferior y roma del poste, con lentitud y mesura. A cada dos martillazos, se detenía un momento y miraba, primero, al cuerpo en el que el poste se iba introduciendo, y, después, a los dos zíngaros, exhortándolos a que tirasen con suavidad y sin sacudidas.
El cuerpo del campesino, con las piernas separadas, se convulsionaba instintivamente; a cada mazazo,
la columna vertebral se plegaba y se encorvaba, pero las cuerdas mantenían la tensión y obligaban al condenadoa enderezarse.
[...]
»El zíngaro, a cada dos mazazos, se dirigía al cuerpo tendido, se inclinaba, examinando si el poste avanzaba en buena dirección y, cuando se había cerciorado de que ningún órgano vital estaba herido, volvía a su sitio y continuaba su tarea.
[...]
»Durante un momento, cesaron los mazazos. Merdjan había observado que en el vértice del omóplato derecho los músculos se ponían tensos y la piel se levantaba. Se acercó rápidamente y, en aquel lugar ligeramente hinchado, hizo un incisión en forma de cruz. Por el corte empezó a correr una sangre pálida, primero en pequeña cantidad, luego a borbotones. Aún dio dos o
tres mazazos, ligeros y prudentes, y por el sitio en el que acababa de hacer el corte apareció la punta herrada del poste. Continuó todavía unos minutos martilleando, hasta que la punta del palo alcanzó la altura de la oreja derecha. Radislav estaba empalado en el poste de igual modo que se ensarta un cordero en el asador, con la diferencia de que a él no le salía la punta por la boca,
sino por la espalda, no habiendo interesado gravemente ni los intestinos ni el corazón ni los pulmones.
[...]
»Los dos zíngaros dieron la vuelta al cuerpo entumecido y se pusieron a atarle las piernas a la parte inferior del poste. Mientras tanto, Merdjan observaba aquel rostro que, en un abrir y cerrar de ojos, se había hinchado, ensanchándose, haciéndose más grande. Tenía los ojos abiertos de par en par, inquietos; pero los párpados permanecían inmóviles, la boca abierta, los labios rígidos y contraídos, los dientes apretados. Aquel hombre no podía controlar ya algunos de los músculos de su cara, que, por esta circunstancia, parecía una máscara. Sin embargo, su corazón latía sordamente y los pulmones mantenían una respiración corta y acelerada. Los verdugos levantaron el poste. Merdjan les gritaba que tuviesen cuidado y que no sacudiesen el cuerpo; él mismo ayudaba en la operación. Fijaron la base del poste entre dos vigas y lo aseguraron con
grandes clavos; a continuación, y a la misma altura,clavaron igualmente un tarugo de madera al poste y a las vigas. Una vez terminada la tarea, los zíngaros se apartaron un poco, yendo a reunirse con los guardianes, y, en el espacio vacío, quedó solo, elevado a una altura de dos archinas, enderezado, con el pecho hacia adelante y desnudo hasta la cintura, el hombre empalado. Desde lejos se vislumbra que, a través del cuerpo, pasaba el poste al que estaban atados sus tobillos, mientras los brazos lo estaban a la espalda.» El hombre «que había organizado el complot y la resistencia y se había atrevido a sabotear las obras» oficiales, permanecería vivo y consciente cuatro horas después de la ejecución de la sentencia de empalamiento. Sólo a la mañana siguiente expiraría.
Acaso este largo, pormenorizado y vivo relato de Ivo Andric, Un puente sobre el Drina, nos sitúe ante una de las formas históricas de ejecución más crueles, más atroces y espeluznantes
que puedan imaginarse. Este fragmento es terrorífico porque es real, porque la barbarie puede estar a la vuelta de la esquina, y porque uno mismo puede fácilmente ser una víctima. (¿No
decían que eras raro? Todos los raros son peligrosos. ¿Te imaginas pasar toda la noche empalado y consciente? ¿O que te quemen vivo, lentamente?) Esta barbarie no está lejos, ni en el tiempo ni en el espacio

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