lunes, 11 de octubre de 2010

10-OCTUBRE JOAN MARAGALL


"¿Españoles? ¡Y tanto!
¡Lo somos más que
los castellanos!"
Joan Maragall, Poeta

10-10-1860

Joan Maragall i Gorina (Barcelona (España), 10 de octubre de 1860 - íd., 20 de diciembre de 1911) fue un destacado poeta español, que escribió tanto en castellano como en catalán.

La obra básica de Maragall está escrita en catalán, aunque también escribió en castellano. En 1881 ganó la Flor Natural en los Juegos Florales de Badalona con una poesía titulada Dins sa cambra

A partir de 1892, Maragall desarrolla una gran actividad como impulsor de las nuevas corrientes de modernidad. Esto se manifiesta con varias colaboraciones en las revistas protagonistas del Modernismo - L'Avenç, Catalonia i Luz -; y también con sus artículos del Diario de Barcelona y La Veu de Catalunya. En este mismo año también participó en los Juegos Florales, en las Fiestas Modernistas que Santiago Rusiñol organiza en Sitges y en diversas prestigiosas tertulias, como la del Ateneo Barcelonés del que llegó a ser presidente.

En el año 1894 se presentó a los Juegos Florales de Barcelona con el poema La sardana ganando la Englantina. En Poesies, que publica al año siguiente, se nota su vertiente decadentista, que también se ve reflejado en los poemas que presenta en las Fiestas Modernistas de Sitges y que más tarde superó, en parte influenciado por la vitalidad de la obra de Friedrich Nietzsche. En 1904, se presenta nuevamente a los Juegos Florales de Barcelona con la poesía Glosa, siendo proclamado Maestro en Gai Saber, además de ganar la Flor Natural.

La presión del novecentismo naciente, liderado por Eugeni d'Ors, le obliga a hacer una profunda reflexión, que acabará después de la Semana Trágica con un retorno a la posición combativa que manifestaba en su juventud. A pesar de todo, se muestra autocrítico procediendo a una profunda revisión de su obra Tria criticada por Ors, de la que saldrá muy mejorada hasta el punto de provocar la rectificación de éste.
Maragall se identificaba con un nacionalismo catalán tradicionalista y católico, cercano al ideario de la Lliga Regionalista de Catalunya pero nunca quiso entrar en política y rechazó las ofertas que le hicieron Enric Prat de la Riba y Francesc Cambó para que se presentase a las elecciones de diputados a cortes. Esta tendencia conservadora, bien reflejada en su estilo literario, hace que se le clasifique dentro de un grupo de escritores modernistas - Víctor Català, Prudenci Bertrana, Puig i Ferrater - que sitúan su obra en ambientes tradicionales y rurales. En el año 1906 intervino en el Congreso de la Lengua Catalana y posteriormente fue miembro fundador de la Sección Filológica del Institut d'Estudis Catalans. A consecuencia de la Semana Trágica, adoptó una posición critica con la burguesía catalana, por la responsabilidad que entendía que tenia en aquellos hechos. Esta postura se manifiesta en su última obra Seqüències.

En el año 1910 ganó el premio Fastenrath en los Juegos Florales de Barcelona con Enllà(Más allá). En el año 1911, el último de su vida, publicó Seqüències, en la cual manifiesta una exaltación vitalista con la que vuelve a posiciones heterodoxas, suavizadas en anteriores escritos. En esta obra incluye el Cant espiritual.
Su trabajo como traductor, es muy importante. Tradujo a autores griegos como Homero y Píndaro, a autores alemanes como Goethe, Novalis, Friedrich Nietzsche, Schiller, Reinick y Wagner y a autores franceses como Alphonse Daudet y Alphonse de Lamartine.

es.wikipedia.org/wiki/Joan_Maragall

CANTO ESPIRITUAL

Si el mundo es ya tan bello y se refleja,
oh, Señor, con tu paz en nuestros ojos,
¿qué más nos puedes dar en otra vida?

Así estoy tan celoso de estos ojos y rostro,
y del cuerpo que me diste, Señor,
y del corazón que en él late… ¡y tengo tal miedo a la muerte!

Pues, ¿con qué otros sentidos me harás ver
este cielo azul sobre las montañas,
y el ancho mar, y el sol que en todo brilla?
Dame en estos sentidos paz eterna
y no querré más cielo que este cielo azul.

Aquel que grite tan sólo «¡Detente!»
al instante que le traiga la muerte,
no lo entiendo, Señor, ¡yo, que quisiera
parar tantos instantes cada día
para que eternos fueran en mi corazón! …
¿O es que este «hacer eterno» es ya la muerte?
Pero entonces, la vida ¿qué sería?
Tan sólo sombra del tiempo que pasa,
ilusión de lo cerca y de lo lejos,
cuenta del mucho, el poco, el demasiado,
engañador, pues ¿ya todo lo es todo?

¡Da igual! Del modo que sea, este mundo
tan extenso, tan diverso y temporal,
esta tierra con todo cuanto engendra,
es mi patria, Señor, ¿y no podría
ser también una patria celestial?
Hombre soy, y es humana mi medida
para todo lo que pueda creer y esperar:
si mi fe y mi esperanza aquí se quedan
¿me acusarás por ello más allá?
Más allá veo el cielo y las estrellas,
y allí también un hombre ser quisiera:
si a mis ojos las cosas has hecho tan bellas,
si mis sentidos y ojos hiciste para ellas,
¿por qué cerrarlos, pues, otro «como» buscando?
¡Si para mí jamás lo habrá como éste!
Ya sé que existes, mas dónde, ¿quién lo sabe?
Cuanto miro se te parece en mí…
Déjame, pues, creer que estás aquí.
Y cuando llegue la hora temerosa
en que se cierren estos mis ojos humanos,
ábreme tú, Señor, otros mayores
para tu inmensa faz poder mirar.
¡Nacimiento mayor sea mi muerte!

Versión de José Batlló

INSOLADA

En una casa campesina había
una doncella que tenía
los diecisiete años de amor, y era tan bella
que decían de ella:
«Es una moza como un sol.»
Ella bien sabía
el parentesco que con él tenía:
porque cada mañana,
de par en par abierta la ventana,
con su fuego ambarino y mañanero
le llenaba su cuarto por entero,
y ella, toda desnuda, con delicia,
se entregaba al fulgor de su caricia.
De tanto darse a estas tan dulces mañas,
el sol se le quedaba en las entrañas
y bien pronto sentía
un ardor que en su seno se movía.
«Adiós los míos y mi casa amada:
me voy al mundo, por la luz preñada.»
Abandonada y sin hogar
por la comarca comenzó a vagar.
Alegre como un pájaro volando,
iba sola cantando:
«Yo me soy la alborada,
pues llevo dentro el sol y soy rosada,
mis cabellos rojean,
mis ojos centellean,
mis labios bermejean,
llevo en frente y mejillas su color
y en el pecho su ardor:
toda yo soy claror contra claror.»
La gente que la oía
se paraba admirada y la seguía:
la seguía por el llano y la montaña
para escucharle su canción extraña,
que poco a poco la iba embelleciendo.
Que su hermosura era cabal sintiendo,
dijo: «Mi hora ha llegado.»
No canto más y, hallándola a su lado,
entró en una cabaña que allí había.
La gente que en aquel entorno estaba
sólo veía un resplandor y oía
los gritos de dolor que ella lanzaba.
Las grietas de la puerta, de repente
lucieron como estrellas fuertemente.
En seguida se alzó una llamarada,
toda la gente huyó de allí aterrada,
y en la gran soledad sólo quedaba
un niño igual que el sol, que caminaba
y decía, subiendo por la sierra:
«Vengo a juntar al cielo con la tierra…»

http://www.poemasde.net/poemas-de-joan-maragall

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