martes, 12 de octubre de 2010

12-OCTUBRE EUGENIO MONTALE



"Del brazo tuyo he bajado por lo menos un millón de escaleras y ahora que no estás, cada escalón es un vacío."
Eugenio Montale
Poeta, ensayista, crítico de música

12-10-1896

Obras: Huesos de sepia - Las ocasiones - Finisterre - Sobre la poesía - Diario póstumo y otras

Eugenio Montale (Génova, 12 de octubre de 1896 – Milán, 12 de septiembre de 1981) fue un poeta, ensayista y crítico de música italiano. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1975.

Eugenio Montale era el sexto y último hijo de una familia de prósperos comerciantes de productos químicos de Génova. Sus padres eran proveedores, entre otros, de la familia de Italo Svevo. Montale tuvo dificultades de salud durante la infancia, que lo obligaron a interrumpir sus estudios. Su hermana Mariana se encargó de su cuidado.
Su infancia transcurrió en Monterosso, en las Cinque Terre del Mar de Liguria. Quería ser cantante y, al retomar sus estudios formales, tomó paralelamente clases de canto. Su afición por la música se reflejaría en muchos de sus poemas y lo llevaría finalmente, en su madurez, a ejercer la crítica musical. Obtuvo el título de contador, carrera a la que lo había orientado su padre. Leyó ávidamente, durante su juventud y adolescencia, a los simbolistas franceses. Sin maestros, aprendió francés e inglés.
En 1917, fue incorporado al ejército y participó en la Primera Guerra Mundial, experiencia que también tendría resonancia en su poesía.
En 1925, firma un famoso manifiesto de los intelectuales contra el fascismo, documento inspirado por el filósofo Benedetto Croce. Se traslada a Florencia para trabajar en la editorial Bemporad. Conoce a la mujer con la que establecerá una relación profunda, y que durará muchos años, Drusilla Tanzi. En este periodo muy importante es la colaboración con el famoso café literario Giubbe Rosse.
En 1929 es nombrado director del prestigioso Gabinete Vieusseux, una de las bibliotecas y archivos más interesantes de su tiempo, y que atrae a intelectuales del país y del extranjero. El poeta T. S. Eliot traduce sus poemas al inglés.
Después de diez años al frente del Gabinete Vieusseux, el gobierno fascista lo deja cesante. Durante la Segunda Guerra Mundial, hospeda en su casa a escritores perseguidos, como Umberto Saba y Carlo Levi. En esos años de guerra, se dedica a la traducción de autores como Miguel de Cervantes, Christopher Marlowe, Herman Melville, Mark Twain y William Faulkner. Después de la guerra, se emplea como crítico de música en el diario Corriere della Sera, de Milán.
Viaja por Europa y a los Estados Unidos. Le otorgan el doctorado honoris causa en la Universidad de Milán. Recibe el importante premio Feltrinelli.
En enero de 1949 conoció a la joven poeta Maria Luisa Spaziani en Turín, a la que animará a publicar sus obras. Entre ambos poetas se desarrolló una intensa amistad. Spaziani se convirtió en una suerte de musa para Montale, en especial en la serie de poemas titulados «Madrigali privati» pertenecientes al libro La bufera e altro (1956) donde Montale construye todo un poema («Da un lago svizzero») utilizando como acróstico el nombre de Maria Luisa Spaziani. No existe en toda la obra de Montale otro ejemplo de este recurso.1
Montale se casó con Drusilla Tanzi en 1962, quien murió al año siguiente. En 1966, es nombrado senador vitalicio por el presidente Giuseppe Saragat. Obtuvo el Premio Nobel en 1975.

DOLOR DE VIVIR

Frecuentemente hallé el dolor: vivir
era el riochuelo estertoroso, agónico;
la llama retorciéndose en la pira;
el cabello en la ruta, inútil, roto.

Placer no conocí. Sólo el milagro
que obra la divina indiferencia:
la estatua erguida entre la somnolencia
tórrida, con la nube y el milano.

Versión de Carlos López Narváez

ENCUENTRO

No me abandones tú, tristeza mía,
sobre el camino
que azota el viento extraño
con su cálido soplo, y cede; cara
tristeza al viento que se extingue: y empujada
por éste hacia la rada,
donde la última voz exhala el día,
viaja una niebla, alta se pliega un ala
de cormorán.

El tajo al lado del torrente, estéril
de aguas, vivo de piedras y argamasas;
tajo de humanos actos consumidos,
de mortecinas vidas declinando
más allá del confín
que en círculo se cierra: rostros secos,
manos, caballos en hilera, ruedas
chirriantes: vidas no: vegetaciones
del otro mar que la oleada vence.

Se avanza en el camino de cuajado
Iodo sin rastro
como una procesión de encapuchados
bajo la rota bóveda, caída
casi hasta reflejar escaparates,
en un aire que envuelve nuestros pasos
denso e iguala los sargazos
humanos fluctuando en las cortinas
de bambú murmurante.

Si me abandonas tú, tristeza, único
presagio vivo en este nimbo, siento
que alrededor de mí se extiende
un rumor como de esferas cuando
una hora está próxima a sonar;
y caigo inerte en la apagada espera
del que no teme ya
en esta orilla sorprendida por la ola
lenta, que no aparece.

Tal vez vuelva a tener una apariencia:
en la rasante luz
un movimiento me conduce junto
a una mísera rama que en un tiesto
crece sobre una puerta de hostería.
A ella tiendo la mano, hacerse mía
siento otra vida, huella de una forma
que me fue arrebatada; y como anillos
en los dedos no hojas se me enroscan
sino cabellos.

Y nada más después. ¡Oh sumergida!:
desapareces como habías venido
y nada sé de ti.
Tu vida es tuya aún: entre las raras
vibraciones del día ya esparcida.
Ruega por mí,
para que yo descienda otro camino
distinto de una calle de ciudad,
en el aire perdido, ante el tropel
de los vivos; que te sienta a mi lado, que
descienda sin ruindad.

Versión de José Ángel Valente

http://amediavoz.com/montale.htm

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