miércoles, 3 de noviembre de 2010

03-NOVIEMBRE ANDRE MALRAUX



"No tarda nueve meses sino sesenta años en formarse un hombre."
Andre Malraux
Novelista y político

03-11-1901

Obras: Lunas de papel - La esperanza - El tiempo del desprecio - Trilogía asiática: Los conquistadores - La vía real - La condición humana y otras

André Malraux (París, 3 de noviembre de 1901 - Créteil, 23 de noviembre de 1976), novelista, aventurero y político francés. Personaje representativo de la cultura francesa que giró en torno al segundo tercio del siglo XX, en su vida se confunden los elementos novelados del escritor con la expresión del hombre público, la propaganda del político y la realidad de los hechos históricos que vivió. Esta mezcolanza ha llevado a alguno de sus críticos, como el biógrafo Olivier Todd a considerar a Malraux el primer escritor de su generación que logró edificar de una manera eficaz su propio mito.

André padecía el Síndrome de la Tourette, una afección que provocaba las características muecas, guiños y tics que tanto le distinguieron en vida durante sus apariciones públicas y entrevistas.

Nacido Georges-André Malraux, su padre, Fernand, era un agente de bolsa apasionado por los inventos y la mecánica, que primero abandonó a su familia y luego se suicidó. André pasó una infancia acomodada en Bondy, suburbio de clase media en las afueras de París, en compañía de su madre Berthe, su tía y su abuela quienes regentaban una pastelería. A pesar de no sufrir estrecheces económicas y de disponer de una educación privada y un reducido grupo de buenos amigos, el escritor resumió en las primera líneas de sus Antimemorias aquella etapa de su vida: casi todo los escritores que conozco recuerdan con cariño su infancia, yo odio la mía.

Abandona los estudios a los 18 años y se instala en el propio París. Su formación es autodidacta. No cursa estudios universitarios aunque frecuenta la Escuela de Lenguas Orientales, en la que nunca se matriculó. Consulta publicaciones de la Escuela Francesa de Extremo Oriente sobre hallazgos arqueológicos en las colonias francesas de Indochina. Subsiste mediante la compraventa de libros raros y antiguos y se familiariza con el mundo de la edición; realizará impresiones minoritarias de lujo para coleccionista y obras de pornografía fina. En lo personal, cultiva el dandismo y la apariencia elegante. Frecuenta los círculos artísticos de vanguardia (André Breton, Louis Aragon, Paul Éluard, Max Jacob, André Gide) y colabora en revistas culturales: su primer texto publicado se titulará Sobre los orígenes de la poesía cubista. A los veinte años autoedita su primer libro Lunes en papier (Lunas de papel), narración extravagante y fantástica, ilustrada con grabados de Fernand Léger, que posee en su estilo influencias del surrealismo y el movimiento Dadá.

En 1921 contrae matrimonio con Clara Goldsmidt, hija de comerciantes alemanes emigrados de origen judío. Aconsejados por Fernand Malraux, la pareja invierte la dote de boda en acciones de una compañía minera mexicana. Tras la quiebra de ésta, André aprovechará sus conocimientos de arqueología oriental para organizar una expedición privada con el fin de robar piezas de arte jemer en Camboya. En 1923 se embarca con su esposa y su amigo de infancia Louis Chevasson hacia Saigón y desde allí se dirigen a Phnom Penh. En el templo abandonado de Banteay Srei, ubicado en el área de Angkor arrancan varios relieves, pero son descubiertos y detenidos por las autoridades coloniales. Parte de estos hechos inspirarán su tercera novela, La vía real.

André y Louis son procesados en Saigón y condenados a prisión en 1924, pero no llegaron a cumplir condena. Malraux aprovechó las sesiones del juicio para, irónicamente, llamar la atención sobre la falta de protección del patrimonio arqueológico francés, además de provocar la movilización de sus amigos intelectuales en la metrópoli. Conoce de primera mano el sistema judicial, la burocracia colonial y la segregación de los nativos en el territorio de ultramar. Su enemistad con la administración regional, así como con algunos periódicos locales, se acentuó al año siguiente, cuando funda junto al abogado Paul Monin el diario L´Indochine, de marcado corte crítico con el sistema colonial. Su existencia será breve, ahogado por la competencia, el boicoteo oficial y las deudas. Tras soportar la censura y un primer cierre, el periódico es renombrado como L´Indochine Enchaînée (Indochina Encadenada). Hasta su cierre definitivo en 1926, el codirector André Malraux entrenará la prosa con noticias y artículos de opinión especialmente cáusticos con las instituciones y denunciará los desmanes contra la población indígena. También cultivará el estilo y la narrativa a través de relatos insertos en el periódico, como La expedición de Ispahán, donde la aventura, la metafísica y el surrealismo se dan la mano.
En estos años, Malraux se ha impregnado de la cuestión social sobre ciertas desigualdades, de la lucha por superarlas y del compromiso del escritor con la sociedad que le rodea. Conocerá, nunca de primera mano, los sucesos que convulsionan China, como la huelga general de Cantón, la rebelión de Shanghái, el ascenso del Kuomintang y la represión contra los comunistas. Estos serán los materiales con los que compondrá dos de sus novelas: Los conquistadores y La condición humana.
En 1936, al comienzo de la Guerra Civil Española, Malraux se pone a disposición del gobierno de la II República.

Gracias a sus contactos con personalidades del Ministerio del Aire francés (entre los que se encontraba Jean Moulin, futuro líder de la Resistencia) consigue movilizar bombarderos, cazas y aparatos de escolta que serán pagados con fondos del gobierno español. Incluso después de la formación del Comité de No Intervención comprará en Francia nuevos aparatos a través de países terceros. El escritor contrata también las tripulaciones, formadas por voluntarios y profesionales, algunos procedentes del servicio Aéropostale francés.
Una vez que hombres y equipo llegan a Madrid, el propio Malraux los organiza con el nombre de Escuadrilla España. El grupo tuvo un máximo de ciento treinta miembros. En total realizará veintitrés misiones de ataque entre agosto de 1936 y febrero de 1937, fecha de su disolución.
Para darle carácter oficial, el ministerio del Aire español otorga a Malraux el grado de teniente coronel, a pesar de no haber realizado siquiera el servicio militar.

El ahora coronel-escritor administra su escuadrilla de forma casi independiente: en Albacete, recluta a su propia tropa, que no se subordina a las Brigadas Internacionales organizadas por André Marty, acérrimo defensor de la disciplina y la ortodoxia estalinista. El heterogéneo grupo de pilotos, ametralladores, y mecánicos, comunistas, anarquistas, etc, de distintos países están unidos por su antifascismo. Por otro lado, en la jerarquía militar Malraux sólo responde ante el general Ignacio Hidalgo de Cisneros, jefe del Ministerio del Aire.
La libertad de acción acarrea, sin embargo, una grave carencia de suministros y repuestos para la escuadrilla. El número de aparatos va menguando por los combates y los accidentes. Se añaden a esto las maniobras de André Marty para que la Escuadrilla España quede bajo su mando. Contra ello, Malraux consigue que su unidad se integre en el ejército regular y dentro de la Fuerza Aérea republicana, una vez rescindidos los contratos de los profesionales; el grupo será rebautizado por sus miembros como Escuadrilla Malraux en honor de su jefe.
Con todo, las pérdidas son cada vez mayores. Mientras cubren la retirada de Málaga, los dos últimos bombarderos de la unidad son derribados y la escuadrilla se disuelve. A partir de entonces, Malraux dedica todos sus esfuerzos a labores de propaganda y recolección de fondos para la República en el extranjero.

La Esperanza

Peculiar film que anticipa de alguna manera al neorrealismo italiano; ya durante la década del veinte había intentado promocionar en Francia la cinematografia del expresionismo alemán, hecho que lo sitúa en una posición encontrada con la tendencia abstracta de un cubismo que va a constituir la dominante en el estilo racionalista del alto modernismo.
El 20 de julio de 1938 comenzaba en los estudios de Montjuich (Barcelona) el rodaje de Sierra de Teruel o L’espoir, intento de llevar a la pantalla el episodio vivido en Valdelinares por un bombardero francés de la república, a fin de proyectarla en salas de todo el mundo y conseguir adeptos a la causa republicana contra la sublevación militar. Muchos fueron los esfuerzos durante el rodaje, no solamente económicos, sino condicionados por unas precarias condiciones de guerra, con cortes de luz, bombarderos y demás penurias.
Cuando la película estaba terminada hacia meses que la guerra había acabado. Se presentó al gobierno republicano en el exilio en un cine de los Campos Eliseos de Paris pocos días antes de la declaración de la Segunda Guerra Mundial.
“No es un documental sino un documento. Un homenaje al pueblo español a tantos venidos de cien partes del mundo para defenderlo y, espejo de lo mismo, un homenaje de estos al pueblo español, defensor entonces de su honra y su libertad”

Escapado de un campo de prisioneros en 1941, dirige la brigada «Alsace-Lorraine» durante la liberación del suelo francés en la II Guerra Mundial.
A partir de 1947 se une al general De Gaulle, quien lo nombrará ministro del Interior, luego de Cultura de 1958 a 1969. Como ministro, Malraux mezcla política de prestigio y obra social. No debe olvidarse que fue el pionero de las Maisons de Jeunes et de la Culture que marcaron profundamente la vida de los municipios y de los barrios en Francia durante varias décadas. Pero la cultura de Malraux en materia de arte y su fraternidad con artistas de primer nivel (Matisse, Braque, Picasso, Giacometti) distinguen particularmente la obra del ministro: nombra en el Odeon a André Masson, en la Ópera de París a Marc Chagall, envía la Gioconda de Leonardo da Vinci a Estados Unidos, restaura el Palacio de Versailles. Malraux no cesa de hacer brillar la cultura francesa en el mundo.
En el curso de su vida, marcada por tragedias personales (pierde a su esposa Josette Clotis en condiciones dramáticas, luego los dos hijos), ha tratado a las grandes personalidades del mundo político (Mao Zedong, John F. Kennedy y Jawaharlal Nehru, por ejemplo) y ha mantenido un diálogo constante con los grandes artistas: Pablo Picasso, Marc Chagall, Georges Braque, Maurice de Vlaminck, André Derain, Fernand Leger, Jean Cocteau, André Gide, Max Jacob, Pierre Reverdy y Louise de Vilmorin, quien fue su última compañera.
Hombre de libertades, Malraux jamás se creyó atado a un dogma y, a través de sus mutaciones, fue siempre fiel a su necesidad de superación, a su heroísmo duro que excluye apelar a utopías consoladoras.
En 1976 recibe el Premio Internacional Alfonso Reyes.

http://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9_Malraux

Fragmento de "La esperanza" de Andre Malraux

...) Ramos corría tan velozmente como se los permitían sus faros azulados.
Ante el primer gran incendio, el automóvil se detuvo. En la noche llena de gritos sofocados, de ruidos de cadenas, de detonaciones, de llamadas y desmoronamientos apagados por encima del redoble ininterrumpido de la batalla, un convento se hundió entre los escombros; los resplandores lo recorrían como animales bajo un hervidero de humo granate. No quedaba nadie. Piquetes de milicianos, guardias de asalto, servicios de auxilio miraban, fascinados por la turbadora exaltación de las llamas, la vida inagotable del fuego. Sentado, un gato gris alzaba la cabeza.

¿Había terminado el raid?

Un débil resplandor a la izquierda. Resonaron taconeos de botas en el silencio lleno de llamadas lejanas. Un haz de llamas sucedió al resplandor, decayó; después, proyectado en el cielo y en las casa, hubo de nuevo un gran resplandor. Aunque los aviones hubiesen partido (los campos estaban próximos, y la noche de noviembre era larga), bajo los tejados, de piso en piso, el fuego continuaba su vida propia: no por las chispas verdes y azules del calcio, sino por los chisporroteos de llamas rojizas. Cuando Ramos pasó por el lugar de las llamas, miríadas de pavesas roían las casas como una invasión de insectos ante un éxodo silencioso: colchones, patas de sillas que salían de carretones conducidos por viejas retrasadas. Los servicios de auxilio llegaban. Eficaces. Él controló una docena.

En San Carlos, las casas formaban una pantalla, y la oscuridad era completa en casi todas las calles vecinas a la plaza: Ramos tropezó con una camilla; los que la llevaban gritaron. Como un puñado de papel picado incandescente, un torbellino de pavesas pasó por encima de los heridos tendidos en el suelo, unos al lado de los otros, iluminándolos muy débilmente en las piernas. Tres pasos más allá, Ramos tropezó con otra camilla; está vez el que gritó fue el herido. En un rincón deslumbrante y sobre un pedazo de techo, los bomberos apuntaban a la hoguera con sus mangueras minúsculas e irrisorias. Ramos llegó por fin a la plaza.

Las humaredas hirvientes se precipitaron, y el resplandor subió. Todo se hizo nítido: los gorros de algodón de los heridos alineados y los gatos. Y como si hubiera acompañado el ascenso del fuego, la profunda vibración de los motores llenó de nuevo el cielo negro.

http://www.lainsignia.org/2006/febrero/dial_001.htm

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