jueves, 4 de noviembre de 2010

04-NOVIEMBRE CIRO ALEGRIA



"Conglomerado en el cual se entrechocan, se aglutinan y funden todas las corrientes humanas, Latinoamérica es para quien nace pobre un campo heterogéneo del cual se han borrado las señales. Una de estas señales sería la del conocimiento.”
Ciro Alegría
Escritor, periodista

04-11-1909

Obras: Novelas: La serpiente de oro - Los perros hambrientos - El mundo es ancho y ajeno - Duelo de Caballeros (cuentos)

Ciro Alegría Bazán, más conocido como Ciro Alegría (Sartimbamba, 4 de noviembre de 1909 - Chaclacayo, 17 de febrero de 1967) fue un escritor, político y periodista peruano. Es uno de los máximos representantes de la narrativa indigenista, marcada por la creciente conciencia sobre el problema de la opresión indígena y por el afán de dar a conocer esta situación, cuyas obras representativas son las llamadas “novelas de la tierra”. En ese sentido es autor de las siguientes novelas: La serpiente de oro , Los perros hambrientos y El mundo es ancho y ajeno , siendo esta última su obra cumbre y la novela capital de la literatura hispanoamericana, que ha tenido innumerables ediciones y traducciones a muchos idiomas.
Al margen de sus méritos literarios, se le recuerda por su calidad humana y su bonhomía, salpicada de un humor muy peculiar. Hijo de hacendados ricos y blancos, él se consideraba un cholo serrano, ya que nació en la sierra y convivió durante sus primeros años con indios y cholos, peones y empleados de los inmensos latifundios pertenecientes a su familia. De ese recuerdo de su infancia y de los relatos que oyó entonces nacieron sus grandes novelas indigenistas. De sus padres recibió una educación liberal, que contrastaba con aquel ambiente en que creció. Nació en la hacienda Quilca, cerca de Huamachuco, en el año de 1908, aunque fue inscrito recién en 1909, por lo que el escritor usó este año en la fecha oficial de su nacimiento. Realizó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio Nacional San Juan de Trujillo, donde tuvo como profesor al entonces joven poeta César Vallejo. En 1927 fundó la Tribuna Sanjuanista, periódico escolar que dirigió; integró el Grupo Norte, ya en su fase final; y en 1930 tuvo activa participación en la formación de la célula aprista de Trujillo, junto con Antenor Orrego. Por su actividad proselitista, fue perseguido y torturado y, luego de la debelada revolución aprista de 1932, fue encarcelado, pero liberado al año siguiente, en 1933, por una ley de amnistía. En esta época empezó a publicar algunos relatos, pero en 1934 fue deportado a Chile. En 1935, su novela La serpiente de oro ganó el concurso de la editorial Nascimento de Chile, y en 1939 obtuvo, con su novela Los perros hambrientos, el segundo premio de novela de la editorial Zigzag, también de Chile. Dos años después, en 1941, con su gran novela indigenista, El mundo es ancho y ajeno, ganó el primer premio convocado a nivel continental por la editorial estadounidense Farrar & Rinehart. Después de recibir este premio se estableció en Estados Unidos, primero, y luego en Cuba y Puerto Rico. Se dedicó al periodismo, la traducción y la enseñanza universitaria, así como a la literatura, aunque no publicó nada por estos años. En 1960 retornó al Perú, donde a sus actividades usuales sumó la carrera política: se afilió al partido Acción Popular en 1963 y llegó a ser elegido diputado ante el Congreso de la República. En 1963 publicó su última obra: Duelo de caballeros (libro de cuentos). Falleció en 1967, en la localidad de Chosica. Dejó varias novelas inconclusas así como varios relatos inéditos, que fueron publicados por su viuda, Dora Varona, quien se convirtió en una gran estudiosa de su vida y obra literaria.

Su padre, José Eliseo Alegría Lynch, natural de Huamachuco, fue un joven intelectual, lector del anarquista peruano Manuel González Prada, que desafió la autoridad del abuelo del novelista, Don Teodoro Alegría, casándose con la hija del capataz de la hacienda (María Herminia Bazán Lynch), e intentando una pequeña reforma agraria entre los campesinos de Marcabal Grande. Don Teodoro, que había dejado a José Eliseo al frente de la Hacienda y vivía en Lima como Diputado, regresó a sus tierras y deportó a su hijo a Quilca, un modesto caserío en las estribaciones de la Cordillera de los Andes, y ahí nació y vivió su primera infancia Ciro Alegría, rodeado de indios, hasta la edad de cinco años, cuando se trasladó con sus padres a Marcabal Grande.

Algún tiempo después, el abuelo recordó que su nieto tenía que escolarizarse y lo separó de sus padres para enviarlo a Trujillo (capital del departamento de La Libertad, en la costa), donde se matriculó en el primer año de primaria en el Colegio San Juan, siendo su primer maestro, el que le enseñó a leer y escribir, el poeta peruano César Vallejo(1917). Durante esos años escolares vivió en casa de su abuela paterna Elena Lynch Calderón de la Barca de Alegría. En 1920 enfermó de paludismo y volvió a la sierra, prosiguiendo su educación primaria en el Instituto Moderno de Cajabamba. Vivió entonces en casa de su tío Gerardo Falcón, de dicha ciudad. En 1923 permaneció en la hacienda Marcabal Grande, donde se dedicó a las tareas agrícolas, a la cabeza de los peones. Aprendió entonces mucho de las costumbres y maneras de vivir de los indios.

En 1924 su padre lo envió de nuevo a Trujillo, para cursar la secundaria en el Colegio San Juan. Por entonces definió su vocación y escribió, alentado por su familia, sus primeros relatos y poemas. En especial su madre fue la que tuvo mucha influencia en su vocación literaria, pues a ella solía leerle sus primeras producciones, tomando muy en cuenta sus cariñosos y atinados comentarios. Las vacaciones de 1925 las pasó en la Hacienda Galindo, en las cercanías de Trujillo, en casa de su tío Constante Bazán Lynch. Tuvo entonces la oportunidad de ver como era la vida en una hacienda de caña de azúcar.
En 1926 falleció su madre, víctima de una penosa enfermedad. A mediados de ese año se escapó a Lima con un compañero de colegio apellidado Rojas, quien había inventado un acumulador y planeaba aprovecharlo comercialmente. Pero el amigo no logró su propósito y volvió a Trujillo mientras Ciro decidió permanecer en Lima, intentando publicar un artículo y varios cuentos. Pero igual que su amigo fracasó, no consiguiendo trabajo; sin dinero, tuvo que dormir a la intemperie, en las bancas del zoológico. Un tío suyo lo encontró y lo convenció de retornar a Trujillo. Ciro volvió entonces y reingresó al colegio para continuar cursando el tercer año de secundaria, logrando aprobar los exámenes finales, pese al tiempo perdido.
En 1927, cursando el cuarto año de secundaria, fue nombrado director de un pequeño periódico del Colegio, llamado Tribuna sanjuanista. La publicación llamó la atención de Antenor Orrego, entonces director del diario El Norte de Trujillo, quien convocó a Ciro para que trabajara con él como periodista, durante el período vacacional escolar de enero a marzo de 1928. Ciro trabajó como reportero policial, anotándose algunos éxitos, y publicando por primera vez sus versos, de tendencia vanguardista.
En 1928 siguió sus estudios, ya en el último año de la secundaria, aunque continuó trabajando en El Norte, después de clases, en trabajos especiales y que no le demandaban demasiado tiempo. En 1929 estuvo trabajando en una compañía de construcción, que hizo una carretera y el puente llamado Virú. Luego volvió a la redacción de El Norte. Ese mismo año enfermó de malaria. En 1930, tras discutir con Orrego, abandonó El Norte e ingresó a la redacción de otro diario trujillano, La Industria. También ese mismo año ingresó a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional de Trujillo. A fines del año participó junto con otros estudiantes en un movimiento de intento de reforma universitaria. El movimiento fracasó y junto con otros dirigentes fue expulsado de la Universidad.

A comienzos de 1931 se afilió al Partido Aprista, formando parte del Comité Ejecutivo del Primer Sector del Norte, con sede en Trujillo. Durante todo ese año estuvo dedicado a labores de propaganda política que luego pasaron a ser de oposición al naciente gobierno de Luis Sánchez Cerro.
En diciembre de 1931 fue apresado y estuvo en la cárcel de Trujillo hasta el 7 de julio de 1932, fecha que la revolución ocurrida en esa ciudad lo liberó. Tomó parte en la revuelta, que fue bárbaramente reprimida por las fuerzas del orden. Huyó rumbo al norte y tras varios meses de burlar a la policía, al fin fue capturado en la provincia de Celendín. Fue trasladado a Trujillo, donde el tribunal encargado de juzgar a los rebeldes ya lo había sentenciado a diez años de prisión, en ausencia. Fue torturado y luego enviado a Lima donde fue recluido en la Penitenciaría. Allí estuvo hasta que el nuevo régimen del general Óscar R. Benavides dio una ley de amnistía para los presos sin proceso y los que todavía seguían enjuiciados. Como ya había sido sentenciado, aparentemente no le beneficiaba la amnistía, pero un jurista descubrió un decreto que consideraba ilegales las condenas en ausencia. En tal caso Ciro quedaba como enjuiciado y le correspondía entonces la amnistía. Salió en libertad en octubre de 1933.
Enseguida ingresó a la redacción del diario aprista La Tribuna de Lima, donde hizo varias crónicas, reportajes y ocasionalmente la “Sección Barricada”. Tras intervenir en el llamado “complot de El Agustino” (intentona revolucionaria aprista en Lima), en diciembre de 1934 fue desterrado a Chile.

Arribó a Santiago el mismo día en que era asesinado su compatriota, el poeta José Santos Chocano.
En 1935 se casó con su tía Rosalía Amézquita y transformó su cuento “El Marañón” en la que sería su primera novela: La serpiente de oro, con la cual ganó en Chile el concurso literario convocado por la Editorial Nascimento. Al año siguiente fue elegido miembro del directorio de la Sociedad de Escritores de Chile y comenzó a trabajar en la Editorial Ercilla, como corrector de originales. Asimismo tradujo obras de Stefan Zweig e Ilya Ehrenburg, para la Editorial Zig-Zag.

A fines de 1936, como consecuencia de la dura vida de prisión y persecución política, enfermó de tuberculosis pulmonar. Se recluyó en el sanatorio de San José de Maipo y allí estuvo dos años. Antes de darle de alta le aplicaron un neumotórax. Una burbuja de aire le produjo entonces una embolia cerebral, lo que a la vez le causó una parálisis temporal de la mitad de su cuerpo, lo que le anuló momentáneamente la capacidad de escribir. Durante su recuperación y a manera de terapia, compuso su novela Los perros hambrientos, tarea que le demandó un mes de labor. Presentó la obra al concurso convocado por la Editorial Zig-Zag. De las 62 obras presentadas, la suya obtuvo el segundo puesto, siendo el fallo del jurado muy discutido. La novela se publicó en agosto de 1939.

Luego se dedicó a componer su novela más extensa, El mundo es ancho y ajeno, que ganó en 1941 el Concurso Latinoamericano de Novela, convocado desde Estados Unidos por la prestigiosa Editorial Farrar & Rinehart y auspiciado por la Unión Panamericana de Washington. Fue invitado a Nueva York para recibir el premio, que le fue entregado en un banquete que se le ofreció en el Hotel Waldorf Astoria, el Día de las Américas, el 14 de abril de ese año. Dicha obra se ha convertido en un clásico de la literatura peruana e hispanoamericana en general.
El 19 de abril de 1941, en compañía del ensayista venezolano Mariano Picón Salas, Alegría viajó a Puerto Rico y participó en la Conferencia Interamericana de Escritores. Concurrió posteriormente al Congreso de Escritores Americanos de Washington, donde conoció al escritor norteamericano Waldo Frank, con quien mantuvo desde entonces una gran amistad. En octubre de 1941 apareció la traducción al inglés de El mundo es ancho y ajeno (Broad and alien is the world) y su libro fue ubicado por la prensa en el cuarto lugar de ventas.

Después del ataque a Pearl Harbor y al impedírsele volver a Chile por motivo de la guerra, trabajó unos meses en la revista Selecciones del Reader's Digest (1942). Ocupó además un puesto en la sección de prensa de la oficina encargada de la propaganda de guerra de los Estados Unidos en América Latina, con sede en Washington. En 1943 fue trasladado a la sede de la oficina en Nueva York, trabajando en la sección de Radio, y eventualmente, en la de Prensa.
Durante 1945 se dedicó a trabajar como traductor en la compañía cinematográfica Metro-Goldwyn-Mayer. Se divorció de Rosalía Amézquita, de mutuo acuerdo. Asimismo fue llamado por don Federico de Onís para dictar un curso sobre la novela hispanoamericana en la Universidad de Columbia. Su amiga Gabriela Mistral lo invitó desde San Francisco (1946) y esta visita le sirvió para su libro póstumo Gabriela Mistral íntima.

En 1948 le recrudeció una vieja dolencia al hígado contraída en la Penitenciaría de Lima, debido a la comida grasienta que se le dio allí. Fue operado con éxito de la vesícula. Ese mismo año se separó pública e irrevocablemente del partido aprista, explicando su actitud en unas declaraciones y artículos publicados en El Diario de Nueva York. Aparte de este diario, colaboró también en La Prensa de la misma ciudad y en revistas en inglés como Red-Book, Encore, Free Woorld, The Nation y otras más. En 1949 fue contratado por la universidad de Puerto Rico, donde dictó durante cuatro años, cursos sobre Literatura Hispanoamericana y Técnica de la Novela, en el Departamento de Estudios Hispánicos, y un curso sobre Problemas Contemporáneos en la Facultad de Pedagogía. En esos años colaboró también en el diario El Mundo de San Juan de Puerto Rico y la revista Asonante.
En 1950 presentó al Congreso de Literatura Ibero-americana celebrado en Albuquerque, Nuevo México, un trabajo sobre “El Personaje de la Novela Hispanoamericana”. Se publicó en las Memorias de dicho Congreso.

En 1953 fue invitado al Congreso de Escritores Martianos en La Habana, donde se reunió más de un centenar de escritores de Europa y América. Fue nombrado vicepresidente de la Comisión II de dicho Congreso, dedicada a examinar los temas literarios y artísticos. Renunció a su cátedra de la Universidad de Puerto Rico y se estableció en Cuba, dedicándose intensamente a su trabajo como escritor y periodista. Trabajaba entonces en cuatro proyectos de novela. Desde Cuba colaboró también con la revista Letras Peruanas.

En 1956 fue invitado por la Universidad de Oriente (Santiago de Cuba) a dictar un curso sobre la novela y su técnica. Además, aceptó escribir la historia de la Casa Bacardi, productores del famoso ron del mismo nombre. Lo tituló Cien años de vida productiva y fue publicado en 1959.
También en 1956 conoció a la poetisa cubana Dora Varona Gil, con quien contrajo matrimonio el 25 de mayo de 1957. Con ella viajó por Estados Unidos, México, Puerto Rico, Santo Domingo y Jamaica.

En ese año de 1957 fue invitado al Festival del Libro Peruano, organizado por los editores Juan Mejía Baca, P. L. Villanueva y Manuel Scorza. Tras una larga ausencia de 23 años arribó al Perú el 4 de diciembre de 1957. Este retorno se había truncado en múltiples ocasiones a causa de la concatenación de dictaduras y gobiernos oligárquicos que le negaron su derecho a volver a su patria. Fue objeto de un recibimiento multitudinario, lo que le resultó abrumador debido a su natural timidez. Su obra alcanzó una difusión popular con el Festival del Libro Peruano, al que asistieron escritores amigos como Pablo Neruda, Jorge Icaza y Enrique López Albújar.
Con su esposa Dora Varona viajó por todo el Perú dando conferencias en Universidades y centros culturales. Fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Trujillo. Luego volvió a Cuba con la idea de volver pronto al Perú. En la isla caribeña terminó su libro sobre la Casa Bacardi, por el cual recibió un buen pago. Entonces residía con Dora en el pueblo de San Vicente, Dos Bocas, Oriente, en una casa de campo de su cuñado. Desde febrero de 1958 colaboró asiduamente en el diario El Comercio de Lima. En diciembre de 1958 nació su hija Cecilia. Pero al agravarse la situación política de la isla con motivo de la revolución cubana, decidió retornar al Perú con su familia.
El 12 de enero de 1960 arribó una vez más al Perú. En abril de ese año enfermó gravemente de úlcera duodenal. Al mes siguiente fue operado en el Hospital Obrero de Lima (hoy Hospital Guillermo Almenara), donde estuvo tres meses convaleciente. Aprovechó entonces para escribir varios cuentos y leyendas.
El 23 de abril de 1960 la Academia Peruana de la Lengua –dirigida por Víctor Andrés Belaunde– lo eligió por unanimidad como miembro de número. En octubre asistió al Tercer Festival del Libro de América, en Buenos Aires. Viajó a Montevideo y entretanto colaboró con el afamado diario argentino La Nación. En 1961 dejó de colaborar para El Comercio y empezó a escribir para el diario Expreso, y para la revista Caretas de Lima.
Se afilió al partido Acción Popular, liderado por su amigo, el arquitecto Fernando Belaúnde Terry. En 1962, con motivo de la campaña electoral, viajó por todo el país en gira política. Sufrió agresiones de sus antiguos correligionarios políticos, los apristas. A comienzos de 1963 ganó una diputación por Lima. En setiembre del mismo año se publicó su libro de relatos Duelo de caballeros, en la editorial Populibros de Manuel Scorza, obra que tuvo gran acogida.
Fue invitado al Segundo Encuentro Internacional de Escritores, celebrado en Berlín en 1964 y al que asistieron –entre otros– Jorge Luis Borges y Julio Ramón Ribeyro. Por invitación del Parlamento francés, viajó a Francia y después a Italia, país este por el que quedó fascinado (1965). Estando allí recibió una invitación especial de la Universidad de Yale y viajó a Nueva York, donde dictó varias charlas y conferencias. De retornó al Perú, pasó por Brasil. Ya en el Perú se mudó a Chaclacayo, en busca de mejor clima, y asistió al Primer Encuentro de Narradores Peruanos, convocado por la Casa de la Cultura de Arequipa, que dirigía el crítico Antonio Cornejo Polar. El 28 de mayo de 1966 fue elegido presidente de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas (ANEA), venciendo a Luis Alberto Sánchez, por entonces rector de la Universidad de San Marcos.
Bohemio y fumador empedernido, Alegría –quien se consideraba miembro de la “generación del 30”– frecuentó a artistas de diversas generaciones. Fue asiduo concurrente a las tertulias que organizaba el librero Juan Mejía Baca, alternando con Martín Adán, Arturo Hernández y Francisco Izquierdo Ríos.

Falleció el 17 de febrero de 1967, a las 1 y 30 de la mañana, a causa de una hemorragia cerebral, tras una agonía dolorosa. Su muerte fue sorpresiva, cuando aparentemente gozaba de buena salud y recién cumplidos los 58 años de edad. El Presidente Belaunde, como homenaje póstumo, decretó que le fueran tributados honores de Ministro de Estado. Fue también condecorado con las Palmas Magisteriales en su grado más alto: el de Amauta.

http://es.wikipedia.org/wiki/Ciro_Alegr%C3%ADa

Fragmento de "La serpiente de oro" de Ciro Alegría

" Por donde el Marañón rompe las cordilleras en voluntarioso afán de avance, la tierra peruana tiene una bravura de puma acosado. Con ella en torno, no es cosa de estar al descuido. Cuando el río carga, brama contra las peñas invadiendo la amplitud de las playas y cubriendo el pedrerío. Corre burbujeando, rugiendo en las torrenteras y recodos, ondulando en los espacios llanos, untuosos y ocres de limo fecundo en cuyo acre hedor descubre el instinto rudas potencialidades germinales. Un rumor profundo que palpita en todos los ámbitos, denuncia la creciente máxima que ocurre en febrero. Entonces uno siente respeto hacia la correntada y entiende su rugido como una advertencia personal. Nosotros, los cholos del Marañón, escuchamos su voz con el oído atento. No sabemos donde nace ni donde muere este río que nos mataría si quisiéramos medirlo con nuestras balsas, pero ella nos habla claramente de su inmensidad. "

El Poder de la Palabra
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