jueves, 2 de diciembre de 2010

02-DICIEMBRE JOSÉ MÁRMOL

JOSÉ MARMOL
Escritor y diplomático

02-12-1817

Obras: Amalia - El peregrino - El poeta - Armonías - El cruzado

José Mármol (Buenos Aires, 1817 – íd., 1871), poeta, narrador, periodista y político argentino perteneciente al Romanticismo.

Nació en Buenos Aires en diciembre de 1817. Estudió derecho en la Universidad de Buenos Aires, pero no terminó sus estudios y se entregó a la política. En 1839 fue detenido seis días, por el gobierno de Juan Manuel de Rosas. Temiendo por su vida, poco después partió como secretario del ministro plenipotenciario ante el Imperio del Brasil, general Tomás Guido.1 Una infidencia por documentos que envió al ministro inglés en Río, causó la separación de su cargo de secretario.
Se instaló en Montevideo, donde se reencontró con varios miembros de la Asociación de Mayo, como Juan Bautista Alberdi, Florencio Varela, Esteban Echeverría, Juan María Gutiérrez y Miguel Cané. Dado que todos estos habían sido perseguidos por el gobierno de Juan Manuel de Rosas, decidió exagerar sus sufrimientos durante los días que había estado en la comandancia de policía. Publicando un poema dedicado a Rosas, que incluía la dramática frase que supuestamente había escrito con carbón en las paredes de su celda:
“Como hombre te perdono
mi cárcel y cadenas...”
Escribió en periódicos como “El Nacional”, de Andrés Lamas, y “El Comercio del Plata”, de Florencio Varela. Publicó dos dramas de inspiración política y escribió una multitud de poemas y novelas panfletarias contra Rosas.
A partir de 1844 inició la publicación en formato de folletos de Amalia, una novela de costumbres y autobiográfica que por entonces no alcanzó a terminar.
En 1845 se embarcó hacia Chile, pero una tempestad desvió tanto el buque que lo llevaba que terminó en Río de Janeiro. No logró ser nuevamente aceptado por Guido, por lo que hizo un viaje a Colombia, donde residió algún tiempo en Medellín, donde contrajo una enfermedad venérea.
De regreso en Montevideo publicó sucesivamente tres periódicos, siendo el más importante La Semana, y colaboró en muchos otros. Se destacó por la vehemencia y pasión con la que atacaba a Rosas. En 1847 publicó en Montevideo seis cantos (aunque debió haber tenido doce) del poema Cantos del peregrino, autobiográfico y compuesto al compás de sus andanzas, aunque inspirado por el Childe Harold, de Lord Byron.
En 1847 publicó un drama, El poeta, que fue seguido por otro único drama, El cruzado, del año 1851. Ese mismo año publicó su agrupación de poemas líricos, titulada Armonías. Destacan en él su sensibilidad descriptiva y sus pasajes amorosos. Contiene también imprecaciones políticas, nunca ausentes en la obra de Mármol, cualquiera sea su género, pero el conjunto resulta algo irregular. En Mármol se vislumbran influjos de —aparte del ya citado Byron— Chateaubriand, José de Espronceda y José Zorrilla.
En 1852, tras la caída de Rosas, regresó a Buenos Aires, donde el presidente interino Justo José de Urquiza lo nombró ministro plenipotenciario en Chile. La separación del Estado de Buenos Aires de la Confederación Argentina frustró ese segundo proyecto de viajar a Chile.

Terminó de publicar en Buenos Aires su novela Amalia, que editó también en forma de libro en 1855, y que es considerada la primera novela conocida en la Argentina.
Fue senador provincial, y más tarde diputado a la Convención Constituyente del año 1860. En 1865 fue enviado al Brasil por el presidente Bartolomé Mitre, donde ajustó la Triple Alianza y las primeras operaciones de la Guerra del Paraguay.
Desde 1868 dirigió la Biblioteca Nacional, hasta que enfermó de un grave mal en la vista y se retiró de toda actividad.
Falleció en Buenos Aires en 1871, en plena epidemia de fiebre amarilla. Sus restos yacen en el Cementerio de la Recoleta.

http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_M%C3%A1rmol

Fragmento de "Amalia" de José Mármol

Primer fragmento: Daniel, uno de los protagonistas, unitario y luchador en la sombra del partido federal contra la dictadura, se dirige a otros jóvenes revolucionarios con palabras llenas de pesimismo.

"-No señores -contestó-, no hay más reunión que la presente. Hace quince días que tuve la palabra de cuarenta hombres para este caso. Después se me redujo a treinta. Ayer a veinte. Ahora os cuento y no hallo sino diez. ¿Y sabéis lo que es esto? La filosofía de la dictadura de Rosas. Nuestros hábitos de desunión, en la parte más culta de la sociedad; nuestra falta de asociación en todo y para todo; nuestra vida de individualismo; nuestra apatía; nuestro abandono; nuestro egoísmo; nuestra ignorancia sobre lo que importa la fuerza coelctiva de los hombres, nos conserva a Rosas en el poder, y hará que mañana corte end etal la cabeza de todos nosotros, sin que haya cuatro hombres que se den la mano para protegerse recíprocamente. Será siempre mentira la libertad; mentira la justicia; mentira la dignidad humana; y el progreso y la civilización, mentiras también, allí donde los hombres no liguen su pensamiento y su voluntad para hacerse todos solidarios del mal de cada uno, para vivir todos, en fin, en la libertad y en los derechos de cada uno. Pero donde no hay veinte hombres que unan su vida y su destino el día en que se juega la libertad y al suerte de su patria, la libertad y la suerte de ellos mismos, allí debe haber por fuerza un gobierno como el de Rosas, y allí está bien y en su lugar ese gobierno... Gracias, amigos míos, honrosas excepciones de nuestra raquítica generación, que tiene de sus padres todos los defectos sin ninguna de las virtudes. Gracias otra vez. Ahora ya no hay patria para mañana, como la esperábamos. Pero es preciso que la haya para dentro de un año, de dos, de diez, ¡quién sabe! Es preciso que haya patria para nuestros hijos siquiera. y para esto, tenemos desde hoy que comenzar bajo otro programa de trabajo incesante, fatigoso, de resultados lentos, pero que darán su fruto con el tiempo. El trabajo de la emigración. El trabajo de la propaganda en todas partes, a todas horas, sin descanso. El trabajo del sable en los movimientos militantes. El trabajo de la palabra y de la pluma donde haya cuatro hombres que nos escuchen en el exterior, porque alguna de esas palabras ha de venir a la patria en el aire, en la luz, en la ola. Mi presencia todavía es necesaria en Buenos Aires por algunas semanas; pero la vuestra, no. Hasta ahora he tratado de ser el dique de la emigración. Ahora la escena ha cambiado, y seré su puente. Al extranjero, pues. Pero siempre rondando las puertas de la patria. Siempre golpeando en ellas. Siempre haciendo sentir al bárbaro que la libertad aún tiene un eco; teniéndolo siempre en lucha hasta gastarle su fuerza, sus medios, su terror mismo. He ahí nuestro programa por muchos años. Es un combate de sangre, de espíritu, de vida, al que vamos a entrar. Aquel que sobreviva de nosotros, cuando la libertad sea conquistada, enseñe a nuestros hijos que esa libertad durará poco, si la sociedad no es un solo hombre para defenderla, ni tendrán patria, libertad, ni leyes, ni religión, ni virtud pública, mientras el espíritu de asociación no mate al cáncer del individualismo, que ha hecho y hace la desgracia de nuestra generación. Abracémonos y despidámonos hasta el extranjero."

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