martes, 7 de diciembre de 2010

07-DICIEMBRE WILLA CATHER

"Donde existe un gran amor, siempre se producen milagros."
WILLA CATHER
Escritora

07-12-1873

Obras: Crepúsculo de abril - El canto de la alondra - La muerte llega para el arzobispo - Sombras en la roca - Sapphira y la esclava joven (última novela)

Wilella Sibert Cather (Black Creek Valley, Virginia, 7 de diciembre de 1873 - Nueva York, 24 de abril de 1947), más conocida con el nombre de Willa Cather, escritora estadounidense.

Cuando tenía nueve años su padre trasladó la familia a un rancho cerca de Red Cloud, en Nebraska. Estudió en la Universidad de Nebraska, donde mantuvo una relación amorosa con la atleta Louise Pound. Al graduarse en 1895, se instaló en Pittsburg, donde trabajó como editora para el The Home Monthly. En 1901, dejó el trabajo para dar clases de latín y griego en una escuela de secundaria. Dejando el periodismo y la enseñanza, se dedicó por completo a la literatura, estableciéndose en Nueva York con su compañera Edith Lewis, hasta su muerte.

Famosa por sus novelas en las que retrata la vida cotidiana de personajes ordinarios de los Estados Unidos, empleando para ello un lenguaje igualmente cotidiano. Su obra refleja una fuerte influencia del novelista Henry James, aunque más tarde abandonó esta influencia para centrarse en la descripción de Nebraska, lugar en el que vivió con su familia desde los nueve años, logrando el éxito entre la crítica y el público. También publicó relatos breves y ensayos literarios.

Fragmento de "Para mayores de cuarenta" de Willa Cather

" Una de las primeras novelas americanas puede servir a la perfección de inspiración a los escritores de las últimas generaciones. En 'La letra escarlata' se observa con cuanta fidelidad al espíritu del arte se presenta la mise-en-scéne. El pobre estudiante de secundaria obligado a escribir su pequeño ensayo a duras penas podrá encontrar en ella alguna información sobre los modales, los vestidos y la decoración de interiores de la sociedad puritana. La investidura material de la historia se presenta como si fluyera de forma inconsciente; de la mano reservada y laboriosa del artista, no de los estridentes dedos de un showman o de la mecánica profesionalidad de un escaparatista de grandes almacenes. Según lo recuerdo, en la melancolía crepuscular de ese libro, en la constancia de su tono, es difícil ver las cosas que rodean a la gente; más que verse, diría que se sienten a la luz del atardecer.
(…)
Sería maravilloso poder tirar todos los muebles por la ventana y, junto con ellos, todas las reiteraciones sin sentido sobre sensaciones físicas, todas las viejas y aburridas pautas, y dejar la sala tan desnuda como el escenario de un teatro griego, o como esa casa a la que descendió la gloria de Pentecostés; dejar el escenario desnudo para el juego de las emociones, las grandes y las pequeñas, puesto que la insípida amplitud mata de igual forma el cuento infantil que la tragedia. Dumas padre enunció un gran principio cuando dijo que para crear un drama un hombre necesitaba una pasión y cuatro paredes. "

El Poder de la Palabra
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