viernes, 10 de diciembre de 2010

10-DICIEMBRE EMILY DICKINSON



"Todo lo que sabemos del amor es que el amor es todo lo que hay."
Emily Dickinson
Poetisa

10-12-1830

Emily Elizabeth Dickinson (Amherst, Massachusetts, Estados Unidos, 10 de diciembre de 1830 - íd., 15 de mayo de 1886) fue una poetisa estadounidense, cuya poesía apasionada ha colocado a su autora en el reducido panteón de poetas fundacionales norteamericanos que hoy comparte con Edgar Allan Poe, Ralph Waldo Emerson y Walt Whitman. Emily Dickinson pasó gran parte de su vida recluida en una habitación de la casa de su padre en Amherst, y, excepto cinco poemas (tres de ellos publicados sin su firma y otro sin que la autora lo supiera), su ingente obra permaneció inédita y oculta hasta después de su muerte.

Emily Dickinson provenía de una prominente familia de Nueva Inglaterra. Sus antepasados habían llegado a Estados Unidos en la primera oleada migratoria puritana, y la estricta religión protestante que profesaban influyó sobre la obra de la artista. Abogados, educadores y funcionarios políticos poblaban el árbol genealógico de Emily: uno de sus antepasados fue secretario del Ayuntamiento de Wethersfield, Connecticut en 1659; su abuelo Samuel Fowler Dickinson fue durante cuarenta años juez del condado de Hampton, Massachusetts, secretario del Ayuntamiento, representante en la Corte General y senador en el Senado Estatal.
El padre de la poetisa, Edward Dickinson, abogado por la Universidad Yale, fue juez en Amherst, representante en la Cámara de Diputados de Massachusetts, senador en la capital del Estado y por último representante por el estado de Massachusetts en el Congreso de Washington. Edward fundó la línea ferroviaria Massachusetts Central Railroad y también (con su padre Samuel) el Amherst College, entidad educativa intermedia entre una escuela secundaria y la Universidad que dio lustre cultural a su olvidada e insignificante aldea.
El socio de Edward Dickinson en su bufete jurídico era primo de Ralph Waldo Emerson que, por este motivo, siempre estuvo ligado al pueblo de Amherst e influyó sobre la filosofía y la obra de Emily.
La esposa de Edward y madre de la poetisa fue Emily Norcross Dickinson (1804–1882), que hacia el fin de su vida estuvo postrada y a cargo de sus hijas.
Emily Dickinson tuvo dos hermanos: el mayor, William Austin Dickinson (1829–1895), generalmente conocido por su segundo nombre, se casó con Susan Gilbert, amiga de su hermana Emily, en 1856 y vivió en la casa lindera a la de su padre.
Su hermana menor, Lavinia Norcross Dickinson (1833–1899), también conocida como Vinnie, fue la "descubridora" de las obras de Emily tras su muerte y se convirtió en la primera compiladora y editora de su poesía.

Emily Dickinson nació en el hogar de sus padres en la medianoche del 10 de diciembre de 1830, dos años después del casamiento. Muy apegada a los ideales y conceptos puritanos en boga, tardó muchos años en comenzar a rebelarse, aunque nunca de forma completa.
Emily prácticamente no recordaba a sus abuelos ni a sus tíos, pero de niña tuvo mucha relación con dos pequeñas primas huérfanas, a las cuales ayudó a educar e incluso llegó a leer en secreto algunos de sus poemas a una de ellas, Clara Newman. Es imposible reconstruir en forma completa la infancia de la poetisa a partir de los datos que poseen los investigadores, por lo escasos y fragmentarios. Se sabe sin embargo que el hermano mayor de Emily, William Austin Dickinson, un año y medio mayor que ella, nació el 16 de abril de 1829, se educó en el Amherst College y se convirtió en abogado —como su padre—, graduándose en la Universidad Harvard.
Austin Dickinson se casó en 1856 con Susan Huntington Gilbert, ex compañera de estudios de Emily en la Academia de Amherst, joven bella e inteligente que parece haber cumplido un importante papel en la vida emocional de la escritora. Susan Gilbert, al mudarse con Austin a la casa contigua a la que vivía Emily, se convirtió en amiga y confidente de la poetisa, y consta por la correspondencia mantenida "alambrada por medio" que su cuñada fue la segunda persona a quien le mostró sus poesías. Incluso se atrevió a sugerir a Emily algunos cambios y retoques —que no fueron realizados jamás—.
Lavinia Dickinson, su hermana menor, nacida el 28 de febrero de 1833, fue su compañera y amiga hasta el fin de su vida. Las pocas confidencias íntimas que se conocen de Emily provienen de Lavinia. Mujer brillante e inteligente, Vinnie sentía una profunda adoración por su hermana y por su talento poético. Sin embargo, respetó hasta la muerte de aquella su decisión de mantener ocultas sus obras, y protegió su vida privada hasta donde le fue dado hacerlo, creando y manteniendo el ambiente de calma, aislamiento y soledad que Emily necesitaba para dar forma a su gran producción poética. La fe de Lavinia en la importancia de la obra de su hermana la ha protegido para la posteridad, hasta su primera publicación póstuma. Al decir del biógrafo de Emily, George Frisbee Wicher, la devoción de Lavinia fue la responsable de hacer comprender al mundo que "la poetisa lírica más memorable de Estados Unidos había vivido y muerto en el anonimato".

La Academia de Amherst era sólo para varones; en 1838 se abrió por primera vez la inscripción de niñas, y fue allí donde Edward Dickinson y su esposa inscribieron en 1840 a Emily. A pesar de su humildad (escribió "Fui a la escuela pero no tuve instrucción"), la educación de Emily en la academia fue sólida y completa. Allí aprendió literatura, religión, historia, matemáticas, geología (cuyo profesor era también primo de Emerson) y biología. Recibió una sólida instrucción en griego y latín que le permitía, por ejemplo, leer la Eneida de Virgilio en su idioma original.
El punto más flojo de la educación de Emily fueron sin duda las matemáticas, que no le gustaban y para las cuales no tenía facilidad. Su talento narrativo hizo que escribiera las composiciones de sus compañeras que, en retribución, le hacían las tareas de álgebra y geometría. De este período se conserva una carta a su amiga Jane Humphrey, escrita a los 11 años de edad, que muestra un estilo académico y risueño: "Hoy es miércoles, y ha habido clase de oratoria. Un joven leyó una composición cuyo tema era ´Pensar dos veces antes de hablar´. Me pareció la criatura más tonta que jamás haya existido, y le dije que él debiera haber pensado dos veces antes de escribir".
El entonces rector de la academia era un experimentado educador recién llegado de Berlín. Edward Dickinson sugirió a su hija que se inscribiera en los cursos de alemán que daba, porque con seguridad no tendría otra ocasión de aprender ese idioma en el futuro. Además, la niña estudiaba canto los domingos, piano con su tía, y también jardinería, floricultura y horticultura, estas últimas pasiones no la abandonarían hasta el fin de su vida.
La educación de Emily Dickinson fue, por tanto, mucho más profunda y sólida que las de las demás mujeres de su tiempo y lugar. Sin embargo, en ocasiones la muchacha (cuya salud no era muy buena) se sentía saturada y sobreexigida. A los 14 años escribe a una compañera una carta donde dice: Terminaremos nuestra educación alguna vez, ¿no es verdad? Entonces tú podrás ser Platón y yo Sócrates, siempre y cuando no seas más sabia que yo".

Maria Jose Acuña Belaustegui 08 de diciembre a las 6:52
El Seminario para Señoritas Mary Lyon de Mount Holyoke también recibió a Emily Dickinson para ayudar a su formación religiosa y completar su educación superior. La jovencita abandonó en 1847 el hogar familiar por primera vez para estudiar allí.
Emily, con apenas 16 años, era una de las más jóvenes de entre las 235 estudiantes de Mount Holyoke, custodiadas por un selecto grupo de jóvenes maestras de entre 20 y 30 años de edad. La adolescente superó sin problemas los estrictos exámenes de admisión y se mostró muy satisfecha por la educación que se impartía en el seminario.
Allí intentaron que Emily se volcara de lleno en la religión —para dedicarse a misionar en el extranjero— pero la niña, tras un profundo examen de conciencia, encontró que aquello no le interesaba y se negó, quedando inscrita en el grupo de 70 alumnas a las que se consideró "no convertidas".
A pesar de ello, Emily y su portentosa imaginación eran muy populares en el seminario: una condiscípula escribió que "Emily siempre estaba rodeada en los recreos por un grupo de niñas ansiosas de escuchar sus relatos extraños y enormemente divertidos, siempre inventados en el momento".
En menos de un año, Emily superó el curso completo gracias, principalmente, a sus profundos conocimientos del latín. Aprobó rápidamente historia inglesa y gramática y sacó excelentes calificaciones en los exámenes finales, que eran orales y públicos. El curso siguiente se refería a química y fisiología y el tercero a astronomía y retórica, todos ellos tópicos sobre los que, como queda dicho, Emily tenía profundos conocimientos. Los profesores, a la vista de su evidente dominio de la botánica, le dieron esta materia por aprobada sin necesidad de cursarla ni de rendir exámenes.
En la primavera Emily enfermó y ya no pudo permanecer en el seminario. Edward Dickinson envió a Austin a buscarla y traerla de regreso. Después de esta segunda experiencia académica de su vida, Emily Dickinson ya no volvió a estudiar nunca más.

La vida privada de Emily Dickinson ha permanecido siempre velada al público, pero solo hace falta echar una mirada a sus poemas para descubrir en ellos una coherencia, pasión e intensidad extraordinarias. La mayor parte de su obra se ocupa de su amor hacia un hombre —cuyo nombre jamás es mencionado— con quien no podía casarse.
Lamentablemente, como la poesía de Emily fue publicada en un orden completamente arbitrario, no puede hoy en día distinguirse ninguna secuencia cronológica concreta, lo que destruye la posible progresión dramática que narraría la sucesión de emociones que sintió hacia este desconocido, que tuvo, sin embargo, una capital importancia en la vida de la artista y que pudo tener influencia, incluso, en su decisión de autorrecluirse.
Objeto de numerosas habladurías durante su vida y de muchas más después de su muerte, la vida emocional e íntima de Emily espera aún a ser revelada por los investigadores y estudiosos. La posible exageración de que fue objeto la contradice la propia poetisa al escribir: "Mi vida ha sido demasiado sencilla y austera como para molestar a nadie".
Ya entre 1850 y 1880 circulaban por Massachusetts numerosos rumores acerca de los amores de la hija del juez Dickinson, y después de la publicación de su primer libro de poemas cundieron las habladurías acerca de su desdichada "historia de amor".
Las teorías (populares o académicas) pueden dividirse en dos grupos: el amor con un joven a quien Edward Dickinson le prohibió seguir viendo, o la relación con un pastor protestante casado que huyó a una ciudad distante a fin de no sucumbir a la tentación. Ambas, aún sin poder ser comprobadas, tienen un pequeño trasfondo de verdad histórica.
La primera de ellas se refiere a un estudiante de ciencias jurídicas que trabajó en el estudio legal de Edward durante el año que Emily pasó en Mount Holyoke y el siguiente. La segunda se basa en la —como ella misma escribió— "intimidad de muchos años" con un importante religioso que le fue presentado en Filadelfia en 1854. A pesar de que ambas relaciones en verdad tuvieron lugar, no existe ni la más mínima prueba de que Emily Dickinson haya sido novia ni amante de ninguno de ellos; ni siquiera de se viera con ellos a solas en ninguna ocasión.

La vida privada de Emily Dickinson ha permanecido siempre velada al público, pero solo hace falta echar una mirada a sus poemas para descubrir en ellos una coherencia, pasión e intensidad extraordinarias. La mayor parte de su obra se ocupa de su amor hacia un hombre —cuyo nombre jamás es mencionado— con quien no podía casarse.
Lamentablemente, como la poesía de Emily fue publicada en un orden completamente arbitrario, no puede hoy en día distinguirse ninguna secuencia cronológica concreta, lo que destruye la posible progresión dramática que narraría la sucesión de emociones que sintió hacia este desconocido, que tuvo, sin embargo, una capital importancia en la vida de la artista y que pudo tener influencia, incluso, en su decisión de autorrecluirse.
Objeto de numerosas habladurías durante su vida y de muchas más después de su muerte, la vida emocional e íntima de Emily espera aún a ser revelada por los investigadores y estudiosos. La posible exageración de que fue objeto la contradice la propia poetisa al escribir: "Mi vida ha sido demasiado sencilla y austera como para molestar a nadie".
Ya entre 1850 y 1880 circulaban por Massachusetts numerosos rumores acerca de los amores de la hija del juez Dickinson, y después de la publicación de su primer libro de poemas cundieron las habladurías acerca de su desdichada "historia de amor".
Las teorías (populares o académicas) pueden dividirse en dos grupos: el amor con un joven a quien Edward Dickinson le prohibió seguir viendo, o la relación con un pastor protestante casado que huyó a una ciudad distante a fin de no sucumbir a la tentación. Ambas, aún sin poder ser comprobadas, tienen un pequeño trasfondo de verdad histórica.
La primera de ellas se refiere a un estudiante de ciencias jurídicas que trabajó en el estudio legal de Edward durante el año que Emily pasó en Mount Holyoke y el siguiente. La segunda se basa en la —como ella misma escribió— "intimidad de muchos años" con un importante religioso que le fue presentado en Filadelfia en 1854. A pesar de que ambas relaciones en verdad tuvieron lugar, no existe ni la más mínima prueba de que Emily Dickinson haya sido novia ni amante de ninguno de ellos; ni siquiera de se viera con ellos a solas en ninguna ocasión.

Mientras Emily padecía aún, luchando con la elaboración del duelo que la muerte de Newton había desatado en ella, conoció en Filadelfia en mayo de 1854 al reverendo Charles Wadsworth, a la sazón pastor de la Iglesia Presbiteriana de Arch Street. Wadsworth tenía 40 años y estaba felizmente casado, pero igualmente causó una profunda impresión en la joven poetisa de 23: "Él fue el átomo a quien preferí entre toda la arcilla de que están hechos los hombres; él era una oscura joya, nacida de las aguas tormentosas y extraviada en alguna cresta baja".
Si bien no es seguro que Emily haya sentido una fuerte atracción erótica hacia Newton, no existe duda alguna de que durante toda su vida posterior estuvo profundamente enamorada de Wadsworth. El pastor murió el 1º de abril de 1882, mientras que Newton falleció un 24 de marzo. En otoño de ese mismo año ella escribió: "Agosto me ha dado las cosas más importantes; abril me ha robado la mayoría de ellas"'. Al pie del texto se lee la siguiente y angustiosa pregunta: "¿Es Dios enemigo del amor?".
Al cumplirse el primer año de la muerte de Charles Wadsworth escribió: "Toda otra sorpresa a la larga se vuelve monótona, pero la muerte del hombre amado llena todos los momentos y el ahora. El amor no tiene para mí más que una fecha: 1º de abril, ayer, hoy y siempre".
Si a partir de estas confesiones queda claro el enorme impacto amoroso que Wadsworth tuvo sobre la vida de Dickinson, no hay prueba alguna de que ella haya sido importante para él. Tímido y reservado, no existe constancia de que se haya fijado en Emily en aquellas oportunidades.
Sin embargo, el único cuadro que colgaba en la habitación de la poetisa era un retrato en daguerrotipo del pastor de Filadelfia. Es interesante destacar que el profundo y eterno amor de Emily se generó y consolidó en sólo tres entrevistas (aunque hay indicios de un cuarto posible encuentro). Su hermana Lavinia, que vivió con ella toda su vida, por ejemplo, jamás conoció a Charles Wadsworth hasta la última vez.
Derivado de que no quedan documentos de las dos primeras ocasiones en que Wadsworth se encontró con Emily, es el hecho de que nunca conoceremos los verdaderos motivos por los que el pastor abandonó la Costa Este de los Estados Unidos y se fue a predicar a San Francisco en la primavera de 1861, en plena Guerra Civil.
Pero ella nunca lo olvidó. En 1869 Dickinson se enteró de que Wadsworth estaba de regreso en Filadelfia, y comenzó a escribirle cartas en 1870.
Pero pasaron veinte años antes de que volvieran a verse. Una tarde del verano de 1880, Wadsworth golpeó a la puerta de la casa de los Dickinson. Lavinia abrió y llamó a Emily a la puerta. Al ver a su amado, se produjo el siguiente diálogo, perfectamente documentado por Wicher. Emily le dijo: —¿Por qué no me ha avisado que venía, a fin de prepararme para su visita?, a lo que el reverendo respondió —Es que yo mismo no lo sabía. Me bajé del púlpito y me metí en el tren. Ella le preguntó, refiriéndose al trayecto entre Filadelfia y Amherst: —¿Y cuánto ha tardado?. —Veinte años, susurró el presbítero.
Charles Wadsworth murió dos años después, cuando Emily tenía 51 años, dejándola sumida en la más absoluta desesperación.
[editar]Comienzo de su reclusión
Tras las muertes de Newton y Wadsworth, la vida de Emily Dickinson quedó totalmente vacía y su único camino para evitar la muerte, según su principal biógrafo ya mencionado, consistió en la poesía.
Recrudeció entonces la tenaz negativa a la publicación de sus poemas y comenzó a dejar de salir de la casa de su padre y, con frecuencia, siquiera de su propia habitación.
La negativa a publicar (aunque la actitud de Dickinson tuviese paralelos históricos como por ejemplo Franz Kafka) no deja de ser una anormalidad que merece ser mejor estudiada en el futuro.
Si bien, como hemos dicho, Emily no se oponía a que la gente leyese sus poemas (le leía algunos a su prima Clara Newman y escribía otros para su cuñada Susan Gilbert), no dejaba que cualquiera los leyera. Aparte de los mencionados miembros de su familia, todas las demás personas que en vida de la poetisa leyeron sus trabajos eran profesionales de la literatura: escritores, críticos, profesores o editores, y pueden contarse con los dedos de una mano. La lista incluye a su "Maestro de las cartas" —Thomas Wenthworth Higginson—, al profesor Samuel Bowles, a la escritora Helen Hunt Jackson, al editor Thomas Niles y al crítico y también escritor Josiah Gilbert Holland.

MORIR NO DUELE MUCHO...

Morir no duele mucho:
nos duele más la vida.
Pero el morir es cosa diferente,
tras la puerta escondida:

la costumbre del sur, cuando los pájaros
antes que el hielo venga,
van a un clima mejor. Nosotros somos
pájaros que se quedan:

los temblorosos junto al umbral campesino,
que la migaja buscan,

brindada avaramente, hasta que ya la nieve
piadosa hacia el hogar nos empuja las plumas.

Versión de L.S.

PODRÍA ESTAR MÁS SOLA SIN MI SOLEDAD...

Podría estar más sola sin mi soledad,
tan habituada estoy a mi destino,
tal vez la otra paz,
podría interrumpir la oscuridad
y llenar el pequeño cuarto,
demasiado exiguo en su medida
para contener el sacramento de él,

no estoy habituada a la esperanza,
podría entrometerse en su dulce ostentación,
violar el lugar ordenado para el sufrimiento,

sería más fácil fallecer con la tierra a la vista,
que conquistar mi azul península,
perecer de deleite.

Versión de L.S.

http://amediavoz.com/dickinson.htm

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