martes, 21 de diciembre de 2010

22-DICIEMBRE HEINRICH BÖLL


"Ser adulto significa olvidar lo desconsolados que nos hemos sentido con frecuencia de niños"
Heinrich Böll
Escritor

21-12-1917

Obras: El tren llegó puntual - ¿Dónde estabas, Adán? - Retrato de grupo con señora - Opiniones de un payaso

Heinrich Teodor Böll. (21 de diciembre de 1917-16 de julio de 1985). Escritor alemán, figura emblemática de la literatura alemana de posguerra, también llamada "literatura de escombros".
Böll nació en Colonia (Renania del Norte-Westfalia), el 21 de diciembre de 1917, en una familia trabajadora. Entre 1924 y 1928 acude a la escuela elemental de Köln Raderthal, y de 1928 a 1937 realiza los estudios de secundaria en Colonia. Su primer contacto con la literatura lo tiene en 1937, trabajando en una tienda de libros y objetos antiguos que abandonará un año más tarde con el deseo de dedicarse a escribir. Durante la Alemania nazi marchó a un campo de trabajo del régimen, que era lo único que le podría permitir en el futuro entrar en la Universidad. Cuando estaba a punto de matricularse para cursar estudios de Filología Alemana, en el verano de 1939, fue reclutado para el Wehrmacht (ejército alemán).

Durante la Segunda Guerra Mundial luchó en Francia, Rumanía, Hungría y la Unión Soviética, casándose durante un permiso en 1942. Fue capturado como prisionero por el Ejército estadounidense en la primavera de 1945 y estuvo en campos de detenidos en Francia y Bélgica. Durante este tiempo muere su primer hijo.
En diciembre de 1945 regresa con su esposa a Colonia. Comienza de nuevo a escribir mientras repara su casa destruida por los bombardeos de la guerra. En 1949 publica su primer libro, Der Zug war pünktlich. Se integra en el Grupo 47 y hace amistad con Hans Richter y Alfred Andersch.

En 1971 es elegido presidente del PEN Club Internacional, en el 38 Congreso en Dublín.

Escritor ágil y de estilo fino, fue crítico con la xenofobia y el extremismo de derecha en Alemania. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1972.
Falleció en Langenbroich, cerca de la ciudad de Düren, el 16 de julio de 1985.

Fragmento de "Opiniones de un payaso"

"Entré en el cuarto de baño, vertí en la bañera parte de las sales de baño que Minika Silvs me había dejado y abrí el grifo del agua caliente. Bañarse es casi tan bueno como dormir, y dormir es casi tan bueno como hacer "la cosa". Marie la llamó así, y pienso en la cosa siempre en sus términos. No podía concebir que ella hiciese "la cosa" con Züpfner, mi fantasía no tiene compartimentos para tales ideas, del mismo modo que nunca estuve seriamente tentado de revolver en la ropa interior de Marie. Sólo llegaba a imaginarme que ella jugaría a la oca con Züpfner,y me enfurecía. Nada de lo que yo había hecho con ella lo podía ella hacer con él sin parecerme traidora o prostituta. Ni siquiera le podía extender mantequilla sobre el pan. Si imagino que ella toma del cenicero el cigarro de él y lo termina de fumar, casi me vuelvo loco, y no supone ningún alivio saber que él no fuma y que es probable que juegue al ajedrez. Algo debía ella hacer con él, y debía hablarle del tiempo y de dinero. En realidad lo único que ella podía hacer para él sin pensar continuamente en mí era cocinar, pues esto me lo hizo tan raras veces, que no sería necesariamente infidelidad y fornicación. Me hubiese gustado mucho llamar enseguida a Sommerwild, pero era aún demasiado pronto, ya que me había propuesto despertarle de su sueño allá por las dos y media de la madrugada, y conversar con él largo y tendido sobre arte. Las ocho de la noche era una hora demasiado decente para telefonearle y preguntarle cuántos principios de orden le había hecho tragar a Marie, y qué comisión había recibido él de Züpfner: ¿una cruz abacial del siglo trece, o una madona centrorrenana del catorce? También reflexioné cómo le asesinaría. A los estetas lo mejor es romperles en la cabeza un valioso objeto de arte, con lo cual sufren, aún al morir, por el crimen artístico. Una madona no sería lo bastante valiosa y es demasiado sólida, y moriría con el consuelo de que la madona se había salvado; y una pintura no es lo bastante pesada, si se exceptúa el marco, y le quedaría también el consuelo de que el cuadro se conservaba. Podría yo raspar la pintura de un cuadro valioso y estrangularle o asfixiarle a él con la tela: ningún crimen perfecto, pero un perfecto crimen estético. "

El Poder de la Palabra
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