martes, 28 de diciembre de 2010

24-DICIEMBRE JAMES HADLEY CHASE

JAMES HADLEY CHASE
Novelista

24-12-1906

Obras: No hay orquídeas para Miss Blandish - Más mortífero que el hombre - El mundo en mi bolsillo - Pégueles donde les duela y otras

James Hadley Chase, cuyo verdadero nombre era René Babrazon Raymond, (Londres, 24 de diciembre de 1906 - Corseaux, 6 de febrero de 1985), fue un escritor británico. Escribió también bajo los seudónimos James L. Docherty, Ambrose Grant, y Raymond Marshall.

Chase, un londinense hijo de un coronel británico de la Armada Británica, cursó sus estudios en la King's School, en Rochester, Kent y más tarde estudió en Calcuta. Dejó su hogar a los 18 años y trabajó en tiendas de libros, como vendedor de enciclopedias para niños, y como un mayorista de libros antes de comenzar su carrera como escritor, con la cual escribió más de ochenta libros de misterio. En 1933, Chase se casó con Sylvia Ray, con quien tuvo un hijo.

Durante la Segunda Guerra Mundial fue piloto de la Royal Air Force, logrando el grado de Líder de Escuadra. Chase editó el periódico de la RAF junto con David Langdon, y muchas de las historias que aparecieron fueron publicadas luego de la guerra en el libro Slipstream.1 Escribió principalmente novela negra.

Chase se mudó a Francia en 1956 y luego a Suiza en 1961, viviendo en forma apartada en Corseaux-Sur-Vevey, al norte del Lago de Ginebra, desde 1974. Falleció allí, el 6 de febrero de 1985.

Tomando como base la cultura de la Gran Depresión en Estados Unidos (1929-1939), la prohibición y el crimen organizado durante este período, y luego de leer la novela de James M. Cain El cartero siempre llama dos veces (1934), decidió probar suerte como escritor de novelas de misterio. Había leído previamente libros sobre la gángster americana Ma Barker y sus hijos, y con la ayuda de mapas y un diccionario, escribió en seis semanas No Orchids for Miss Blandish. El libro tuvo mucha popularidad y se convirtió en uno de los mejores vendidos de la década. Fue llevado al teatro en el West End de Londres, al cine en 1948 y en 1971 fue reescrito por Robert Aldrich bajo el título The Grissom Gang.
Durante la guerra, Chase se inspiró para escribir su cuento corto The Mirror in Room 22, en el cual también se basó en el género de crimen y suspenso. El cuento se ambienta en una vieja casa, ocupada por los oficiales de un escuadrón. El dueño de la casa se había suicidado en su habitación, y los últimos dos ocupantes de la casa habían sido encontrados con una máquina de afeitar en sus manos y sus gargantas cortadas. El comandante dice que cuando había comenzado a afeitarse delante del espejo, había visto otra cara en el mismo. La aparición tenía la máquina a través de la garganta. El comandante dice "Uso una afeitadora segura, de lo contrario, habría tenido un grave accidente". La historia fue publicada bajo el verdadero nombre del autor en la antología Slipstream, en 1946.

En 1946, Graham Greene, quien era un gran amigo de Chase, seleccionó una de sus novelas, Más mortífero que el hombre (escrita bajo el seudónimo Ambrose Grant), para publicarla bajo la firma Bloomsbury.

Chase escribió la mayor parte de sus libros usando un diccionario de jerga americana, mapas detallados, enciclopedias, y libros de referencia sobre el bajo mundo americano. La mayor parte de los libros estuvieron basados en eventos que ocurrieron en los Estados Unidos, aunque él nunca vivió en ese país, excepto por dos breves visitas a Miami y a Nueva Orleans. En 1943, el autor de suspenso anglo-americano Raymond Chandler declaró que Chase había incluido secciones completas de sus trabajos en Blonde's Requiem.2 El editor de Chase en Londres, Hamish Hamilton, obligó a Chase a publicar una disculpa en The Bookseller.

En varias de las historias de Chase el protagonista trata de hacerse rico cometiendo un crimen; un fraude de seguros o un robo. Sin embargo, el proyecto falla y termina en un homicidio y una investigación, en la cual el héroe se da cuenta de que nunca tuvo una oportunidad de salir de sus problemas. Las mujeres son generalmente fatales: hermosas, inteligentes y traicioneras; matan sin piedad si tienen que cubrir un crimen. Los argumentos se centran en familias disfuncionales, y el final suele justificar el título del libro.

A diferencia de las novelas de Agatha Christie, en casi ninguno de los libros el lector tiene que adivinar quién es el asesino. El lector sabe quién es desde el principio, y la trama de los libros radica en que Chase siempre mantiene al lector intrigado, preguntándose "¿qué sucederá ahora?".

En la mayoría de sus novelas, las mujeres desempeñan papeles importantes. El protagonista se enamora de ellas y asesina para complacerlas y poder conquistarlas. Sólo una vez que el crimen está consumado, el protagonista se da cuenta de que ha sido utilizado.
Chase es muy popular en Asia y en África. También ha tenido mucho éxito en Francia y en Italia, en donde más de veinte de sus libros han sido llevados al cine. La versión cinematográfica de su novela Eva, realizada en 1962 por Joseph Losey, fue producida por los hermanos Hakim. En la historia Stanley Baker interpreta a un escritor británico, Tyvian, quien está obsesionado con una fría femme fatale, Eve (Jeanne Moreau). Chase también ha sido muy popular en la Unión Soviética durante los años 1990 a 1993.


Fragmento de " No hay orquídeas para Miss Blandish"

I - Comenzó una mañana de verano, en julio. El sol asomó muy pronto en la niebla matutina y los pavimentos devolvían al aire el copioso rocío convertido ya en vapor. En las calles, el aire era pesado y no tenía vida.
Había sido un mes agotador, de intenso calor, de cielos sin nubes y de vientos bochornosos y cargados de polvo.
Bailey penetró en la casa de comidas de Minny, tras dejar a Old Sam dormido en el Packard. Se encontraba muy mal. Había bebido mucho la noche anterior y el calor aquel no ayudaba a despejarse. Tenía la boca reseca y los ojos irritados.
El local de Minny estaba vacío cuando entró. Era todavía temprano y la mujer acababa de limpiar los suelos.
Bailey sorteó los charcos y arrugó un poco la nariz al sentir el rancio olor a comida y sudor que había en el local.
La rubia, que se apoyaba sobre el mostrador, le dirigió una sonrisa que le hizo pensar en un piano. Aquella muchacha se había cuidado hasta parecer de lejos una estrella de cine cualquiera, aunque de cerca desmereciera un tanto. Se dio unos toques en los rizos apretados y amarillos y adelantó el busto, de modo que sus grandes senos apuntaron directamente a Bailey bajo el delgado vestido....

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