jueves, 20 de enero de 2011

20-ENERO MARCOS ANA


"Mi pecado es terrible: quise llenar de estrellas el corazón del hombre."
Marcos Ana
Poeta

20-01-1920

Fernando Macarro Castillo, más conocido como Marcos Ana (seudónimo formado con los nombres de sus padres), es un poeta español nacido en la pedanía de San Vicente, perteneciente al municipio salmantino de Alconada, el 20 de enero de 1920, aunque vivió su infancia en Ventosa del Río Almar, también en Salamanca. Fue el preso político que pasó más tiempo en las cárceles franquistas siendo, en 1961, uno de los primeros presos políticos liberados por la actividad de la recién fundada Amnistía Internacional

Fernando Macarro nació en una familia muy pobre de jornaleros, profundamente católicos. Era el menor de cuatro hermanos, y pasó la infancia en Ventosa del Río Almar junto con sus padres. Sus hermanos mayores cuando era un niño emigraron a Alcalá de Henares y a finales de la década de 1930, su hermana mayor, Margarita, le consiguió un trabajo a su padre en la localidad alcalaína, con lo que Fernando y sus padres se trasladaron a dicha ciudad. Su formación fue escasa, y a los doce o trece años dejó los estudios y se puso a trabajar como dependiente en una tienda, para poder aportar así ingresos a la familia. Con apenas dieciséis se afilió a las Juventudes Socialistas, que poco antes de la Guerra Civil se convertirían en las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), bajo la órbita comunista. En paralelo fue abandonando la religión.

Marchó al frente al estallar la Guerra Civil Española, en 1936, dentro del batallón de milicias "Libertad" de las JSU, combatiendo en la zona de Peguerinos, en la sierra de Madrid, durante los primeros días de la contienda.3 Al producirse la militarización de las milicias y la creación del Ejército Republicano, fue obligado a abandonar el campo de batalla por ser menor de edad. Macarro volvió a Alcalá de Henares donde fue secretario general de las JSU en la comarca de Alcalá. Durante la contienda, se afilió al Partido Comunista de España. En enero de 1937, su padre murió en un bombardeo de la Legión Cóndor sobre Alcalá.

Macarro no pudo incorporarse al ejército regular hasta que cumplió 18 años, en 1938. Trabajó como comisario político en la 44 Brigada Mixta (estacionada en El Pardo) y más tarde como instructor político de la juventud en la 8ª División del Ejército del Centro, también en El Pardo, responsabilidad que ocupó hasta el fin de la guerra. Antes del cerco total a la capital, consiguió escapar en dirección a Levante, al igual que muchos cuadros y dirigentes del ejército republicano, las organizaciones del Frente Popular, o del aparato estatal de la República. Como muchos otros miles, Macarro llegó al puerto de Alicante en espera de que algún buque los rescatase. No pudiendo alcanzar barco alguno debido al bloqueo naval franquista, se rindió a la unidades italianas (la División Littorio) que cercaban el puerto el 31 de marzo y fue apresado y confinado, primero en el campo de prisioneros de los Almentros, y posteriormente en el campo de concentración de Albatera. Pocos días después escapó y realizó el trayecto de vuelta a Madrid, donde fue nuevamente detenido a la semana de llegar, tras ser delatado por un confidente de la policía.

Su primera prisión fue la cárcel de Porlier. El régimen franquista le atribuyó el asesinato de tres personas, hechos por los que fue condenado a muerte en 1941. En sus memorias, Marcos Ana señaló:

En mi caso personal quedé impresionado y perplejo por las acusaciones del fiscal. Me hacían responsable de hechos sucedidos en Alcalá de Henares por los que ya habían sido juzgados muchos compañeros y algunos de ellos fusilados. Era la práctica habitual en aquella época confusa, especialmente en los pueblos: imputar a los dirigentes más conocidos la responsabilidad de todo lo ocurrido en el lugar.

Dos años después, su condena fue anulada por defecto de forma, si bien fue juzgado otra vez y condenado a muerte de nuevo. A este respecto, a principios de 2010, los periódicos del Grupo Intereconomía lanzaron una campaña en contra de Marcos Ana, presentando las acusaciones de los tribunales franquistas como hechos probados y verídicos.

En Porlier participó en la creación de un periódico clandestino, Juventud, en 1943, hecho por el que fue trasladado a la Dirección General de Seguridad, donde fue torturado. Fue condenado de nuevo a 30 años de reclusión por un delito contra la Seguridad del Estado y trasladado al penal de Ocaña en 1944. Tras pasar por la cárcel de Alcalá de Henares, terminó su trayectoria carcelaria en el penal de Burgos, donde permaneció desde 1946 hasta 1961. En 1943 había fallecido su madre, cuando se hallaba, condenado a muerte, en la cárcel de Porlier. En 1944 su pena de muerte había sido conmutada por treinta años de cárcel, siendo condenado en total a sesenta años.

En la cárcel conoció a periodistas como Eduardo Guzmán, director del periódico anarquista Castilla Libre, Manuel Navarro Ballesteros, director de Mundo Obrero18 o Javier Bueno, director de la Asociación de la Prensa de Madrid;19 escritores como Antonio Buero Vallejo, u Hoyos Vinent Durante su tiempo en prisión sufrió palizas y reiterados periodos de incomunicación. Su afición a la lectura se inició con antiguos libros que circulaban por el penal de obras autorizadas de clásicos españoles: Quevedo, Lope de Vega, Calderón. Pudo tener acceso a El Quijote a pesar de no estar permitida su lectura y, más tarde, a las obras prohibidas de Rafael Alberti, Miguel Hernández o Federico García Lorca gracias a la introducción clandestina de libros que se cuando se relajaron las medidas contra los presos políticos a partir de 1950.
A mediados de esa década fue cuando comenzó a escribir sus primeros poemas bajo el seudónimo de Marcos Ana que, escondidos, consiguieron salir al exterior y conocerse por muchos opositores a la dictadura. Su poesía animaba a combatir la dictadura con la palabra y hacía un llamamiento a la liberación de los presos políticos. Sus poemas contribuyeron a hacerle conocido fuera de España y a desencadenar una campaña internacional por su liberación, en la que destacaron Rafael Alberti y Pablo Neruda , que consiguió su liberación el 17 de noviembre de 1961. El Gobierno había promulgado un decreto según el cual las personas que llevaran más de veinte años ininterrumpidos en prisión serían excarceladas. Marcos Ana fue el único preso afectado por esta medida de gracia. Al producirse su liberación, sin embargo, y ante la repercusión internacional que había tenido la salida de Marcos Ana de la cárcel, el Ministerio de Información y Turismo, dirigido por Manuel Fraga, publicó un folleto titulado Marcos Ana, asesino, en el que reiteraban las acusaciones contra Ana que le habían supuesto su condena a muerte. Según Marcos Ana, si eso hubiera sido cierto, me hubieran fusilado muchos años atrás. Refiriéndose a otro folleto editado en la época por el mismo ministerio, que tacha de libelo, señala que esa política de descrédito era la respuesta franquista al daño que les hacía mi testimonio sobre las cárceles y los derechos humanos en España. El folleto era distribuido por las embajadas españolas en los países que visitaba Marcos Ana.

A principios de ese año, el PCE había hecho gestiones con Fidel Castro para que este tratase de conseguir de Franco la libertad del dirigente comunista Simón Sánchez Montero, el socialista Antonio Amat, el dirigente del Frente de Liberación Popular Julio Cerón Ayuso y del propio Marcos Ana a cambio de la de cuatro sacerdotes españoles que habían sido detenidos por el nuevo régimen castrista. Las gestiones no fructificaron.

Marchó al exilio en Francia, donde el Partido Comunista le invitó a establecer un servicio en París destinado a la propaganda antifranquista y al apoyo de los presos políticos españoles con la ayuda de personalidades del mundo de la cultura francesa y españoles exiliados: el Centro de Información y Solidaridad con España (CISE) con Pablo Picasso de presidente de honor, dirigido por Marcos Ana. En él participaban también Yves Montand, Michel Piccoli, Jean Paul Sartre o Jean Cassou. Desde ese puesto recorrió Europa y Sudamérica, pronunciando conferencias y organizando campañas de apoyo a los exiliados y opositores al franquismo. También fue miembro del comité central del PCE. En Chile conoció a Pablo Neruda, al que le uniría una gran amistad. En este puesto fue uno de los organizadores de las movilizaciones internacionales en contra del gobierno franquista a cuenta del fusilamiento de Julián Grimau el 20 de abril de 1963. La noche antes del fusilamiento, Ana hizo un último e infructuoso llamamiento a la clemencia desde Radio París.

En París conoció a Vida Sender, hija de exiliados anarquistas españoles, con quien tuvo un hijo, Marquitos, en 1963. Vida aportaba a la relación dos hijos de un matrimonio anterior. Posteriormente se separaron.

A principio de la década de los setenta, Ana se alineó con el secretario general del PCE, Santiago Carrillo, en contra de la facción más próxima a la Unión Soviética, encabezada por Enrique Líster. Carrillo le propuso en enero de 1971 como delegado permanente del PCE en el Congreso Mundial de la Paz, en sustitución de Líster, si bien fue finalmente Juan Antonio Bardem el propuesto por el PCE como miembro de la presidencia del Congreso. Líster fue expulsado, pero siguió contando con el favor del PCUS. Por ello, en octubre de 1973, Manuel Azcárate y Marcos Ana negociaron con el PCUS la exclusión de los seguidores de Líster de la delegación española en la reunión del Congreso Mundial de la Paz en Moscú en octubre de 1973, consiguiendo que Líster fuese sólo un "invitado especial".

Tras la muerte de Franco regresó a España en 1976. Durante la Transición continuó sus actividades dentro del Partido Comunista del que fue candidato al Congreso de los Diputados en las elecciones de 1977, por la provincia de Burgos, sin obtener escaño, y en el que ocupó distintas responsabilidades, como la de solidaridad internacional.

Su poesía ha sido calificada de "poesía de trinchera" y ha sido atribuida a "la fuerza de la convicción, la sentida sinceridad poética, la angustia, el miedo del hombre en el presidio". Su obra poética completa no se ha publicado, si bien se han recopilado en Venezuela. En 2007 publicó un libro de memorias, Decidme cómo es un árbol. Memoria de la prisión y la vida, prologado por José Saramago,36 y centrado en su estancia en la cárcel y en su actividad política fuera de ella hasta la Transición.35 Está traducido al portugués y al italiano. Fue la publicación de este libro de memorias la que le supuso su actual notoriedad a Marcos Ana.
En sus declaraciones públicas, Marcos Ana ha mostrado su espíritu de reconciliación:

La única venganza a la que yo aspiro es a ver triunfantes los nobles ideales de libertad y justicia social, por los que hemos luchado y por los que millares de demócratas españoles perdieron la libertad o su vida.

Con respecto a las atrocidades que tuvieron lugar durante la Guerra Civil, Marcos Ana ha reconocido las existentes en ambos bandos aunque se muestra "más comprensivo con las propias que con las ajenas, las del bando nacional"

Mi pecado es terrible;
quise llenar de estrellas
el corazón del hombre.
Por eso aquí entre rejas,
en diecinueve inviernos
perdí mis primaveras.
Preso desde mi infancia
ya muerte mi condena,
mis ojos van secando
su luz contra las piedras.
Mas no hay sombra de arcángel
vengador en mis venas:
España es sólo el grito
de mi dolor que sueña.

MI CASA Y MI CORAZÓN

Si salgo un día a la vida
mi casa no tendrá llaves:
siempre abierta, como el mar,
el sol y el aire.

Que entren la noche y el día,
y la lluvia azul, la tarde,
el rojo pan de la aurora;
La luna, mi dulce amante.

Que la amistad no detenga
sus pasos en mis umbrales,
ni la golondrina el vuelo,
ni el amor sus labios. Nadie.

Mi casa y mi corazón
nunca cerrados: que pasen
los pájaros, los amigos,
el sol y el aire.
.............................

Al pintor Miguel Vázquez
Al que sorprendí una noche llorando en la cárcel de Burgos.

Oídme amigos. He visto
con los ojos soñolientos
algo que quiero contaros.
Es la madrugada. Un preso
enfrente de mí despierta.
Se incorpora sobre un codo.
Lía un cigarro. Se sienta.
Mientras fuma tiene ausente
la mirada, como dormida la frente
(Sueña el viento en la ventana)
Tira el cigarro. Se inclina.
Saca un pedazo de pan,
se lo come lentamente
y después… rompe a llorar.
(Quizás no tenga importancia…
Yo os lo cuento)
Ya sabéis que a mi las losas
me han gastado hasta los huesos
del corazón,
pero ver llorar a un hombre
es algo, siempre, tremendo.
Y este preso no es un árbol
que se ha roto. Sigue ileso.
Pero de pronto ha venido
todo lo “suyo” a su encuentro
en esta noche tranquila…
Con su dolor en mi pecho
le miro. No puede verme.
Sus ojos están muy lejos.
Sus ojos cerca, llorando
tan suave, tan hondamente
que apenas si mueve el aire
y el silencio.
Un “alerta” le estremece.
(Por el patio
se oye cruzar el relevo)

PEQUEÑA CARTA AL MUNDO

Los dientes de una ballesta
me tienen clavado el vuelo.

Tengo el alma desgarrada
de tirar, pero no puedo
arrancarme estos cerrojos
que me atraviesan el pecho.

Siete mil doscientas veces
la luna cruzó mi cielo
y otras tantas, la dorada
libertad cruzó mi sueño.
El Sol me hace crecer flores,
¿para qué, si estéril veo
que entre los muros mi sangre
se me deshoja en silencio?

No sabéis lo que es un hombre,
sangrando y roto, en un cepo.
Si lo supieseis vendrías
en las olas y en el viento,
desde todos los confines,
con el corazón deshecho,
enarbolando los puños
para salvar lo que es vuestro.
Si llegáis ya tarde un día
y encontráis frío mi cuerpo;
de nieve, a mis camaradas
entre sus cadenas muertos…
recoged nuestras banderas,
nuestro dolor, nuestro sueño,
los nombres que en las paredes
con dulce amor grabaremos.
Y si no nos cerráis los ojos
¡dejadnos los muros dentro!
que se pudran con el polvo
de nuestra carne y no puedan
ser nuevas tumbas de presos.

No sabéis lo que es un hombre
sangrando y roto, en un cepo.
Si lo supierais vendríais,
en las olas y en el viento,
desde todos los confines,
para salvar lo que es vuestro.
Si llegáis ya tarde un día
y encontráis frío mi cuerpo
buscad en las soledades
del muro mi testamento:
al mundo le dejo todo,
lo que tengo y lo que siento,
lo que he sido entre los míos,
lo que soy, lo que sostengo:
una bandera sin llanto,
un amor, algunos versos…
y en las piedras lacerantes
de este patio gris, desierto,
mi grito, como una estatua
terrible y roja, en el centro.

MI CORAZÓN ES PATIO

A María Teresa León

La tierra no es redonda:
es un patio cuadrado
donde los hombres giran
bajo un cielo de estaño.

Soñé que el mundo era
un redondo espectáculo
envuelto por el cielo,
con ciudades y campos
en paz, con trigo y besos,
con ríos, montes y anchos
mares donde navegan
corazones y barcos.

Pero el mundo es un patio
(Un patio donde giran
los hombres sin espacio)
A veces, cuando subo
a mi ventana, palpo
con mis ojos la vida
de luz que voy soñando.
y entonces, digo: “El mundo
es algo más que el patio
y estas losas terribles
donde me voy gastando”.

Y oigo colinas libres,
voces entre los álamos,
la charla azul del río
que ciñe mi cadalso.
“Es la vida”, me dicen
los aromas, el canto
rojo de los jilgueros,
la música en el vaso
blanco y azul del día,
la risa de un muchacho…

Pero soñar es despierto
(mi reja es el costado
de un sueño
que da al campo)
Amanezco, y ya todo
-fuera del sueño- es patio:
un patio donde giran
los hombres sin espacio.

¡Hace ya tantos siglos
que nací emparedado,
que me olvidé del mundo,
de cómo canta el árbol,
de la pasión que enciende
el amor en los labios,
de si hay puertas sin llaves
y otras manos sin clavos!

Yo ya creo que todo
-fuera del sueño- es patio.

(Un patio bajo un cielo
de fosa, desgarrado,
que acuchillan y acotan
muros y pararrayos).

Ya ni el sueño me lleva
hacia mis libres años.
Ya todo, todo, todo,
-hasta en el sueño- es patio.
Un patio donde gira
mi corazón, clavado;
mi corazón, desnudo;
mi corazón, clamando;
mi corazón, que tiene
la forma gris de un patio.
(Un patio donde giran
los hombres sin descanso)

http://www.marcos-ana.com/?cat=7

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