sábado, 29 de enero de 2011

29-ENERO JAIME DÁVALOS



JAIME DÁVALOS
Poeta, músico

29-01-1921

Jaime Dávalos (1921-1981) fue un poeta y músico argentino.

Nació en la ciudad de Salta el 29 de enero de 1921, hijo del escritor Juan Carlos Dávalos y de doña Celecia Elena. Falleció en Buenos Aires el 3 de diciembre de 1981.

Cursó estudios en su ciudad natal. Recorrió íntegramente su suelo patrio, de uno a otro confín, en contacto íntimo con la tierra y sus hombres, bebiendo en los caminos, en las ciudades y aldeas ese rico venero que habría de transformar en poema, canto o relato. Trabajó también como ceramista y como titiritero.

Jaime Dávalos tuvo siete hijos: de su primer matrmonio con Rosa, tuvo a Julia Elena (conocida cantante), Luz María, Jaime Arturo y Constanza. De su segundo matrimonio (con María Rosa Poggi) tuvo a Marcelo, Valeria y Florencia. Todos de alguna manera se mantuvieron ligados a la música y al arte, continuando la tradición de una familia de artistas

Florencia, la menor de sus hijos (tenía 11 años cuando su padre murió), guarda recuerdos de un patio gigante en Zárate, adonde Jaime era un chico más jugando a las escondidas (nada de darles ventaja a sus hijos, nunca se dejaba encontrar) o hacía lucir sus oficios de titiritero y alfarero en tardes dedicadas a las artesanías. Recuerda, también, un proyecto que llevaba el sello de su padre y que marcó a la familia: el de la construcción de una casa en El Encón (cerca de Salta capital). «Fueron años construyendo esa casa, que era su reducto, yendo y viniendo de Zárate a Salta. Mientras la construía, vivíamos en un rancho, abajo del cerro», cuenta Florencia. Allí —cuenta María Rosa Poggi, quien lo acompañó en aquel sueño— Dávalos quería levantar “El alto de las artesanías”, un lugar que pudiera propiciar la reunión de artistas de todas las disciplinas. Le había pedido ese terreno aislado al gobierno de Salta, que en ese momento estaba adjudicando lotes. El mismo Dávalos lo cuenta en una biografía publicada en la revista Cuestionario: «Recuerdo la impresión que causó que yo me dirigiera al gobierno en verso. No faltó un pinche que me contestara: “No corresponde hacer lugar al pedido, por no ser de estilo su nota”. Y tuve que hacer la nota en prosa. Había lotes cerca de la ciudad, y arriba del cerro. Yo elegí entonces arriba del cerro, porque a mí me gusta la gente, no de los arrabales sino de más afuera: los pequeños arrenderos que están solos, arriba, sin sindicatos ni nada: en el aire».

VIDALA DEL NOMBRADOR

De mínimas heridas lastimado
Me voy muriendo a ratos tan ligero
Que me siento lejano
Y extranjero
Del que ayer fuera alegre y confiado.
Tengo un niño en el alma rezagado
No quiero endurecerme
Ay! No lo quiero
Ni ser un padre
Ni tener sombrero
Sino ser un cantor enamorado
Quiero permanecer en la tristeza
Y en la angustia de andar como los bichos
Perdido por el mundo de la leña
Llevar como una novia mi pobreza
Y morirme del gusto y del capricho
De ser un animal que canta y sueña.

SUDAMÉRICA

Nadie la para ya,
No pueden detenerla ni la calumnia,
Ni el boicot, ni nada.
Este es un continente de aventura
Que a los aventureros se los traga,
Les sube por la sombra despacito
Y el ojo codicioso les socava.
Vendrán los desahuciados de la tierra
Buscando sus riquezas legendarias
Hasta que un día en una sola greda
Se confundan las lenguas y las razas.
América, animal de leche verde,
Por la gran cordillera vertebrada,
Hunde el hocico austral bajo del polo
Y descansa en su fuerza proletaria.
Camina hacia la luz,
Lenta y segura,
Con el polen del sol en las entrañas.
Y su destino torrencial
Fijado esta en el tiempo
Por la Vía Láctea
Que el hambre, la violencia, la injusticia,
La voluntad del pueblo traicionada,
No harán sino aumentar su rebeldía,
No harán sino apurar en sus entrañas,
El hijo de la luz que viene a unirnos
En una sola espiga esperanzada.
Porque América tierra del futuro,
Igual que la mujer, vence de echada.

TRAGO DE SOMBRA (Zamba)

Pídele al viento firmeza
y al río que vuelva atrás
no me pidas que me quede
si toda mi vida contigo se va.

Llora en la tarde el lucero
y en el silencio sin fin,
por los profundos sauzales
desangra llorando su canto el crespín.

Yo te pido que nunca me tengas piedad
envenéname de amor,
dame a beber en tus ojos
dos tragos de sombra de tu corazón.

Cuando me voy de tu lado
crece en la ausencia el amor,
y en la distancia comprendo
no tiene sentido la vida sin vos.

Y si me miro en tus ojos
veo en el alba crecer
una frescura de trébol,
que moja el rocío del amanecer.

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