lunes, 31 de enero de 2011

31-ENERO ATAHUALPA YUPANQUI



"Soy un cantor de artes olvidadas que camina por el mundo para que nadie olvide lo que es inolvidable: la poesía y la música tradicional de Argentina."
Atahualpa Yupanqui
Cantautor, guitarrista, escritor

31-01-1908

Atahualpa Yupanqui, seudónimo de Héctor Roberto Chavero Aramburo (Pergamino, 31 de enero de 1908 – Nimes, 23 de mayo de 1992) fue un cantautor, guitarrista y escritor argentino.

Se le considera el más importante músico argentino de folklore. Sus composiciones han sido cantadas por reconocidos intérpretes, como Mercedes Sosa, Los Chalchaleros, Horacio Guarany, Jorge Cafrune, Alfredo Zitarrosa, José Larralde, Víctor Jara, Ángel Parra, Jairo, Andrés Calamaro, Divididos, Marie Laforêt y Mikel Laboa entre muchos otros, y siguen formando parte del repertorio de innumerables artistas, en Argentina y en distintas partes del mundo. En 1986 Francia lo condecoró como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras

Héctor Roberto Chavero Aramburo nació el 31 de enero de 1908 en la provincia de Buenos Aires, precisamente en el paraje conocido como Campo de la Cruz, y fue registrado en Pergamino, ciudad distante a 30 km de allí y 224 km al noroeste de Buenos Aires, capital de la República Argentina. Su padre era originario de la ciudad de Loreto, ubicada en la provincia de Santiago del Estero, y tenía sangre quechua. Su madre era natural de las por entonces llamadas Provincias Vascongadas y hoy en dia Comunidad Autonoma del Pais Vasco o Euskadi, España.
Los primeros años de su infancia los pasó en Agustín Roca, pueblo de su provincia natal, donde su padre trabajaba en el ferrocarril.

Allí sus días transcurren entre los asombros y revelaciones que le brinda la vida rural y el maravilloso descubrimiento del mundo de la música, al que se acerca a través del canto de los paisanos y el sonido de sus guitarras: "(...) mientras a lo largo de los campos se extendía la sombra del crepúsculo, las guitarras de la pampa comenzaban su antigua brujería, tejiendo una red de emociones y recuerdos con asuntos inolvidables. Eran estilos de serenos compases, de un claro y nostálgico discurso, en el que cabían todas las palabras que inspirara la llanura infinita, su trebolar, su monte, el solitario ombú, el galope de los potros, las cosas del amor ausente. Eran milongas pausadas, en el tono de do mayor o mi menor, modos utilizados por los paisanos para decir las cosas objetivas, para narrar con tono lírico los sucesos de la pampa. El canto era la única voz en la penumbra (...) Así, en infinitas tardes, fui penetrando en el canto de la llanura, gracias a esos paisanos. Ellos fueron mis maestros. Ellos, y luego multitud de paisanos que la vida me fue arrimando con el tiempo. Cada cual tenía 'su' estilo. Cada cual expresaba, tocando o cantando, los asuntos que la pampa le dictaba" ("El canto del viento", I).

Y la guitarra será un amor constante a lo largo de toda su vida. Luego de un breve y fracasado intento con el violín, comienza a tomar clases de guitarra con el maestro Bautista Almirón, y allí queda marcado a fuego su destino y su vocación. Descubre, además, la existencia de un vasto repertorio que excedía los temas gauchescos.

"Muchas mañanas, la guitarra de Bautista Almirón llenaba la casa y los rosales del patio con los preludios de Fernando Sor, de Costes, con las acuarelas prodigiosas de Albeniz, Granados, con Tárrega, maestro de maestros, con las transcripciones de Pujol, con Schubert, Liszt, Beethoven, Bach, Schumann. Toda la literatura guitarrística pasaba por la oscura guitarra del maestro Almirón, como derramando bendiciones sobre el mundo nuevo de un muchacho del campo, que penetraba en un continente encantado, sintiendo que esa música, en su corazón, se tornaba tan sagrada que igualaba en virtud al cantar solitario de los gauchos" ("El canto del viento", II).

Sus estudios no pudieron ser constantes ni completos, por diversos motivos: falta de dinero, estudios de otra índole, traslados familiares o giras de concierto del maestro Almirón, pero como él mismo señala estaba el signo impreso en su alma, y ya no habría otro mundo que ése: ¡La Guitarra! "La guitarra con toda su luz, con todas las penas y los caminos, y las dudas. ¡La guitarra con su llanto y su aurora, hermana de mi sangre y mi desvelo, para siempre!" ("El canto del viento", II).

Desde que empezó a dar a conocer sus poemas firmaba con el seudónimo de Atahualpa Yupanqui. La etimología de este nombre la dio él mismo: "Viene de lejanas tierras para contar algo" (Ata: viene; Ku: de lejos; Alpa: tierra; Yupanqui: narrarás, has de contar).
Se cuenta que sus manos fueron gravemente dañadas a culatazos por un grupo militar de extrema derecha. Las Coplas del payador perseguido, serían, al parecer, una respuesta a dicha agresión: "y aunque me quiten la vida/ o engrillen mi libertad/ y aunque chamusquen quizá/ mi guitarra en los fogones/ han de vivir mis canciones en l'alma de los demás". Esta canción estuvo prohibida en algunos países, como, por ejemplo, en la España franquista. Atahualpa Yupanqui estuvo exiliado en París, Francia. Murió en ese mismo país, la noche el 23 de mayo de 1992 en una habitación de hotel de la ciudad de Nimes, después de haber pedido un vaso de leche como último gesto antes de ir a dormir.

En 1932, Yupanqui participa de una revuelta contra la dictadura que había derrocado al gobierno de Hipólito Yrigoyen, la revuelta fracasa, Yupanqui se exilia al Uruguay y retorna a Argentina en 1934 luego de declararse una amnistía.

En 1945 Yupanqui se afilia al Partido Comunista al que renuncia en 1952. Su pertenecia al comunismo le acarreó carcel, tortura y exilio durante el régimen de Juan Perón:

En tiempos de Perón estuve varios años sin poder trabajar en la Argentina... Me acusaban de todo, hasta del crimen de la semana que viene. Desde esa olvidable época tengo el índice de la mano derecha quebrado. Una vez más pusieron sobre mi mano una máquina de escribir y luego se sentaban arriba, otros saltaban. Buscaban deshacerme la mano pero no se percataron de un detalle: me dañaron la mano derecha y yo, para tocar la guitarra, soy zurdo. Todavía hoy, a varios años de ese hecho, hay tonos como el Si menor que me cuesta hacerlos. Los puedo ejecutar porque uso el oficio, la maña; pero realmente me cuestan. Atahualpa Yupanqui

Hoy sus cenizas descansan en los jardines de su casa museo en la localidad de Cerro Colorado, a la sombra de un roble junto a las de Santiago Ayala "El Chúcaro", un gran bailarín de danzas folclóricas.

EL ÁRBOL QUE TÚ OLVIDASTE

El árbol que tú olvidaste
siempre se acuerda de ti,
y le pregunta a la noche
si serás o no feliz.

El arroyo me ha contado
que el árbol suele decir:
quien se aleja junta quejas
en vez de quedarse aquí.

Al que se va par el mundo
suele sucederle así.
Que el corazón va con uno
y uno tiene que sufrir,
y el árbol que tú olvidaste
siempre se acuerda de ti.

Arbolito de mi tierra
yo te quisiera decir
que lo que a muchos les pasa
también me ha pasado a mi.

No quiero que me lo digan
pero lo tengo que oír:
quien se aleja junta quejas
en vez de quedarse aquí.

A LA NOCHE LA HIZO DIOS

la noche la hizo Dios, para que el hombre la gane,
transitando por un sueño como si fuera una calle.
Platicar con un amigo, oir un canto en el aire,
ver el amor enredado en la niebla de los parques,
o adivinar un poema que nunca lo escribió nadie.
A la noche la hizo Dios, para que el hombre la gane.

La noche tiene un secreto y mi corazón lo sabe,
por más que quiera ocultarlo con terciopelos del aire.
Me lo contó una guitarra, hondo jagüel de saudades.

Lo aprendí en esas historias que cuentan los trashumantes,
lo leí en el rojo vino que en las madrugadas arde,
lo vi brillar pecho adentro, destilando soledades.

EL AROMO

Hay un aromo nacido,
en la grieta de una piedra.
Hay un aromo nacido,
En la grieta de una piedra.
Parece que la rompió pa' salir
de adentro de ella.

Está en un alto pelau,
No tiene ni un yuyo cerca.
Viéndolo solo y florido,
tuito el monte lo envidea.
Lo miran a la distancia,
árboles y enredaderas,
Diciéndose con rencor,
pa' uno solo cuanta tierra.

En oro le ofrece al sol,
pagar la luz que le priesta.
En oro le ofrece al sol,
pagar la luz que le priesta.
Y como tiene de más,
puñaos por el suelo siembra.

Salud plata y alegría,
tuito al aromo le suebra,
a según ven los demas,
dende el lugar que lo observan.

Pero hay que d'ir y fijarse, cómo lo estruja la piedra.
Fijarse que es un martirio la vida que le envidean.

En ese rajón el árbol nació por su mala estrella,
y en vez de morirse triste se hace flores de sus penas.

Como no tiene reparos,
todos los vientos le pegan.
Como no tiene reparos,
todos los vientos le pegan.
Las heladas lo castigan,
el agua pasa y no se queda.
Ansina vive el aromo,
sin que ninguno lo sepa.
Con su poquito de orgullo,
porque es justo que lo tenga

Pero con l'alma tan linda que no le brota una queja,
que no teniendo alegría se hace flores de sus penas.
Eso habrían de envidearle los otros, si lo supieran.

No hay comentarios:

Publicar un comentario