lunes, 17 de enero de 2011

16-ENERO CARLOS PELLICER


"Tú eres más mis ojos porque ves lo que en mis ojos llevo de tu vida."
Carlos Pellicer
Escritor, poeta

16-01-1897

Carlos Pellicer Cámara (San Juan Bautista (hoy Villahermosa, Tabasco, México; 16 de enero de 1897 - Ciudad de México; 16 de febrero de 1977). Fue un escritor, poeta, museólogo y político mexicano.
Era oriundo de San Juan Bautista, capital del estado de Tabasco. Su padre, también llamado Carlos, era farmacéutico, y su madre, Deifilia fue quién le enseñó las primeras letras, a leer versos y quién despertó en él una preocupación social.

Pellicer inició sus estudios de primaria en la escuela Daría González. La revolución mexicana lo contagió de su ímpetu. Los aviones lo hicieron soñar con ser piloto civil. Pero desde muy temprana edad descubrió su vena poética y la convicción de llegar a ser alguien importante.
En 1909, como consecuencia de la situación política que vivía Villahermosa, su padre se alistó en el ejército constitucionalista, por lo que él y su madre se trasladaron a vivir a la ciudad de Campeche. Por lo precario de su economía tuvo que trabajar y vender los dulces que elaboraba su madre, y allí empezó a escribir sus primeros sonetos.
Cursó estudios en la Escuela Nacional Preparatoria y en Colombia, a donde fue enviado por el gobierno del entonces presidente Venustiano Carranza. Fue cofundador de la revista San-Ev-Ank en 1918, de un nuevo Ateneo de la Juventud en 1919 y secretario privado de José Vasconcelos Calderón.

En la Escuela Nacional Preparatoria se relacionó con intelectuales de primera línea. Es nombrado agregado estudiantil para representar a México en Colombia y Venezuela. Desempeña su labor con éxito y regresa sorprendido por la dictadura Venezolana. Al rendir el informe de sus actividades ante la Federación de Estudiantes, pronunció un airado discurso en contra del dictador Juan Vicente Gómez, y causó un gran tumulto.

José Vasconcelos Calderón, rector de la Universidad Nacional, impresionado por sus palabras contra el dictador de Venezuela quiso conocerlo. Vasconcelos le dio trabajo en la Universidad, primero como escribiente y después como oficial. Simultáneamente ejerce como profesor de lengua castellana en la Escuela Nacional Preparatoria. Meses después, cuando el rector es nombrado secretario de Educación Publica, ocupa un puesto en esta institución.

Vasconcelos convoca a los jóvenes a participar apasionadamente en su proyecto educativo, que pretendía emular la hazaña de primeros evangelizadores. Los nuevos misioneros tenían la tarea de erradicar el analfabetismo de todos los rincones del país. Para este propósito formó grupos de voluntarios, que se lanzaron a las vecindades a dar clases.
En agosto de 1921, junto con Vicente Lombardo Toledano, Diego Rivera, José Clemente Orozco y Xavier Guerrero entre otros, fundó el Grupo Solidario del Movimiento Obrero. Fue profesor de poesía moderna en la UNAM y director del Departamento de Bellas Artes. Organizó los museos Frida Kahlo, el de la Venta, y el de Anahuacalli. Colaboró en las revistas Falange (1922-23), Ulises (1927-28) y Contemporáneos (1928-31).

Carlos Pellicer y Daniel Cosío Villegas emplearon los sábados y domingos para llevar a cabo la tarea de "evangelizar" en materia de letras a los vecinos de una vecindad de Peralvillo. Una mañana, muy temprano, cuenta Cosío Villegas, que entraron a un patio silencioso y desierto donde parecía no vivir nadie. El carácter tozudo del poeta lo hizo vociferar:
"¡Y bien! ¿Qué nadie vive aquí? Entonces, ¿quién riega las macetas, quién lava los corredores, quién barre el patio?"
Cuando los primeros curiosos se asomaron por las ventanas y algunos otros se acercaron desconcertados al joven que vociferaba; Pellicer se transformaba de pregonero de feria en misionero, les instaba a bajar para darles la buena nueva. Les contaba que era poeta, recitaba sus versos, o alguno de Salvador Díaz Mirón y cuando captaba la atención del público, les explicaba que todo esto era gracias a las letras.
A continuación, con ayuda de su pizarra trataba de iniciarles en el gusto por las letras. Cuando terminaba su explicación acordaban el día y la hora se verían para continuar las clases. Atrajo mucha gente, que se dividieron en dos grupos uno de los cuales atendía Daniel Cosío.
La transformación educativa iniciada por Vasconcelos tuvo frutos. En 1921 cuando había tomado a su cargo la Secretaría de Educación Publica sólo había 8 171 escuelas, 17 206 maestros y 679 897 alumnos, con un presupuesto de 2 218 000 pesos. En 1924 dejó un presupuesto de 52 363 000 pesos y también 13 487 escuelas, 26 065 maestros y 1 049 539 alumnos.
Años después, debido a una invitación que le hiciera el poeta argentino José Ingenieros para visitar París y con la ayuda de una beca para estudiar museografía en la Sorbona, Pellicer vive en Europa durante poco más de tres años.

Retorna a México para unirse a la campaña presidencial de José Vasconcelos Calderón. Al igual que a su llegada de Sudamérica, se encontró con una juventud pujante e irreverente y pasó a formar parte del llamado vasconcelismo. En 1929 fue detenido por este solo motivo cuando se disponía a dar su paseo acostumbrado de las Lomas a los Remedios.
Las gestiones de su familia y amigos consiguen su libertad en breve tiempo.

No fue fácil reiniciar la vida, abandonó la prisión para sumirse en una cárcel de libertad:
Que se cierre esa puerta que no me deja estar a solas con tus besos.
Así, escribiendo versos, comenzaba su exilio en su propia patria, pero no era la única puerta que rondaba en sus soledades, todas las entradas estaban cerradas. Era un poeta marcado por causa de su militancia vasconcelista. La pobreza lo había seguido toda la vida, pero hasta ese momento no le había hecho un poema a la miseria, lamentaba que sus padres tuvieran que sufragarle dinero para el tranvía.

A principios de 1931 cambia su suerte, publica: Cinco poemas y consigue ingresar como profesor de Historia de México, Historia Universal y Literatura Castellana en la Escuela Secundaria Nº4. Ejercería el magisterio durante veinte años.

Caminaba junto a sus alumnos por las calles de la ciudad, llevando traje y corbata. En aquella época, Pellicer gustaba vestir elegante. Hacía el final de su vida se despojó de cierta frivolidad. Ocultaba su calvicie con un sombrero y sus ojos con lentes oscuros. Ahora eran los jóvenes quienes podían decir que eran alumnos de Carlos Pellicer.

En 1932, durante el primer ciclo, de la primera temporada del Teatro Orientación Pellicer prueba suerte en las tablas y debuta como actor dramático. Actuó en la obra Georges Dandin con el papel protagonista. Su participación fue desastrosa, pues marcó su debut y despedida.
Uno de sus mejores pasatiempos era visitar a los libreros que se apostaban en las banquetas de las calles de Tacuba. Los hijos de uno de estos comerciantes habían sido sus condiscípulos en la Escuela Nacional Preparatoria y ahora eran activos proveedores de su antiguo compañero de escuela. Por otra parte continuaba impartiendo clases a los alumnos del tercer grado. Cuando comenzaban los cursos les indicaba cual era el programa a desarrollar y lo cumplía con puntualidad; aunque no era un maestro autoritario, hacía guardar el orden.

HOY QUE HAS VUELTO, LOS DOS HEMOS CALLADO...

Hoy que has vuelto, los dos hemos callado,
y sólo nuestros viejos pensamientos
alumbraron la dulce oscuridad
de estar juntos y no decirse nada.

Sólo las manos se estrecharon tanto
como rompiendo el hierro de la ausencia.
¡Si una nube eclipsara nuestras vidas!

Deja en mi corazón las voces nuevas,
el asalto clarísimo, presente,
de tu persona sobre los paisajes
que hay en mí para el aire de tu vida.

LA PRIMERA TRISTEZA HA LLEGADO. TUS OJOS...

La primera tristeza ha llegado. Tus ojos
fueron indiferentes a los míos. Tus manos
no estrecharon mis manos.
Yo te besé y tu rostro era la piedra seca
de las alturas vírgenes. Tus labios encerraron
en su prisión inútil mi primera amargura.
En vano tu cabeza puse en mi hombro y en vano
besé tus ojos. Eras el oasis cruel
que envenenó sus aguas y enloqueció a la sed.
Y se fue levantando del horizonte una
nube. Su tez morena voló a color. De nuevo
fue oscureciendo el tono de los días de antes.
yo abandoné tu rostro y mis manos
ausentaron las tuyas. Mi voz se hizo silencio.
Era el silencio horrible de los frutos podridos.
Oí que en mi garganta tropezó la derrota
con las piedras fatales.
Yo me cubrí los ojos
para no ver las lágrimas que huían hacia mí.
Luego tú me besaste, dijiste algo. Yo oía
llorar mis propias lágrimas en el primer silencio
de la primera tristeza. El alma de ese día
llegó de lejos -tu alma- y se quedó en mi pecho.

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