jueves, 24 de febrero de 2011

24-FEBRERO MARIANO BRULL


MARIANO BRULL
Poeta

24-02-1891

Mariano Brull Caballero (24 de febrero de 1891- 8 de junio de 1956) fue un poeta cubano por lo general asociado con el movimiento simbolista francés. Dos simbolistas que le influenciaron fuertemente fueron Stéphane Mallarmé y Paul Valéry. Entre los poetas cubanos de la primera mitad del siglo XX fue el más destacado de los que escribieron poesía por amor a la poesía, en oposición a la poesía centrada en cuestiones sociales o a la poesía que se inspiraba en la cultura de los cubanos de ascendencia africana. Debido a su interés en los sonidos de las palabras, se le conoce por un tipo de poesía llamado "jitanjáfora" donde las palabras virtualmente no tienen sentido pero dan mucha importancia a los sonidos. Diplomático de profesión, vivió muchos años en varios países de Europa y las Américas.

Brull nació en Camagüey, en el este de Cuba, donde estaba destinado su padre, Miguel Brull, un oficial del ejército español. Su madre, Celia Caballero, era descendiente de una familia de terratenientes que había residido allí durante muchas generaciones.

De niño vivió en Ceuta (una colonia española en la costa del norte de África) y Málaga (una ciudad del sur de España). Fue durante sus años de adolescencia, siendo un estudiante en Camagüey, cuando descubrió su pasión por la poesía. El y otros estudiantes fundaron una revista de corta vida para la que escribió poemas y ensayos. El joven Brull leía con impaciencia toda la poesía que pudo, y le impresionó especialmente la obra de los poetas simbolistas franceses.
En 1908 se trasladó a La Habana, donde asistió a la Universidad y se graduó como Doctor en Derecho a los 22 años. Trabajó en un bufete de abogados y también escribió poesía para la revista El Fígaro. Durante 1914 y 1915 fue miembro del pequeño grupo que se formó alrededor del crítico literario dominicano Pedro Henríquez Ureña. Henríquez, creyendo que Brull tenía futuro como poeta, se convirtió en su mentor. Le presentó a varios editores y sugirió que leyera a poetas con los cuales no estaba familiarizado.
En 1916 Brull publicó su primer libro de poesía, La casa del silencio. Poco después se casó con Adela Baralt y, en un giro profesional, ingresó en el servicio diplomático cubano. Brull estaba decidido a salir de Cuba donde, agotado por años de lucha por la independencia y preocupado por los problemas a que se enfrenta cualquier país nuevo, las artes estaban anémicas, desinteresadas en los grandes experimentos (cubismo, futurismo, etc.) que habían brotado con tanta fuerza en Europa.

Aunque impaciente por llegar a Europa, los dos primeros países a donde fue enviado como diplomático fueron los Estados Unidos y Perú. A mediados de los años 20 estuvo destinado en Madrid. Allí tuvo la suerte de participar en las reuniones de los cafés literarios frecuentados por muchos de los mejores poetas españoles del siglo XX: Federico García Lorca, Rafael Alberti, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre y otros. Mientras vivía en Madrid, algunos de los primeros poemas de Brull se publicaron en París en una traducción al francés.
En 1923 Brull se unió a unos 60 jóvenes profesionales de La Habana que habían decidido tomar una postura pública en contra de la pasividad y la mediocridad reinante en la política y la cultura. Llamado El Grupo Minorista, exigió un fin a años de atraso cultural y una afirmación agresiva de las nuevas tendencias artísticas que salían de Europa. En política, denunció las dictaduras en general y pidió la formación de un gobierno cubano que respondiera mejor a los deseos del pueblo.
En Paris, donde vivía en 1928, publicó su segundo libro de poesía, Poemas en menguante, que fue escrito en español.
Los Brull vivieron en París entre 1927 y 1934 con sólo dos interrupciones de un año, cada una, una en Berna y La Habana. El retorno de los Brull a La Habana coincidió con numerosos disturbios y manifestaciones en los que los estudiantes se enfrentaron con la policía del gobierno del presidente Gerardo Machado, un dictador cada vez más despiadado.
Brull pasó la Gran Depresión de regreso a París. Dos o tres veces al año hacía viajes a distintas partes del mundo. Con frecuencia, visitó La Habana por razones de trabajo, volvió al sur de España, la tierra de su infancia, y pasó por Ciudad de México, donde charlaba con sus amigos Gabriela Mistral, la poetisa chilena, Alfonso Reyes, el hombre de letras mexicanas y otros.
En 1934, su tercer libro de poesía, Canto Redondo, apareció en París. Estuvo en Roma entre 1934 y 1937, años en que el fascismo estaba vivo y floreciente.
Después de trasladarse a Bruselas (por segunda vez) a finales de la década de los 30, Brull estuvo a cargo de atender a algunos de los judíos alemanes que, buscando visas para emigrar, formaban colas delante de las legaciones y embajadas de numerosos países. Durante estos años fue delegado de Cuba en la Reunión XVII de la Asamblea de la Sociedad de las Naciones y, además, el Comisario para la repatriación de los cubanos que huían de la Guerra Civil Española.8 Brull había decidido que una guerra entre todos los europeos era inminente - aunque la mayoría de sus colegas y amigos no estaban de acuerdo - y presionó al Ministerio para ser enviado de regreso a La Habana. El se fue en junio de 1939. El buque que transportaba todos los efectos y mobiliario de los Brull a Cuba, un año más tarde, fue torpedeado y hundido por un submarino alemán.

En 1939, una edición bilingüe (francés-español), Poëmes, salió en París, con un prefacio escrito por una de las grandes figuras literarias de Francia en aquel momento, Paul Valéry. Brull trabajó durante muchos años en una traducción al español de los poemas más famosos y más difíciles de Valéry : "Le Cimetière Marin" (El cementerio marino) y "La Jeune Parque" (La joven parca).

En Cuba, Brull fue uno de los principales organizadores de un congreso del Instituto Internacional de Cooperación Intelectual, celebrado en 1941. Esta organización estaba formada por intelectuales destacados que creían que el intercambio de ideas ayudaría a conducir a una solución la tensión de la década de 1930 y la violencia de la Segunda Guerra Mundial. Brull admiraba a la gente que era capaz tanto de la acción como del pensamiento. El no comulgaba con la actitud estática de la famosa estatua de Rodin, "El Pensador". El héroe de Brull era el periodista y poeta cubano, José Martí, quien fue responsable de organizar la resistencia cubana contra España y murió en una escaramuza con soldados españoles durante la Guerra de la Independencia.
Su quinto libro de poesía, Solo de rosa, apareció. Sus poemas también vieron la luz en las publicaciones literarias cubanas más importantes: Social, Gaceta del Caribe, Espuela de Plata, Clavileño, Orígenes y El Fígaro. Tenía largas conversaciones con el poeta español exiliado, Juan Ramón Jiménez, quien escribía un tipo similar de poesía.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Brull fue asignado a Washington, D.C., y en 1945 fue enviado a Ottawa para establecer la primera misión diplomática de Cuba en Canadá.
En Bruselas, una vez más, en 1950, publicó Temps en Peine. Tiempo en pena, en una edición bilingüe. Aquí, también, murió su esposa después de muchos años de lucha contra un cáncer.
Al final de su carrera fue el embajador de Cuba en Uruguay. Sin embargo, se negó a cumplir con una orden del dictador cubano, Fulgencio Batista, y renunció abruptamente, poniendo fin a 47 años en el servicio diplomático cubano. Ese mismo año (1954) su último libro de poemas, Rien que... (Nada más ...), salió en París.

De nuevo en La Habana, centró su atención en modernizar la finca ganadera que había heredado de su madre. Sin embargo, un tumor cerebral agresivo le debilitó poco a poco y finalmente le dejó en coma. Murió a la edad de 65 años en 1956.

EPITAFIO A LA ROSA

Rompo una rosa y no te encuentro.
Al viento, así, columnas deshojadas,
palacio de la rosa en ruinas.
Ahora —rosa imposible— empiezas:
por agujas de aire entretejida
al mar de la delicia intacta,
donde todas las rosas
—antes que rosa—
belleza son sin cárcel de belleza.

ESCALONES

Yo me esconderé pero que no me
veas ¡oh Tiempo! por invisible
claro viajero. Yo te observaré
en tu intimidad, cuando crees
estar solo y desnudas el secreto
de tu huidiza transparencia.
Yo te adivino como prestidigitador
que saca algo donde parece no
haber nada, y puedes multiplicar
hasta el infinito las túnicas
color de aire, o color de agua,
y entonces quedarte inmóvil
en el mismo borde de la nada.
Allí te veo en la linde que no puedes
pasar

http://www.poesi.as/Mariano_Brull.htm

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