lunes, 7 de marzo de 2011

07-MARZO BEN AMES WILLIAMS


BEN AMES WILLIAMS
Escritor

07-03-1889

Obras: Que el cielo la juzgue

Ben Ames Williams (7 de marzo 1889 – 4 de febrero 1953)

Escritor americano que publicó sobre treinta novelas, incluyendo La mujer extraña (1945), La casa se dividió (1947), Déjela al cielo (1946), y Viene el resorte (1940). Su escritura atravesó una amplia gama de géneros y mostró maestría considerable en un número de campos divergentes. Williams alcanzó su renombre más grande cuando tres de sus libros, Déjela al cielo, La mujer extraña, y Todos los hermanos eran valerosos fueron adaptados a la película.

Fragmento de "El cielo la juzgue"

Primera parte

Leick y el barquero aseguraron la canoa para que pudiese ser remolcada sin dificultad. Luego cargaron la lancha, tras lo cual se acercaron primero al lugar donde Harland aguardaba. Harland había permanecido apartado, contemplando fijamente la hendidura que se formaba entre unas montañas lejanas y en cuyo lugar nacía seguramente el río. Más allá del embarcadero, precisamente en donde terminaba el camino, había un garaje construido con planchas metálicas, en el cual cabrían aproximadamente media docena de coches. Sentados sobre el pie del depósito de gasolina, tres hombres contemplaban a Harland y a sus compañeros. Durante la espera, éste pudo distinguir fácilmente el leve murmullo de sus voces. No tuvo necesidad de entender sus palabras para saber de lo que hablaban, y no puede decirse que esta seguridad le hiciese dichoso. Leick dijo suavemente:

—Cuando quiera. Estamos listos.

Harland se acercó y saltó a la lancha, sentándose a popa, mientras Leick soltaba las amarras. El motor se puso en marcha y partieron.

Wes Barrell, al cuidado del timón, miró hacia atrás y se despidió con un ademán de los tres individuos sentados al pie del poste de gasolina. Harland vio en este movimiento un oculto significado, como si Wes quisiera dar a entender que a su vuelta tendría cosas sabrosas que contar. Leick también miró hacia atrás, pero no tardó en acercarse al barquero y entablar conversación con él. Harland quedó solo. Miró cuanto iba quedando atrás. De una rápida ojeada abarcó el garaje, el limpio y pequeño hotel, la media docena de casas y el almacén. Aquélla sería la última vez que viese durante mucho tiempo un mundo civilizado, con excepción de algún encuentro ocasional con determinadas personas.

«Quizá para siempre», pensó con amargura, con resignación, con una calma absoluta. Y volviendo la espalda a aquel paisaje miró hacia delante.

http://www.elpais.com/articulo/cultura/cielo/juzgue/elpepucul/20060517elpepucul_4/Tes

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