sábado, 12 de marzo de 2011

12-MARZO GABRIELE D'ANNUNZIO


"Mil pensamientos juntos no pesan lo que un pensamiento solo cuando es único”.
Gabriele D'annunzio
Novelista, poeta, dramaturgo

12-03-1863

Obras: El placer - El inocente - El triunfo de la muerte y otras

Gabriele D'Annunzio (Pescara, 12 de marzo de 1863 – Lago de Garda, 1 de marzo de 1938) fue un novelista, poeta y dramaturgo italiano. Entre sus novelas se encuentra El inocente, que Luchino Visconti llevó a la gran pantalla.

Gabriele era el hijo de un terrateniente de Pescara. Publicó su primer libro de poesía a los 16 años. En 1881 ingresó en la Universidad de La Sapienza de Roma, en la que formó parte de los diversos grupos literarios existentes. También escribió críticas y artículos para periódicos locales. Su primera novela, Il piacere (El placer), se publicó en 1889.

Se casó con Maria Hardouin di Gallese en 1883, y con ella tuvo tres hijos, pero su matrimonio terminó en 1891. En 1894 inició una tempestuosa historia de amor con la actriz Eleonora Duse, relación que terminó en 1910. En 1897 D’Annunzio fue elegido miembro de la Cámara de los Diputados por un periodo de tres años pero en 1910 su estilo de vida temerario le obligó a dimitir. Huyó a Francia para escapar de sus acreedores. Allí colaboró con el compositor Claude Debussy en la obra El martirio de San Sebastián (1911).

Tras el inicio de la Primera Guerra Mundial, D’Annunzio regresó a Italia e hizo varios discursos apoyando la entrada de Italia en el bando de los aliados. Fue piloto de guerra voluntario y perdió la visión de un ojo en un accidente aéreo. El 9 de agosto de 1918, como comandante del escuadrón número 87 conocido como «La Serenísima», organizó una de las mayores hazañas de la contienda al conseguir que nueve aviones realizaran un viaje hasta Viena para lanzar panfletos propagandísticos.

La guerra hizo que sus ideas nacionalistas se hicieran más fuertes. La cesión de la ciudad de Fiume (actualmente Rijeka en Croacia) en la Conferencia de París de 1919 le irritó. Lideró a los nacionalistas italianos de la ciudad que se apoderaron de ella y forzaron la retirada de las tropas angloamericanas, francesas y británicas que la ocupaban. Pretendía que Italia se anexionara de nuevo Fiume, pero la petición fue denegada.

Entonces, D’Annunzio declaró Fiume como un estado constitucional independiente, el Estado libre de Fiume, presagio del posterior sistema fascista italiano. Se nombró a sí mismo Duce. Intentó organizar una alternativa a la Sociedad de Naciones para las naciones oprimidas (y selectas) del mundo (como Fiume) e intentó realizar alianzas con varios grupos separatistas de los Balcanes sin demasiado éxito.

D’Annunzio ignoró el Tratado de Rapallo y declaró la guerra a Italia. Finalmente se rindió en diciembre de 1920 después de que la armada italiana bombardeara la ciudad. Después del incidente de Fiume, D’Annunzio se retiró a su casa del Lago de Garda y pasó sus últimos años escribiendo. Aunque tuvo una gran influencia en la ideología de Benito Mussolini nunca estuvo directamente involucrado en los gobiernos fascistas italianos.

En 1937 fue nombrado miembro de la Real Academia Italiana. Gabriele D’Annunzio murió de forma fulminante el 1 de marzo de 1938. Mussolini le ofreció funerales de estado.

MUJERES

Han existido mujeres serenas de ojos claros,
infinitas y silenciosas como esa llanura
que atraviesa un río de agua pura.

Han existido mujeres con visos de oro,
rivales del estío y del fuego, semejantes a
trigales lascivos que no hieren la hoz
con sus dientes pero arden por dentro
con fuego sideral ante el cielo despojado.

Han existido mujeres tan leves
que una sola palabra, una sola,
las convirtió en esclavas. Y existieron otras,
de manos rojizas, que al tocar una frente
suavemente disiparon ideas terribles.

Y otras cuyas manos exangües y elásticas,
con giros lentos aparentaban insinuarse
creando una urdimbre rara y fina
en que las venas simulaban
hilos de vibración ultramarina.

Mujeres pálidas, marchitas, devastadas,
ardidas en el fuego amoroso
hasta lo más profundo de sí mismas,
consumido el rostro ardiente,
con la nariz agitada por el impulso
de inquietas aletas, con los labios abiertos
como yendo hacia las palabras pronunciadas,
con los párpados lívidos
como las corolas de las violetas.

Y todavía han existido otras y,
maravillosamente, yo las he conocido.

Versión de Luis A. Cano

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