martes, 15 de marzo de 2011

14-MARZO ARTURO CAPDEVILA


ARTURO CAPDEVILA
Poeta, dramaturgo, narrador

14-03-1889

Arturo Capdevila (Córdoba; 1889 - Buenos Aires; 1967) fue un poeta, dramaturgo, narrador, ensayista, abogado, juez, profesor de filosofía y sociología e historiador argentino.

En 1913 se doctoró en Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad Nacional de Córdoba, desempeñándose posteriormente allí como catedrático de Filosofía y Sociología y siendo al mismo tiempo magistrado, hasta 1922. Se trasladó entonces a la ciudad de Buenos Aires, donde prosiguió su labor docente y continuó su obra literaria.

Fue presidente del Instituto Popular de Conferencias del diario "La Prensa". Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en los años 1920, 1923 y 1931. La Sociedad Argentina de Escritores le otorgó el Gran Premio de Honor en 1949, en reconocimiento al libro de poemas "El Libro del Bosque". Fue profesor de literatura en la Universidad Nacional de La Plata.

Como miembro de la Academia Nacional de Letras de la Argentina, ocupó el sillón Nº 8, "José Manuel Estrada". Gran amigo de Miguel de Unamuno[cita requerida], fue asimismo miembro correspondiente de la Real Academia Española de la Lengua. La Academia Nacional de la Historia lo contó entre sus miembros desde el año 1922.

Publicó una serie de ensayos sobre filosofía de la salud y sobre la solución a problemas como el cáncer, la lepra, las enfermedades mentales y otros. Planteó la mala dieta como etiología fundamental de la enfermedad.

SOBRE LAS RUINAS

Ayer pasó la muerte por mi casa…
Se hizo una noche solitaria en torno,
y en medio de las sombras de la noche,
se hacinaron escombros sobre escombros.

El isócromo golpe de las picas
desmoronó el hogar. Así fue cómo
se desplomaron los antiguos muros,
y hoy ya no son más que ceniza y polvo.

Un agrio ruido de hachas rechinaba
en el huerto infeliz. Tronco por tronco,
los árboles cayeron en un vasto
montón sobrío de ramajes rotos.

Noctívagos murciélagos, rondando
por el húmedo ambiente borrascoso,
con sus alas de trapa y de tiniebla
marcaban el compás de mis sollozos.

Unos búhos graznaban en la sombra…
Transido de terror, clamé socorro…
Dos búhos de la sombra me escucharon…
Se asentaron los dos sobre mis hombros.

Desde entonces, de pie sobre las ruinas,
a los recuerdos del ayer me acorro;
y cuando nadie mis angustias sabe,
doblo la frente, y por mis padres lloro.

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