martes, 22 de marzo de 2011

22-MARZO ENRIQUETA ARVELO LARRIVA


ENRIQUETA ARVELO LARRIVA
Poetisa

21-03-1886

Enriqueta Arvelo Larriva (n. Barinitas; 22 de marzo de 1886 - f. Caracas; 10 de diciembre de 1962) fue una poetisa y escritora venezolana.

Sus padres fueron don Alfredo Arvelo y doña Mercedes La Riva siendo la tercera de cinco hermanos (Alfredo, Mercedes, Lourdes y Aura). La infancia y adolescencia transcurrieron en el típico ambiente provinciano del aislado pueblecito; si bien esta familia distinguía una verdadera pasión por la lectura, su vocación cultural, y sus relaciones con destacados intelectuales, fueron parientes de Alberto Arvelo Torrealba y personas de otras regiones del país, algunos de los cuales llegáronse hasta Barinitas en busca de Alfredo (su hermano mayor), cuando ya era poeta conocido, y posteriormente de Enriqueta, cuando ya poseía méritos propios. Desde luego, la influencia de Alfredo iba acentuándose a medida que se destacaba como poeta y ya era decisiva en la familia al comenzar el siglo XX, cuando apenas tenía 17 años. Muy a principios de del siglo, en 1905, Enriqueta y la familia comenzaron a padecer por las desventuras de Alfredo, quien habiéndose ausentado del hogar vióse envuelto en infortunado lance personal y por ello preso en Ciudad Bolívar, de donde fue trasladado al Castillo de San Carlos, cerca de Maracaibo, y más tarde a Caracas. En prisión publicó en 1906 su primer libro de versos, Enjambre de Rimas, y su más calificada obra, Sones y Canciones, en 1909. En 1914 se casa su hermana Lourdes; y el nacimiento de su sobrino Luis Alejandro constituyó acontecimiento de gran importancia para Enriqueta, pues él, su ahijado de bautizo, vendría a ser para ella el hijo que nunca llego a tener, como haciendo realidad el simbolismo etimológico de ¨ahijado¨ y de ¨madrina¨. En 1921 muere su hermana menor Aura Desde 1922 Enriqueta se entrega a una labor de intensa producción literaria. Hacia el final de esta tercera década ya era una escritora de renombre nacional, e incluso mantenía correspondencia con intelectuales extranjeros, entre ellos Gabriela Mistral y Juana de Ibarbourou. Ya se hacia necesario salir de Barinitas. Finalmente en febrero de 1930 Enriqueta se decide a visitar la metrópoli por vez primera. Luego regresa a Barinitas a trabajar de nuevo, ahora con mayor entusiasmo. Pero en 1934 ella y toda la familia habrían de soportar el terrible golpe de la muerte de Alfredo, ocurrida el 13 de mayo en Madrid. En 1939 pública su primer libro: Voz Aislada En junio de 1941 el jurado para el Concurso Femenino promovido por la Asociación Cultural Interamericana -Carlos Eduardo Frías, Ada Pérez Guevara y Pedro Sotillo- le otorga el premio por el Cristal Nervioso, su segundo poemario. En 1942 pública Poemas de una Pena, elegía por la muerte de su padre. Desde 1945 vive definitivamente en Caracas, lo cual le permite estar en contacto permanente y fortalecer sus vínculos con distinguidos representantes de la intelectualidad venezolana. En 1949 el Gobierno Nacional decide repatriar los restos de Alfredo Arvelo Larriva, y en esta oportunidad pública una excelente nota biográfica (Alfredo Arvelo Larriva - Noticia de su Vida y su Obra). En 1957 pública Mandato del Canto y recibe el Premio Municipal de Poesía. Ya en 1962 a la altura de 76 años la llegada de frío los acentúo, y el 10 de diciembre falleció.

LLEGAS

Llegas. Tus ojos vienen firmes.
Gallardos, con las armas de los internos fuegos.
Yo quiero ser sencilla como el hilo sin perlas,
ágil como en la copa es la gota del borde.

Yo quiero ser sencilla, pero tú me complicas
alzándome a una estrella trémula e invisible.
Yo quiero ser sencilla. Y me colmo de quiebras,
y soy un laberinto y mi clave se pierde.

Quiero el ritmo sereno y mi inquietud florece.
Y la flor indecisa, con hojas asustadas,
desploma tu firmeza.

Y descanso en la fuga de tus ojos vencidos.
Y soy ligera y simple, como el hilo sin perlas;
ágil como la gota del borde.

DESTINO

Un oscuro impulso incendió mis bosques
¿Quién me dejó sobre las cenizas?

Andaba el viento sin encuentros.
Emergían ecos mudos no sembrados.

Partieron el cielo pájaros sin nidos.
El último polvo nubló la frontera.

Inquieta y sumisa, me quedé en mi voz.

CONFESIÓN

En pleno campo
asaltóme el miedo.
Y me inquietó el trino claro
y el emboscado ruido.
El sol en acción,
la tendida sombra.
La quietud del tronco,
el estremecimiento de la rama viva.

Y corrí sin ley.
Me llevaba el miedo.
Las cintas filosas de un cañal tupido
me hirieron el rostro.
Corría de miedo.
Y nadie lo supo.
Y me avergüenzo.

SERÍA LA ADVENEDIZA

Señor, no me des ya la dicha.
No sabría manejarla
y con ella iría cohibida
como una nueva rica.

Déjame ir tranquila,
sin las cosas, fútiles para otros,
que fueran tempestades en mi vida.

No me des nada...
Pero déjame intuirlo todo.
Deja sin aherrojar mi sentir,
deja que lo glose mi voz.

No me hagas nueva rica de la ventura.
Sería la advenediza sin elegancia.
Ya no sé aprender nada
y no quiero perder
mi gracia y mi aplomo de desheredada.

(De El cristal nervioso, 1922-1930)

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