lunes, 28 de marzo de 2011

27-MARZO HEINRICH MANN


HEINRICH MANN
Escritor

27-03-1871

Obras Profesor Unrat - trilogía El Imperio - El angel azul
27-03-1871

Luiz (Ludwig) Heinrich Mann (27 de marzo de 1871 - 11 de marzo de 1950) fue un escritor alemán que destacó por sus novelas de temática social cuyos ataques contra la sociedad cada vez más autoritaria y militarista le llevaron al exilio en 1933.

Nació en Lübeck, el hijo mayor de Thomas Johann Heinrich Mann y Júlia da Silva Bruhns y fue el hermano mayor de Thomas Mann. Su padre venía de una familia burguesa comerciante de grano y fue senador de una ciudad de la Liga hanseática. Tras la muerte de su padre, su madre se mudó con su familia a Múnich, donde Heinrich comenzó su carrera como freier Schrifsteller (Escritor libre).
Su ensayo sobre Zola y la novela Der Untertan (El súbdito) le ganaron mucho respeto durante la República de Weimar, ya que satirizaba la sociedad alemana y explicaba como su sistema político había llevado a la Primera Guerra Mundial. Finalmente su libro Professor Unrat fue con éxito llevado al cine con el nombre de Der blaue Engel (El ángel azul). Carl Zuckmayer escribió el guión, Josef von Sternberg la dirigió y fue la primera aparición con un papel importante de Marlene Dietrich, como Lola Lola la "actriz" (llamada Rosa Fröhlich en la novela).
Junto con Albert Einstein y otras celebridades, Heinrich Mann fue firmante de una carta a la Liga Internacional de los Derechos Humanos condenando el asesinato del intelectual croata Milan Sufflay el 18 de febrero de 1931. Los nazis lo declararon persona non grata y consiguió escapar a Marsella en la Francia de Vichy. Desde allí le ayudaron a escapar a España y finalmente a Estados Unidos con la ayuda de Varian Fry en 1940.
Durante la década de 1930s y más tarde en el exilio americano, su carrera literaria fue cuesta abajo y finalmente murió en Santa Mónica, California, solo y sin mucho dinero, meses antes de que tuviera pensado establecerse en la RDA como presidente de la Academia Prusiana de las Artes. Sus cenizas fueron llevadas a Alemania oriental.
Su segunda mujer fue Nelly Mann (nacida Emmy Johanna Westphal ó Nelly Kröger), se suicidó en 1944 en Los Angeles.

Fragmento de Profesor Unrat

" - Señor profesor: yo no dije que olía a basura. Dije que Lohmann no paraba de decir…
- Cállese – tronó basura, tembloroso. Movió la cabeza de un lado a otro; logró serenarse, y continuó, con voz ahogada -: El destino se cierne sobre ustedes rozando sus cabezas. Pueden retirarse.
Los tres se fueron a almorzar; cada uno con su destino cerniéndose sobre su cabeza.
Parecía rejuvenecido. Con la corbata de través, varios botones desabrochados y el peinado revuelto, mostraba un aspecto inhabitual de hombre extraviado lejos del camino recto, vencedor en lamentables victorias, triste juguete de una pasión inconfesable.
Este miserable lo sabe todo. Ahora doy media vuelta, voy a casa, subo al desván y apoyo el cañón de la escopeta contra mi pecho. Y abajo, en el salón, Dora canta al piano. Su canción sube hasta mí como una mariposa, y el polvillo dorado de sus alas brilla ante mis ojos hasta que la muerte los cierra…
Hasta aquel día, hasta aquel terrible momento, había sido un trozo de su propia carne y, de repente, se desprendía de él, desgarrándolo. Basura veía sangrar la herida y no comprendía.
Y también porque Basura, viejo niño ingenuo, avivaba torpemente aquel sentimiento con sus continuas sospechas y porque la vida se negaba a ofrecerle a ella esa tranquilidad que tanto ansiaba.
Una cosa es indudable: que aquel que ha conseguido alcanzar las cúspides más luminosas, conoce también los más profundos e intrincados abismos.
Y esta desmoralización de toda una ciudad, que nadie podía impedir por ser muchos los que se hallaban complicados en ella, era obra de Basura y constituía su triunfo. La pasión que le dominaba en secreto, aquella pasión que su cuerpo reseco, sólo muy raras veces delataba con una mirada de venenoso brillo verde gris, desafiaba y se imponía a toda una ciudad. Basura era fuerte; podía ser feliz.
Aquella mujer había recibido de él, sin darse cuenta, lo mejor de su alma. Y ahora que estaba ya exhausto lo pretendía. Lohmann amaba las cosas por el eco que dejaban. El amor de las mujeres, sólo por la amarga soledad que le sucedía. Y la felicidad, todo lo más, por el anhelo angustiado que tras de sí dejaba.
En todo aquello prefería prescindir de Von Ertzum, el cual, al ver a Rosa, había empezado a manejar nerviosamente el sable, enronqueciendo de repente. Era muy capaz de volver a su pasión de antaño. Para él todo era presente. En cambio Lohmann, a solas con Rosa en la confitería, saboreaba únicamente el lejano regusto de las emociones pasadas. "

El Poder de la Palabra
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