viernes, 15 de abril de 2011

15-ABRIL HENRY JAMES


"El hombre es la suma de sus fantasías"
Henry James
Escritor

15-04-1843

Obras: Retrato de una dama - La musa trágica - Las bostonianas - El americano . Los embajadores y otras

Henry James (Nueva York, 15 de abril de 1843 – Londres, 28 de febrero de 1916) fue un escritor y crítico literario estadounidense (aunque pasó mucho tiempo en Europa y se naturalizó británico casi al final de su vida) de finales del siglo XIX y principios del XX, conocido por sus novelas y relatos basados en la conciencia. Fue hijo de Henry James Sr. y hermano menor del filósofo y psicólogo William James.
Como escritor se considera a James como una de las grandes figuras de la literatura transatlántica. Sus obras están basadas frecuentemente en la yuxtaposición de personajes del Viejo Mundo, artístico, corruptor y seductor y el Nuevo Mundo, donde la gente es a menudo insolente, abierta y firme, si bien sus matices y variaciones son múltiples.
En sus obras prefiere el drama interno y psicológico, y es un tema habitual suyo la alienación. Sus primeros trabajos son considerados realistas, pero de hecho durante su larga carrera literaria mantuvo un gran interés en una variedad de movimientos artísticos. Fue llevado al cine por Wyler y por Clayton. A finales del siglo XX hubo versión cinematográfica de varias novelas de James lo que favoreció el resurgimiento del interés en sus trabajos.

El estilo prosaico tardío de James está frecuentemente marcado por oraciones largas y digresivas y pasajes muy descriptivos que posponen el verbo por un espacio mayor de lo normal. El estilo de James parece cambiar durante su vida de un estilo sencillo y claro a uno más lánguido ulteriormente, y sus biógrafos dan cuenta de un cambio de estilo que ocurrió aproximadamente cuando James comenzó a utilizar un amanuense.
Henry James padecía un tartamudeo atenuado. Lo consiguió superar al desarrollar el hábito de hablar muy despacio y prudentemente. Ya que creía que la buena literatura debía parecerse a la conversación de un hombre inteligente, el proceso de dictado de sus trabajos puede, quizás, ser la razón para un cambio en su estilo de oraciones directas a oraciones conversacionales. La prosa resultante es a veces barroca. (Su amiga y discípula Edith Wharton, quien lo admiraba mucho, admitió que había algunos pasajes en sus obras que eran incomprensibles). Sus relatos más breves, como Los papeles de Aspern (The Aspern Papers) y Otra vuelta de tuerca (The Turn of the Screw), se consideran más legibles que sus novelas más largas.

Durante la mayor parte de su vida fue un expatriado en Europa. Gran parte del contenido de su Retrato de una dama (The Portrait of a Lady) lo escribió en Venecia, ciudad cuya belleza lo distraía; se sentía mejor en la pequeña aldea de Rye en Inglaterra. El sentimiento de ser estadounidense en Europa es un tema recurrente en sus libros, que contrastan la inocencia norteamericana (falta de sofisticación) con la sofisticación europea; por ejemplo, Retrato de una dama (The Portrait of a Lady) o La copa dorada (The Golden Bowl).

La referencia capital para su vida privada y para su producción es la gigantesca biografía de Leon Edel.
James no conseguía demasiado dinero de sus libros; sin embargo, se codeaba con las clases ricas. Aunque no era realmente uno de ellos, James había crecido en una familia pudiente y podía observarlos de cerca y comprender sus problemas. Afirmó una vez que algunas de las mejores ideas para sus historias las sacó del cotilleo en ese tipo de reuniones.
Su sexualidad era indefinida y sus gustos e intereses eran, de acuerdo con los niveles predominantes de la sociedad victoriana, en parte femeninos. Se ha afirmado que el ser un sujeto ajeno a la sociedad en que vivía le ayudó en el detallado análisis psicológico de las situaciones, una de las características más destacables de su obra literaria. Nunca fue un miembro en su totalidad de ningún grupo.

Fragmento de Retrato de una dama

" Qué mejor don podía darse en una compañera que el de una mente vivaz, imaginativa, que le ahorrara a uno repeticiones y reflejara el propio pensamiento en una superficie pulida, elegante? Osmond detestaba ver su pensamiento reproducido al pie de la letra -así parecía rancio y tonto-; prefería que ganase frescura en la reproducción, como la letra en la música. Su egocentrismo no había tomado nunca la cruda forma de desear una mujer sosa; la inteligencia de esa dama tenía que ser una fuente de plata, no de barro -una fuente que él pudiese colmar de frutas maduras, a las cuales prestaría un valor decorativo-, de suerte que la conversación pudiera ser para él algo así como un postre servido. En Isabel encontraba la calidad argéntea de esa perfección; podía tocar en aquella imaginación con los nudillos y hacerla resonar. "

El Poder de la Palabra
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