lunes, 25 de abril de 2011

22-ABRIL VLADIMIR NÁBOKOV


"La vida es una gran sorpresa. No veo por qué la muerte no podría ser una mayor."
Vladimir Nabókov
Escritor

22-04-1899

Obras: Lolita

Vladímir Nabókov, cuyo nombre completo en ruso era Vladímir Vladímirovich Nabókov, (San Petersburgo, 22 de abril de 1899 (10 de abril del calendario juliano) — Montreux, Suiza, 2 de julio de 1977) fue un escritor de origen ruso, nacionalizado estadounidense.
Escribió sus primeras obras literarias en ruso, pero se hizo internacionalmente famoso como un maestro de la novela con su obra escrita en inglés, especialmente su novela, Lolita (1955), un retrato de la sociedad americana a través de la metáfora del viaje, en cuyo trama un hombre de mediana edad se enamora y sostiene una relación con una adolescente. Es conocido también por sus significativas contribuciones al estudio de los lepidópteros y por su creación de problemas de ajedrez.

Es el mayor de los hijos de Vladímir Dmítrievich Nabókov y su mujer Yelena Ivánovna Rukavíshnikova, una familia rica y aristocrática de San Petersburgo, donde se crió durante su infancia y juventud (Casa de Nabokov). La familia hablaba en ruso, inglés y francés, por lo que Nabókov fue trilingüe desde muy pequeño. Incluso, por la labor de sus institutrices, aprendió primero el idioma inglés que el ruso.
En 1919 su familia se exilia a Alemania por temor al bolchevismo y Nabókov ingresa en la Universidad de Cambridge. En 1922 su padre es asesinado, presuntamente por extremistas rusos.
En 1940 llega a los Estados Unidos (aunque ya ha abandonado la lengua rusa desde 1938), procedente de Francia y huyendo de los horrores de la Segunda Guerra Mundial; su hermano Serguéi moriría en un campo de concentración alemán, en 1944.

Los primeros escritos de Nabókov estaban en ruso, pero alcanzó el reconocimiento internacional en lengua inglesa. Por esta circunstancia ha sido comparado con Joseph Conrad que era de origen polaco; no obstante, hay quien ve esta comparación como discutible, en tanto que Conrad sólo compuso en inglés, y nunca en su lengua natural, el polaco (el mismo Nabókov rechazaba tal comparación por razones estéticas). Nabókov tradujo muchas de sus obras primerizas al inglés, a veces en colaboración con su hijo Dmitri. Su formación trilingüe tuvo una profunda influencia sobre su arte. Él mismo describía metafóricamente la transición de una lengua a otra como el lento viaje nocturno de un pueblo a otro con sólo una vela para iluminarse.
Nabókov es famoso por sus argumentos complejos, sus inteligentes juegos de palabras y su uso de la aliteración. Obtuvo fama y notoriedad con su novela Lolita (1955), que trata de la pasión consumada de un hombre culto con una niña de doce años. Esta y sus otras novelas, especialmente Pálido fuego (1962) y, sobre todo, Ada o el ardor (1969), le proporcionaron un lugar entre los grandes novelistas del siglo XX.
La estatura de Nabókov como crítico literario se basa principalmente en su traducción y comentario en cuatro volúmenes del Eugenio Oneguin de Aleksandr Pushkin. El comentario termina con un apéndice titulado Notes on Prosody que es altamente valorado. La traducción de Nabókov fue el tema de una agria polémica con Edmund Wilson y otros críticos, al haber trasladado lo que era una novela en verso en una prosa no rimada.
Las Conferencias sobre literatura de Nabókov revelan también sus controvertidas ideas sobre el arte. Creía firmemente que las novelas no deberían buscar lo didáctico y que los lectores deberían buscar no sólo empatizar con los personajes sino una apreciación estética a través de la atención a los detalles de estilo y estructura. Nabókov detestaba las ideas habituales sobre novela; al hablar sobre el Ulises de Joyce, por ejemplo, insistía a sus alumnos en que tuviesen a mano un mapa de Dublín para seguir las peripecias de los personajes, antes que hablarles sobre la compleja historia irlandesa que muchos críticos creen ver como esencial para comprender la novela.
Los detractores de Nabókov le reprochan el ser un esteta y su excesiva atención al lenguaje y al detalle antes que al desarrollo del carácter de los personajes.

Su carrera como entomólogo también fue muy destacada. Acumuló una gran colección de insectos. Como nunca aprendió a conducir dependía de su esposa Vera para que lo llevara. En la década de 1940 estuvo a cargo de la colección de mariposas de la universidad de Harvard. Sus escritos sobre el tema son muy técnicos. El género Nabokovia fue nombrado en su honor, así como otras mariposas, especialmente de los géneros Madeleinea y Pseudolucia.

En abril de 2008, Dmitri Nabókov, hijo y albacea literario del escritor, comunicó a la prensa su decisión de publicar una novela inconclusa de su padre. El manuscrito, titulado The Original of Laura, consta de 138 fichas, el equivalente de unas 30 páginas manuscritas. A su muerte, Nabókov había dejado instrucciones para que el manuscrito fuera destruido; su viuda, sin embargo, optó por conservarlas.

Fragmento de Lolita

" Ahora creo llegado el momento de presentar al lector algunas consideraciones de orden general. Entre los límites de los nueve y los catorce años, surgen doncellas que revelan a ciertos viajeros embrujados, dos o tres veces mayores que ellas, su verdadera naturaleza, no humana, sino nínfica ( o sea demoníaca); propongo llamar nínfulas a estas criaturas escogidas.
(...)
Entre esos límites temporales, ¿son nínfulas todas las niñas? No, desde luego. Tampoco es la belleza una piedra de toque; y la vulgaridad - o al menos lo que una comunidad determinada considera como tal- no daña forzosamente ciertas características misteriosas, la gracia letal, el evasivo, cambiante, anonadante, insidioso encanto mediante el cual la nínfula se distingue de esas contemporáneas suyas.
(...)
Era la misma niña: los mismos hombros frágiles y color de miel, la misma espalda esbelta, desnuda, sedosa, el mismo pelo castaño. Un pañuelo a motas anudado en torno al pecho ocultaba a mis viejos ojos de mono, pero no a la mirada del joven recuerdo, los senos juveniles. Y como si yo hubiera sido, en un cuento de hadas, la nodriza de una princesita, reconocí el pequeño lunar en su flanco.
(...)
Si pedimos a un hombre normal que elija a la niña más bonita en una fotografía de un grupo de colegialas o girl scouts, no siempre señalará a la nínfula. Hay que ser artista y loco, un ser infinitamente melancólico, con una burbuja de ardiente veneno en las entrañas y una llama de suprema voluptuosidad siempre encendida en su sutil espinazo, para reconocer de inmediato, por signos inefables - el diseño ligeramente felino de un pómulo, la delicadeza de un miembro aterciopelado y otros indicios que la desesperación, la vergüenza y las lágrimas me prohiben enumerar- al pequeño demonio mortífero ignorante de su fantástico poder.
(...)
Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita. "

El Poder de la Palabra
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