jueves, 5 de mayo de 2011

05-MAYO HENRYK SIENKIEWICZ


HENRYK SIENKIEWICZ
Escritor

05-05-1846

Obras: Quo Vadis

Henryk Adam Aleksander Pius Sienkiewicz de Oszyk (n. Wola Okrzejska, Polonia, 5 de mayo de 1846 - Vevey, Suiza, 15 de noviembre de 1916) fue un escritor polaco, Premio Nobel de Literatura en 1905. Es el quinto premio Nobel (1905) en la historia del galardón y el primero de Europa Oriental.

Se inició como periodista en 1869, realizando varios viajes entre 1876 y 1879, trabajando en los Estados Unidos como enviado especial entre 1876 y 1878. En 1882 fue nombrado director del periódico conservador Słowo.
No solo destacó por sus dotes literarias, sino como un gran defensor de su, por entonces, oprimida patria polaca. Siendo ya un prestigioso periodista y gran defensor de la causa de Polonia, dirigió una carta abierta a Guillermo II en la que se oponía a la germanización de la Posnania, atrayendo la atención mundial sobre el futuro de su país, que por aquel momento se hallaba bajo el dominio de Rusia, Alemania y Austrohungría.

En los comienzos de la Primera Guerra Mundial se hallaba en Suiza, donde formó, junto con Ignacy Jan Paderewski, el comité para las víctimas de la guerra en Polonia.

Especializado en temas sociales, fue muy popular en su tiempo. Sus obras más importantes se refieren a los problemas sociales del campesinado y los sectores bajos en Polonia. Sus cenizas descansan en la Catedral de San Juan en Varsovia.
Las obras de Sienkiewicz, traducidas a más de cuarenta idiomas, le convierten en uno de los autores más leídos del siglo XX.

Fragmentos de Quo Vadis

" Y los invitados, al contemplar aquellos dos blancos cuerpos, que semejaban dos estatuas admirables, comprendieron perfectamente que con ellos perecía todo lo que había quedado de su mundo en aquella época: la poesía y la belleza. "

Carta de Petronio a Nerón

"“Bien sé, divino César, que me esperas con impaciencia, y que tu leal corazón de amigo fiel padece con mi ausencia. No ignoro que estás dispuesto a colmarme de honores, a nombrarme prefecto de la guardia pretoriana y a mandar a Tigelino que torne a ser lo que a los dioses les plugo que fuera: mulero, en las fincas que heredaste después de envenenar a Dominicio; pero, divino, tengo que excusarme…
“Por el Averno, y más particularmente por las sombras de tu madre, de tu esposa, de tu hermano y de Séneca, te juro que no puedo ir a verte.
“La vida es un tesoro y me vanaglorio de haber sacado de él los materiales con que he hecho, para disfrutarlas, las más preciadas joyas; pero también hay en la vida cosas que no tengo resignación para soportarlas más.
“No creas, te lo ruego, que me ha herido profundamente el que asesinaras a tu madre, a tu mujer y a tu hermano; que me he indignado porque incendiaras a Roma y enviaras al Erebo (Infierno) a todos los ciudadanos honrados de tu Imperio; no, amadísimo nieto de Cronos: la muerte es el fin natural de todos los seres y no era dable esperar de ti otras proezas.
“Pero tener que soportar por largos años tu canto que me destroza los oídos, ver tu barriga digna de Domicio, y tus flacas piernas dando grotescas volteretas en la pírrica danza; escuchar tu música, oírte declamar versos que no son tuyos, desdichado poetastro de suburbio, son cosas verdaderamente superiores a mis fuerzas y a mi paciencia, y han acabado por inspirarme el irresistible deseo de morir.
“Roma se tapa los oídos por no oírte, y el mundo se ríe de ti y te desprecia. En cuanto a mí, no puedo continuar avergonzándome de tu insignificancia, ni aunque pudiera lo querría. ¡No puedo más!
“Los ladridos de Cerbero serán para mí menos molestos que tu canto, aunque a él se parezcan; porque, al fin y al cabo, como nunca fui amigo de Cerbero, no tengo motivos para avergonzarme de sus ladridos.
“¡Salud, augusto, y no cantes; asesina, pero no hagas versos; envenena, pero no bailes; incendia, pero no toques la cítara!
“Estos son los deseos y el último consejo del

“Arbiter Elegantiorum”

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