viernes, 6 de mayo de 2011

06-MAYO GUY DE CARS


GUY DES CARS
Escritor

06-05-1911

Obras: La impura - El solitario - Yo me atrevo (autobiografico) - La mujer que sabía demasiado y otras

Guy Augustin Marie Jean de Pérusse des Cars fue un escritor francés nacido el 6 de mayo de 1911 en París y fallecido el 21 de diciembre de 1993, también en París. Sus restos descansan en el cementerio de Hautefort en Dordoña.

Sus padres, pertenecientes a la aristocracia francesa, fueron François de Pérusse, conde des Cars (1875-1941) y Marie Thérèsa Edwards (1879-1958).
Guy des Cars contrajo matrimonio tres veces:
El 18 de abril de 1934, se casó con Mary Vilgrain (1914-2004), en Nancy. Se divorciaron en 1938.
El 19 de febrero de 1942 se casó con Jacqueline Jourdan (1922), ciudadana de Mónaco, en Niza. Se divorciaron en 1946 luego de tener un hijo: Jean des Cars, en 1943, periodista y autor especializado en obras históricas.
El 12 de mayo de 1947, se casó con Marthe Claquin (1912-1999), en París conocida bajo el nombre de Marta Labarr, artista lírica y dramática.

Guy des Cars fue educado por los jesuitas, a los que se unió a la edad de 7 años, permaneciendo hasta los 16. En ese tiempo, fue expulsado seis veces. Sus maestros decían de él: "Brillante alumno, pero de espíritu malvado". A los 19 años de edad, se mudó a Chile para poner fin a una aventura galante y, en su regreso a Francia, escribió una comedia de boulevard titulada Croisière pour Dames seules (Crucero para damas solteras). Se apega a la carrera de periodista a los 28 años, llegando a redactor en jefe del "Jour".
Teniente de infantería, recibió la Cruz de Guerra 1939-1945, por su conducta en el frente. Luego de la derrota de 1940, se retiró en el sur, donde escribió su primera novela, L'officier sans nom, un libro de guerra. Ha escrito numerosas novelas que han tenido gran éxito como L'impure, El Solitario, La dame du cirque, Le château du clown, Les filles de joie, Le faussaire, L'envoûteuse, La justicière, L'entremetteuse, La maudite.

En 1962, fue elegido director de la Academia de Maine. En 1974, publicó un relato en forma de confesión autobiográfica, de difusión netamente confidencial, sin duda, pero no carente de interés documental, con el título J'ose.

Guy des Cars fue también un gran enamorado de las artes del circo. Ciertas críticas literarias lo llamaban por el apodo "Guy des Gares"

Fragmento de La impura:

"Chantal había reabierto lentamente los ojos. Miraba en derredor como si temiera ver reaparecer al animal. Por disposición del médico de a bordo, llamado con toda urgencia, había sido trasladada a su camarote, donde la mucama la desvistió. Se hallaba extrañada de encobntrarse en epijama, extendida sobre la cama, respirando bocanadas de olores marinos que le acariciaban el rostro.
El médico se inclinó hacia ella:

-No es nada, ya pasó… Un pequeño accidente sin gravedad. Pero realmente, ¿cómo se ha producido? ¿Tuvo miedo? ¿Miedo del gato de la señora Smith?
El rostro de Chantal se crispó nuevamente:
-Tengo horror a esos animales.
-¿Supersticiosa?- dijo el médico, sonriendo.
-¡Admitamos! –respondió la joven.
-Me he visto precisado, estimada señora, a hacerla desvestir para que estuviera más cómoda y poder examinarla durante su desvanecimiento. He notado que tiene en el nacimiento del muslo izquierdo y en lo bajo de la columna vertebral unas pequeñas manchas oblongas y rosadas que se destacan nítidamente sobre la blancura de la piel. ¿Suele tener ataques de urticaria?
-Soy propensa a ello. Anoche cometí la imprudencia de comer langosta.
-De todos modos eso no debe ser muy grave, -declaró el médico, levantándose -. Señora, debe descansar. Aliméntense poco al mediodía y esta noche estará perfectamente restablecida para la comida. Pediré a la señora Smith, personalmente, que deje a su gato en el camarote. Hasta luego, estimada señora. Si siente el menor malestar, no vacile en llamar al camarero, que me avisará. Por el momento no necesita usted más que tranquilidad.
El médico se había retirado en compañía de la camarera. Chantal permaneció largo rato inmóvil; después se levantó como una automáta, extrajo un libro del baúl ropero y regresó con paso inseguro a la cama. Abrió al azar ese pequeño volumen familiar; sus ojos se posaron sobre una cita de Xavier de Maistre: “¿Por qué trataré de hacerme ilusiones? No debo tener otra sociedad más que yo mismo, otro amigo que Dios: Nos volveremos a ver en El. ¡Adiós, generosos extranjeros!”
¿Dios, un amigo? Si Dios fuera amigo de los hombres, ¿habría enviado sobre ellos tantos malos abominables? Prosiguió la lectura:
“Evito ser visto por esos mismos hombres que mi corazón arde por encontrar.
Sé, no obstante, que aquel que ame su celda hallará la paz”.
En adelante, su camarote debía ser una celda, puesto que ella tenía lepra.”

No hay comentarios:

Publicar un comentario