martes, 14 de junio de 2011

13-JUNIO WILLIAM BUTLER YEATS



"El vino entra en la boca Y el amor entra en los ojos; esto es todo lo que en verdad conocemos antes de envejecer y morir. Así llevo el vaso a mi boca, y te miro, y suspiro."
Butler Yeats
Escritor

13-06-1865

William Butler Yeats (Dublín, 13 de junio de 1865 - Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 28 de enero de 1939), poeta y dramaturgo irlandés. Envuelto en un halo de misticismo, Yeats ha sido una de las figuras más representativas del renacimiento literario irlandés y fue uno de los fundadores del Abbey Theatre. También ejerció como senador. Fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1923.

William Butler Yeats nació el 13 de junio de 1865 en Georgeville, cerca de Saymount Castle, en Dublín (Irlanda), como hijo del pintor John Butler Yeats y de Susan Pollexfen Yeats, de una familia angloirlandesa de comerciantes protestantes. Su abuelo, llamado también William Butler Yeats, era rector de la Iglesia Irlandesa, pero su padre era un nacionalista escéptico y ateo. El carácter del joven poeta combinó ambos mundos en un extraño misticismo que le permitía a la vez rechazar la religión tradicional y el cientifismo estéril. El biógrafo Richard Ellmann escribe al respecto: Eligió una fe excéntrica en algún lugar entre las creencias ortodoxas de su abuelo y los descreimientos no ortodoxos de su padre.

En 1867, a los dos años, Yeats se trasladó con su familia a Londres, al número 23 de la calle Fitzroy. Allí permaneció apenas cinco años, pues en julio de 1872 regresó con su madre y sus hermanos al condado irlandés de Sligo, a la casa de sus abuelos William y Elizabeth Pollexfen en Merville. Allí se empapó de los cuentos de hadas que contaba la gente sencilla de Irlanda; su misma madre le contó muchas historias de duendes y gnomos, mientras que los campesinos relataban experiencias con la "gente pequeña". Sin duda este periodo marcó para siempre su carácter, como él mismo admitió: El lugar que realmente tuvo mayor influencia en mi vida fue Sligo.
En octubre de 1874 regresa de nuevo con su familia a Londres y se instala en Edith Villas. Allí su padre se relaciona con un grupo de pintores de la Hermandad Prerrafaelista. En la primavera de 1877 William comienza sus estudios en la escuela londinense de Godolphin de Hammersmith, pero ante el escaso éxito de su padre como pintor marchan en el verano de 1881 a Balscadden Cottage, en Howth, cerca de Dublín. Yeats comienza a escribir y leer poesía. Estudia en la Erasmus Smith High School hasta diciembre de 1883,de forma poco aplicada y distraída, ya que lo único que parecía interesarle de verdad era la poesía.
En 1884 intentó en vano acceder al Trinity College; más tarde y a su pesar ingresa en la Escuela Metropolitana de Arte de Dublín, donde estudia pintura. Allí conoce a George Russell (que usó el pseudónimo de AE), y este le inicia en el mundo de lo esotérico y sobrenatural. Comienza a escribir poesía simbolista y a experimentar con visiones y alucinaciones. Detesta la ciencia, a la que veía en contraste directo con la poesía, la belleza y la verdad, y, tras renunciar al credo protestante en 1880, empieza a sentirse atraído por el Budismo.

En 1896 regresó a Irlanda, donde se integró en el movimiento del renacimiento literario de su país y entabló amistad con la dramaturga nacionalista lady Isabella Augusta Gregory, en cuya casa se hospedó a veces para recobrar su quebrantada salud y que lo sacó de la depresión a que lo había abocado el final de tan larga historia de amor; con su ayuda fundó el Teatro Abbey y la Compañía de Teatro Nacional Irlandés (1901), fundamentales en el desarrollo cultural de la Irlanda de esos años. Yeats escribió alguas piezas para esta compañía, de la que fue director hasta su misma muerte. Al principio su inspiración para estas obras vino de la mitología céltica irlandesa, frecuentemente en torno al héroe Cúchulainn, la heroína Deirdre y el Ciclo de Ulster, bajo una fuerte impronta simbolista; Yeats estrenó en total las siguientes piezas, por orden cronológico: La condesa Cathleen (1892, representada en 1899); El país de nuestros deseos (1894); Cathleen Ni Houlihan (1902); The Pot of Broth (1902); Las aguas tenebrosas (1900, estrenado en 1904); El reloj de arena (1903); En los siete bosques (1903); El umbral del palacio del rey (1904); On Baile's Strand (1904); Deirdre (1906), El Unicornio de las Estrellas (1907); El yelmo verde (1910) y El gato y la Luna. Agotado el modelo del teatro simbolista, con el que Yeats quiso enfrentarse al Naturalismo ibseniano que imperaba en los escenarios ingleses, intentó innovar asimilando ciertos influjos del teatro nō japonés, que empezaba a conocerse en Europa a través de las traducciones de su secretario, el también poeta Ezra Pound; incorporó la ritualidad que caracteriza esta dramaturgia, empleó máscaras y gestos e incluyó coros, danzas y música ceremonial. Los elementos simbolistas se hallaban en diálogos de tono poético en los que irrumpía lo místico y lo onírico. Las piezas compuestas en este periodo fueron reunidas en 4 piezas para baile (1921).
Estas audacias escénicas exigían un público experto y reducido, por lo que contribuyeron al desarrollo del teatro de cámara; sin embargo Yeats va evolucionando en su dramaturgia hacia estructuras y lenguaje más claros dejando en el camino parte de su misticismo y hermetismo.

Por entonces el poeta norteamericano Ezra Pound empieza a trabajar como secretario suyo y le descubre la literatura japonesa; tras conocer a una joven medium, George Hyde-Lees, Yeats compra una torre normanda en Kiltartan Cross y se casa con Hyde-Lees en 1918. Fue una buena decisión, pues puso en orden la vida del poeta y renovó su poesía incitándole a experimentar con la escritura automática. Tras la independencia de Irlanda, es elegido senador por este nuevo país en 1922 y permanece en el cargo hasta 1928. En 1923 recibe el premio Nobel de literatura.
Este fue el período más fecundo de Yeats, el de su madurez y vejez. Destacan los volúmenes de poesía El casco verde, Responsabilidades y Los cisnes salvajes de Coole, en los que se evidencia una profunda evolución de su lenguaje lírico, que se hace personal, vigoroso, exacto y deslumbrante. En 1925 escribió el tratado Una visión, donde expresa su creencia en la íntima relación entre la imaginación poética y la realidad universal. Según el historiador Giordano Berti (en Claves y secretos del Tarot, Barcelona, Salvat, 2005, p. 23) en esta obra, la más misteriosa del poeta irlandés, vive el recuerdo de la enseñanza esotérica de la Golden Dawn sobre el Tarot; las "28 incarnaciones", como explicaba Yeats, son fases de la transformación del ser. De este material nacieron, por sugerencia de su secretario Ezra Pound, hermosas colecciones poéticas como La torre (1928), La escalera de caracol (1933) y Últimos poemas y obras de teatro, que incluye el celebrado «Bizancio», con las que Yeats alcanzó el cenit de su lírica.
Su poesía, a pesar de su espíritu innovador, generalmente se caracterizó por su cuidado formal, el simbolismo y ciertos toques que anticipan el surrealismo. El 28 de enero de 1939 fallece en la localidad francesa de Menton a los 73 años.
Yeats consiguió liberar a la poesía irlandesa de la esclavitud a los moldes, géneros y temas de la poesía británica; rompió con la tradición de la poesía victoriana adscribiéndose al simbolismo y profundizó en él en busca de los arquetipos junguianos que subyacen en todas las culturas.

SUEÑOS ROTOS

Hay gris en tus cabellos;
los jóvenes ya no se quedan sin aliento
a tu paso;
acaso te bendiga algún vejete
porque fue tu plegaria
la que lo salvó en el lecho de muerte.
Por tu bien -que ha sabido de todo dolor del corazón,
y que ha impartido todo el dolor del corazón,
desde la magra niñez acumulando
onerosa belleza- por tu solo bien
el cielo desvió el golpe de su sino,
tan grande su porción en la paz que estableces
con sólo penetrar dentro de un cuarto.

Tu belleza no puede sino dejar entre nosotros
vagos recuerdos, recuerdos nada más.
Cuando los viejos se cansen de hablar, un joven
le dirá a un viejo: «Háblame de esa dama
que terco en su pasión nos cantaba el poeta
cuando ya su sangre debiera estar helada por los años».

Vagos recuerdos, recuerdos nada más.
Pero en la tumba todos, todos se verán renovados.
La certidumbre de que veré a esa dama
reclinada o erecta o caminando
en el primor inicial de su feminidad
y con el fervor de mis ojos juveniles,
me ha puesto a balbucear como un tonto.

Era más bella que cualquiera
no obstante tu cuerpo tenía una tacha;
tus manos pequeñas no eran bellas,
y temo que has de correr
y las hundirás hasta la muñeca
en ese lago misterioso, siempre rebosante
donde todos los que cumplieron la ley sacra
se hunden y resurgen perfectos. Deja intactas
las manos que besé,
por bien del viejo bien.

Muere el último toque de media noche.
Todo el día, en la misma silla
de sueño a sueño y rima a rima he errado,
en charla incoherente con una imagen de aire:
vagos recuerdos, recuerdos nada más.

Versión de Hernando Valencia Goelkel

TUS OJOS QUE ANTAÑO NUNCA SE CANSARON DE LOS MÍOS...

«Tus ojos que antaño nunca se cansaron de los míos,
se inclinan hoy con pesar bajo tus párpados oscilantes
porque nuestro amor declina».

Y responde ella:
«Aunque nuestro amor se desvanezca,
permanezcamos junto al borde solitario de este lago,
juntos en este momento especial
en el que la pasión, pobre criatura cansada, cae dormida.
¡Qué lejanas parecen las estrellas,
y qué lejano nuestro primer beso,
y qué viejo parece mi corazón!».

Pensativos caminan por entre marchitas hojas,
mientras él, lentamente, sosteniendo la mano de ella, replica:
«La Pasión ha consumido con frecuencia
nuestros errantes corazones».

Los bosques les rodeaban, y las hojas ya amarillas
caían en la penumbra como desvaídos meteoros,
entonces un animalillo viejo y cojo renqueó camino abajo.
Sobre él, cae el otoño; y ahora ambos se detienen
a la orilla del solitario lago una vez más.
Volviéndose, vio que ella había arrojado unas hojas muertas,
húmedas como sus ojos y en silencio recogidas
sobre su pecho y su pelo.

«No te lamentes», dijo él, «que estamos cansados
Porque otros amores nos esperan,
odiemos y amemos a través del tiempo imperturbable,
ante nosotros yace la eternidad,
nuestras almas son amor y un continuo adiós».

Versión de Luis Zalamea

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