sábado, 18 de junio de 2011

17-JUNIO RUFINO BLANCO FOMBONA


RUFINO BLANCO FOMBONA
Escritor, político

17-06-1874

Obras: El hombre de hierro, Camino de imperfección

Rufino Blanco Fombona (Caracas, 17 de junio de 1874- Buenos Aires, 16 de octubre de 1944) fue un importante escritor y político venezolano de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Fueron sus padres Rufino Blanco Toro e Isabel Fombona Palacio. Los estudios primarios y medios los cursó en los colegios Santa María y San Agustín de Caracas. En 1889, se graduó de bachiller e ingresó a la Universidad Central de Venezuela para estudiar derecho y filosofía; estudios que abandona al poco tiempo para ingresar en la Academia Militar (1891). En 1892, participa en la Revolución Legalista, tras lo cual viajó a Estados Unidos (1892-1895) como cónsul de Venezuela en Filadelfia. De regreso a Venezuela se incorpora como colaborador de El Cojo Ilustrado. En 1895, es publicado su primer escrito impreso, el poema Patria. En 1896 se desempeña como agregado de la Legación Venezolana en Holanda. Regresa a Venezuela en 1898 y al año siguiente, publica su primer libro Trovadores y trovas. En 1899 actúa como cónsul de Santo Domingo en Boston. Al tomar el poder Cipriano Castro el 23 de octubre de 1899, lo nombra secretario general del estado Zulia (1900); en Maracaibo publicó su panfleto De cuerpo entero.

Entre 1901 y 1904 fue cónsul de Venezuela en Ámsterdam, y de regreso al país fue designado como gobernador del territorio federal Amazonas en 1905. Durante esta gestión se opuso al monopolio del caucho que se llevaba a cabo en la región, lo que le costó ser acusado y detenido por un tiempo. En la prisión de Ciudad Bolívar, escribió una de sus novelas más conocidas El hombre de hierro. Luego de ser liberado vuelve a Europa donde vive entre 1906 y 1908. Derrocado el régimen de Cipriano Castro, ocupó como diputado, la Secretaría de la Cámara de Diputados. No obstante, al poco tiempo comenzó a realizar severas críticas al gobierno de Juan Vicente Gómez, que produjeron su encarcelamiento en La Rotunda por un año (1909-1910) y luego enviado al destierro hasta 1936. Su exilio lo llevó a vivir en París (1910-1914), y luego en Madrid (1914-1936). En España continuó su labor como escritor, perteneciendo a este período el panfleto antigomecista Judas capitolino (1912); 2 tomos de su diario La novela de dos años (1929) y Camino de imperfección (1933); varios estudios críticos como los que aparecen en Grandes escritores de América (1917) o en El modernismo y los poetas modernistas (1929); crónicas como las que se presentan en La lámpara de Aladino, o estudios históricos como El conquistador español del siglo XVI (1921). En 1928, su nombre fue propuesto para el otorgamiento del Premio Nobel de Literatura. Durante su permanencia en el exterior, ejerció diversos cargos públicos: cónsul del Paraguay en Toulouse (1918-1925), en Lyon (1927) y en Lérida (1928-1932). Restablecida la República en España (1931), se desempeñó como gobernador de las provincias de Almería (1932) y Navarra (1933). Dos años después de la muerte de Gómez (17.12.1935) regresa a Venezuela. En 1939, siendo presidente del estado Miranda, fue incorporado como individuo de la número de la Academia Nacional de la Historia. Posteriormente, entre los años 1939 y 1941, fue ministro de Venezuela en Uruguay. Los últimos años de su vida los dedicó al estudio de la figura de Bolívar, publicando los siguientes títulos: Bolívar y la guerra a muerte, El espíritu de Bolívar y Mocedades de Bolívar. Murió cuando viajaba por Argentina, por lo que sus restos fueron repatriados y enterrados en el Cementerio General del Sur, el 8 de diciembre de 1944. El 23 de junio de 1975 sus restos fueron trasladados al Panteón Nacional de Venezuela.

Fragmentos de El hombre de hierro

Aquello no era vida. Crispín ya no podía más. Doña Felipa con sus achaques, María conun desequilibrio nervioso, a causa quizás de los temblores, y el primogénito, el recién nacido que subiste por milagro, a fuerza de cuidos, de desvelos, de azares, entre riesgos, ¡qué vida!
Las noches las pasa en claro el pobre Crispín, con su hijo enbrazos, y despertando con precauciones, con mimos, a la regañona de nodriza para que el seno al chiquitín. Este ni siquiera llora. Los pies y las manos , enormes para tan diminuto ser, se agitan en el aire, la boca hace una mueca dolorosa, y vuelta a caer en quietismo cadavérico. Cuando lo atetan, mama, chupa glotonamente, y luego echa un vómito blanco sobre manchando el babero, la camisita, los cobertores. De sus ojos fluye un pus amarillento, como si el pobrecito mirase por dos úlceras. La boca la tiene choreta; y enorme la cabeza, como una calabaza.
Crispín toma al infeliz deforme en sus brazos, lo llama querubín, arcángel, primor; le besa, las mejillas, la torcida boca, los purulentos ojos.

……///…….

En Crispín empezaba a despuntar un nuevo y desconocido sentimiento de repugnancia hacia su mujer; animadversión que él, sin embargo, no quería confesarse. Pensaba:” Si no quiere al chiquitín , es porque tampoco me quiere a mí. Y no me desviví yo siempre por ella? En el fondo es una gran injusticia la suya, sobre que no querer a un hijo es monstruoso.” Pero luego se decía: “No, no puede ser. Ella sufre. Ay esos nervios! La pobre!”

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