miércoles, 22 de junio de 2011

22-JUNIO SIR HENRY RIDDER HAGGARD


SIR HENRY RIDDER HAGGARD
Escritor

22-06-1856

Obras: Las minas del rey Salomón - Ayesha

Henry Rider Haggard (22 de junio de 1856 – 14 de mayo de 1925), escritor inglés victoriano de novelas de aventuras, iniciador del subgénero "mundo perdido".

Nació en la mansión rural Wood Farm, en Bradenham Hall, Norfolk, Inglaterra y murió en Londres. Fue el octavo de los diez hijos del matrimonio formado por Sir William Meybohm Rider Haggard, terrateniente con especial habilidad para los negocios, y Ella Doveton, amante de la literatura y ocasional poeta.
Aprendió a leer en la casa familiar de la mano de su hermana mayor y desde los diez años tuvo como tutor en Londres al reverendo H. J. Graham que lo inició en estudio de los clásicos. Ingresó en el Ipswich Grammar School (Instituto de segunda enseñanza) donde destacó por su habilidad para escribir versos latinos a la manera de Virgilio y Horacio. A los dieciséis años se presentó sin éxito a unas oposiciones para el Foreign Office.

Recomendado por su padre, se incorporó en 1875 al equipo de funcionarios de Sir Henry Bulwer, recién nombrado gobernador de Natal, colonia británica en la actual Sudáfrica. En el ejercicio de su profesión viajó por la zona tratando con diversas tribus, especialmente zulúes, por razones laborales pero también por placer, lo que le permitió conocer por sí mismo los futuros escenarios de sus novelas. La ceremonia de la danza guerrera del mamut que contempló en honor de Bulwer le inspiró el artículo Una danza guerrera zulú publicado en el Gentleman's Magazine en julio de 1877. Durante esta primera estancia en África se prometió a Mary Elizabeth "Lilly" Jackson, pero no se pudo casar con ella porque no obtuvo el permiso paterno.

En 1879 regresó a Inglaterra y un año después se casó con Louise Margitson, amiga de su hermana, con quien viajó a África ese mismo año. Haggard quería dedicarse a los negocios en la colonia pero la inestabilidad de la zona por la primera guerra bóer los obligó a regresar a Inglaterra en agosto de 1881, donde estudió derecho y empezó a ejercer la abogacía compaginándola con la publicación de artículos inspirados en sus estancias en África.
En 1882 se editó su primer libro, Cetywayo and His White Neighbours, reflejo de sus observaciones de los pueblos africanos autóctonos, que no obtuvo demasiado éxito. Dos años después publicó un libro de cuentos, Dawn, al que siguieron The Witch's Head (1885) y Las minas del rey Salomón (1885), escrito en poco más de un mes en Londres, que lo consagró definitivamente.
En 1887 ven la luz Allan Quatermain, Jess, ambas publicadas primeramente por entregas, y Ella, que con 83 millones de ejemplares vendidos es uno de los libros más populares de todos los tiempos.

En 1888, rico y consolidado como uno los escritores más famosos de su época, escribió Cleopatra después de un viaje a Egipto, La venganza de Maiwa y Mr. Meeson's Will y comenzó Beatrice y El deseo del mundo.

Incansable escritor, reflejó los problemas de la agricultura contemporánea en A Farmer's Year (1899) y en su obra de dos volúmenes Rural England (1902) fruto de dos años de investigaciones. Enviado por el gobierno inglés, viajó a Estados Unidos para informar sobre los establecimientos agrícolas e industriales instalados allí por el Ejército de Salvación.

Posteriormente formó parte de la Real comisión para la repoblación forestal y la erosión costera, lo que le permitió viajar por Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica y Canadá hasta principios de la Primera Guerra Mundial.
Fue elegido Knight Bachelor en 1912 y Knight Commander of the Order of the British Empire en 1919 y unos años antes (1895) había intentado acceder al Parlamento por el partido conservador pero no lo consiguió por 198 votos.
Tuvo un hijo Jock, cuya muerte a los diez años le provocó su única crisis creativa, y tres hijas, Angela, Dorothy y Lilias. A esta última le debemos la biografía de su padre, The Cloak That I Left, publicada en 1951.

Fragmento de Las minas del rey Salomón

" Porque me encuentro inutilizado, aquí, en Durbán, con los dolores y molestias de mi pierna izquierda. Desde que aquel león, que Dios confunda, hizo presa en ella, estoy expuesto a tales sufrimientos y es bien pesado que ahora haya de cojear más que nunca. Es preciso que los dientes del león tengan cierta especie de veneno, y si no, ¿cómo es posible que sus heridas, una vez cicatrizadas, vuelvan a abrirse, por lo general, en la misma época del año en que fuimos mordidos? Dura cosa es que después de haber matado sesenta y cinco leones, el sexagésimosexto os mastique una pierna como si fuera un alfeñique. Esto rompe la rutina de los sucesos, y, dejando aparte otras consideraciones, soy hombre demasiado metódico, dicho sea de paso, para que pueda agradarme. "

El Poder de la Palabra
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