sábado, 25 de junio de 2011

25-JUNIO SILVIO PELLICO



"Exigir a los progenitores, para respetarlos, que estén libres de defecto y que sean la perfección de la humanidad es soberbia e injusticia."
Silvio Pellico
Escritor, poeta

25-06-1789

Silvio Pellico (Saluzzo, Piamonte, 25 de junio de 1789 - Turín, 31 de enero de 1854), patriota, escritor y poeta italiano.

Pasa su niñez en Pinerolo y Turín, bajo la tutela de un sacerdote llamado Manavella. Con diez años de edad compone una tragedia inspirada en una traducción de los poemas de Ossian. Tras la boda de su hermana gemela Rosina con un primo materno en Lyon, pasa a residir en esa ciudad, dedicándose por cuatro años al estudio de la literatura Francesa. Vuelve en 1810 a Milán, donde trabaja como profesor de Francés en el Collegio degli Orfani Militari.

Alí conoce a Vincenzo Monti y Ugo Foscolo, y comienza a escribir a principios de 1812, especialmente para el teatro, creando tragedias formalmente contra los clásicos, pero más románticas desde el punto de vista del contenido. Escribe dos tragedias en verso, "Laodamia" y "Francesca da Rimini" y poco después "Eufemio di Messina". En 1814 es maestro en la casa del conde L. Porro-Lambertenghi. Tiene relación con personajes de la cultura extranjera como Madame de Stael y Friedrich von Schlegel e italiana como Federico Confalonieri, Cesare Romagnosi y Giovanni Berchet. En este círculo se cultivan ideas de tendencia liberal y de revuelta para conseguir la independencia nacional: en este clima de 1818 funda la revista Il Conciliatore.

Pellico y gran parte de sus amigos forman parte de la sociedad secreta de la Carbonería y pueden considerarse "Federales"; ese es el motivo por el que en 1820 la policía austríaca detiene a Pellico, Piero Maroncelli y otros miembros y los conducen a la prisión de Santa Margherita. Es trasladado a Venecia en Febrero de 1821, donde compone varios Cantiche y las tragedias Ester d'Engaddi e Iginici d'Asti.

Es condenado a muerte en Febrero de 1822, aunque la pena es conmutada por cuarenta años de dura prisión, y el siguiente Abril es encerrado en Špilberk, Brünn (hoy Brno).

La dura experiencia carcelaria concluye en 1830 por un indulto imperial y su repatriación, y constituye el tema de la obra autobiográfica "Le mie prigioni", obra que alcanza gran popularidad. Se dice que esta obra causó más daño a Austria que una batalla perdida.

Pellico publica sucesivamente las tragedias : "Gismonda da Mendrisio", "Leoniero", "Erodiade", "Tommaso Moro" y "Corradino", el libro moral "I doveri degli uomini" y "Cantiche" de género romántico.

Debido a problemas familiares y físicos interrumpe su producción literaria en el último año de su vida y trabaja como secretario de la casa de la Marquesa de Barolo. Muere en 1854, y es enterrado en el Camposanto de Turín.

Aunque muchos consideran mediocre sus tragedias, Le mie prigioni con su directa simpleza narrativa, le hace ganar fama internacional.

Fragmento de Mis prisiones

La incomodidad de la cadena al pie, que no me dejaba dormir, contribuía a arruinar mi salud. Schiller [*] quería que yo reclamase y pretendía que el médico debía ordenar que me la quitaran.

Al principio no le hice caso; luego cedí a su consejo, y dije al médico que, para poder conciliar el sueño, le suplicaba hacerme desencadenar, siquiera por algunos días. Contestó el médico que mi fiebre no era tanta que pudiera matarme y que era necesario que me acostumbrase a los hierros.

La respuesta me indignó, y sentí rabia de haberme rebajado a suplicar aquella gracia.

-He aquí lo que he ganado en ceder a su insistencia- le reproché a Schiller.
Se lo dije en tono tan áspero, que el rudo hombre se ofendió.

-A usted le duele haberse expuesto a una negativa y a mí me duele que usted se ensoberbezca conmigo.

En seguida me espetó un largo sermón:
-Los soberbios hacen consistir su grandeza en no exponerse a un desaire, en no aceptar ofertas, en avergonzarse de mil pequeñeces. ¡Todo asnadas! ¡Vana grandeza! ¡Ignorancia de la verdadera dignidad! ¡La verdadera dignidad consiste en gran parte en avergonzarse de las malas acciones!
Esto dijo, y fuese haciendo un ruido infernal con las llaves. Me quedé aturdido.
-Esta ruda franqueza me agrada -me dije-, me agrada. Sale del corazón, como sus obsequios, como sus consejos, como su compasión. ¿No me dijo la verdad? ¡A cuánta debilidad doy yo el nombre de dignidad, cuando no es otra cosa que soberbia!

A la hora de la comida, Schiller dejó que el presidiario Kunda me trajera los platos y el agua y se quedó en la puerta. Le llamé.
-No tengo tiempo -contestó secamente.
Me levanté, fui a él y le dije:
-Si quiere que la comida me haga provecho, no me ponga esa cara de enojo.
-Y qué cara he de poner? -preguntó serenándose.
-De hombre alegre, de amigo -repuse.
-¡Bien, viva la alegría! -exclamó-. Y si, para que la comida le haga provecho, quiere también verme bailar, lo haré.
Y púsose a dar zancadas con sus flacas y largas pértigas tan alegremente que solté la carcajada. Yo reía, pero tenía el corazón conmovido.

[* En la cárcel austríaca, a Pellico le tocó como carcelero un anciano rudo y de buen corazón, llamado Schiller, que hacía lo posible por aliviarle la vida sin faltar a sus deberes. Téngase en cuenta que Pellico, con toda su "filosofía" y sus ideas "democráticas" vivía en un tiempo donde las cuestiones de honor y las condiciones de señores/siervos pesaban... El mismo cuenta que apenas llegado a su celda, y viendo que su nuevo carcelero quería dar la impresión de buena persona, "lo probó" ordenándole, prácticamente, que le diera de beber, como si fuera su criado. El viejo Schiller se tragó la humillación y obedeció; enseguida Pellico se arrepiente de su soberbia. Lo relatado, transcurre años después].

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